Sonido Fulgor

jueves, 4 de febrero de 2010

Entrevista a Carl Jung (1 parte)




Entrevista a Carl Jung
de Miguel Serrano

...Le vi cuando descendía la escalera, pausadamente. Era alto, un poco cargado de hombros. Su pelo, blanco; delgado en esos años, creo que traía una pipa en la mano. Me saludó afablemente, invitándome a sentarnos en un rincón, junto a una balaustrada, donde quedábamos completamente aislados.
- ¿Viene de la India? -me preguntó en inglés-. Estuve allí hace tiempo; trataba de convencer a los hindúes de la imposibilidad de anular completamente el yo, la conciencia, en el "samadhi" profundo. En Bengala, en la Universidad de Calcuta, sostuve discusiones con profesores y doctos brahmanes sobre el mismo asunto, pero no entendían. Trataba yo de explicarles que si Ramakrishna, por ejemplo, hubiese anulado completamente la conciencia en sus profundos éxtasis, ya no habría existido allí nadie para experimentarlos, conocerlos y aun gozarlos; nadie habría sabido de ellos, nada habría podido recordarlos.
(...)
- El Inconsciente significa la no conciencia. Nadie se puede sumir allí totalmente, mientras vive, ni recordarlo luego, como lo pretenden los hindúes. Para recordar se necesita un espectador, el yo, la conciencia. Discutí esto con el "Gurú" del Maharjá de Mysore...

- El hindú trata de anular el yo, para no retornar más aquí, a la rueda del samsara, teme a la eternidad como a un insomnio, desea fundirse en el todo. Pero no siempre fue así y hubo también quienes aspiraron a lo contrario, los Siddhas. Tengo entendido que usted desea establecer un diálogo entre el yo y aquello que lo trasciende, proyectar la luz de la conciencia más y más en lo Inconciente... Ahora bien, usted habla del Inconsciente Colectivo; por ley de polaridad debería existir un Consciente Colectivo y puede que hasta un Superconsciente. ¿No será a esto a lo que se refiere el hindú y a lo que aspira a remontarse en los Samadhis y, en especial, en los kaivalyas? Para alcanzar la Superconsciencia habría que anular la pequeña conciencia racional, de todos los días... Podría haber un malentendido en torno a lo que el hindú quiere significar cuando habla de anular el yo, la conciencia.

- Puede ser -dice Jung- y ello se debe siempre a la debilidad expositiva del hindú, que no piensa ni expone racionalmente, sino en prédica, en parábola. No se interesa por definir, por impresionar a la razón de su interlocutor. Es esta una condición intrínseca del Oriente en general... en cuanto a la hipótesis de una Superconsciencia, se halla en el plano de la Metafísica, queda fuera de mi campo. Yo intento avanzar sobre hechos y experiencias. Allí, en el Inconsciente, no he encontrado un centro estable, definitivo; no lo he hallado hasta ahora, ni creo que exista tampoco... Eso que yo llamo el Sí-Mismo es un centro ideal, equidistante entre el yo y lo inconsciente, equivaliendo pudiera ser, a la expresión máxima y natural de una individualidad, a su cumplimiento o complementación, a su totalidad. La naturaleza aspira a expresarse, agotando sus posibilidades. El hombre, igual. El Sí-Mismo es esa posibilidad de complementación, de totalidad. Por consiguiente, es un centro ideal, una creación, un sueño de la naturaleza. Los hindúes son sabios en esta materia. El Purusha de los filósofos Sankhyas es el Sí-Mismo. También el Atman puede asimilársele. Y la definición que de él dan los hindúes le cuadra. Por cierto que su definición es parabólica. ¿Conoce usted la historia del discípulo que fue a visitar a su Maestro para preguntarle qué era el Atman? El Maestro le respondió:
- Es todo.
El discípulo insistió.
- ¿Es entonces el elefante del Maharajá?
- Sí -dijo el Maestro-; el Atman eres tú, pero también lo es el elefante del Maharajá.
El discípulo partió muy contento. En su camino se encontró con el elefante del Maharajá. No se apartó de su ruta, pensando: "Si yo soy el Atman y el elefante también lo es, me reconocerá". Aun cuando el conductor del elefante le gritó para que se apartase, él no lo hizo y el elefante le dio un golpe con su trompa arrojándole a varios metros de distancia. Todo magullado fue a presentarse al día siguiente a su Maestro para decirle:
- Tú me afirmaste que el elefante y yo éramos el Atman, y mira lo que me ha hecho.
El Maestro, sin perder la calma, le preguntó:
- ¿Y qué te dijo el conductor del elefante?
- Que me hiciera a un lado -respondió el discípulo.
- Debiste hacerle caso -dijo el Maestro-, pues el guía del elefante también es el Atman.
¡Ah!, los hindúes tienen respuesta para todo. ¡Saben mucho!
Y Jung ríe de buena gana, alegremente.
- Viven en los símbolos -digo-; están penetrados, compenetrados con ellos, pero no los interpretan ni les gusta que alguien lo haga, pues sería como destruirlos... Usted interpreta los símbolos... No me llama la atención por ello que no sea más ampliamente conocido y discutido en la India, a pesar de lo mucho que usted le ha dedicado a su cultura y al Oriente en general... En mi país (Chile) usted es bien conocido y muy leído.
- Lo sé, constantemente recibo comunicaciones de Chile y otros países de América Latina, lo cual me sorprende, ya que mi labor, mis obras y mi esfuerzo han estado más bien dirigidos a mí mismo; son huellas dejadas en el proceso íntimo de una individuación, aun cuando se vinculen con eslabones herméticos del pasado y del futuro; pero no estando destinados a la popularidad ni al éxito de masas, me asusta el éxito que de pronto he llegado a tener aquí y allá. Me temo que esto no es bueno. El trabajo esencial se cumple en el silencio y fructifica en las mentes de unos pocos. Hay una sentencia china que dice: "Si un hombre solo y sentado en su cuarto piensa los rectos pensamientos, estos serán escuchados a mil millas de distancia...". Sí, la India es extraordinariamente interesante y usted deberá vivir esa experiencia rectamente, intensamente, hasta que llegue la hora... Yo también deseé conformarme con ese universo, como producto del Occidente que soy, para poner a prueba nuestros caminos y dar vida dentro de mí a aquellas zonas que corresponden a las experimentadas por los hindúes. Por eso viajé a la India en 1938. Voy a tratar de explicarle cómo veo a ese país, y usted me corregirá luego. Un indio, en tanto que es indio, no piensa; por lo menos en la forma como nosotros entendemos el pensar. Él, más bien, percibe al pensamiento. El indio se asemeja a los primitivos, en este sentido. No digo que sea primitivo, pero sí que el proceso de su pensamiento me recuerda las formas primitivas de producir pensamientos. El razonar primitivo es en esencia una función inconsciente y percibe sólo sus resultados. Deberíamos esperar esta peculiaridad en una civilización que ha gozado de una casi ininterrumpida continuidad desde las edades primitivas. Nuestra evolución natural fue cortada repentinamente en su nivel primitivo por la invasión de una psicología y de una espiritualidad procedentes de un más alto nivel de civilización. Fuimos interrumpidos en el comienzo de un politeísmo bárbaro todavía, cortado de raíz o suprimido en el curso de los siglos, no hace mucho tiempo. Supongo que este hecho ha producido una particular desviación de la mente occidental. Nuestra existencia se transformó en algo que aún no ha sido cumplido y que no podrá serlo totalmente. Se produjo así en el hombre occidental una disociación entre la parte consciente e inconsciente de su mentalidad. Se logró, sin duda, liberar a la conciencia del fardo de la irracionalidad y de los impulsos instintivos a expensas de la individualidad total. El hombre se dividió entre la personalidad consciente y la inconsciente. La personalidad consciente pudo ser domesticada porque se la separó del hombre primitivo. Así nosotros llegamos a ser altamente disciplinados, organizados y unilateralmente racionales, pero el otro lado permaneció suprimido, excluyéndose al primitivo de la educación y la civilización. Esto explica nuestras recaídas en las más espantosas barbaries y esto también explica el hecho, asimismo terrible, de que mientras más alto escalamos la montañas de las conquistas científicas y tecnológicas, más peligroso y diabólico es el mal uso que hacemos de nuestras invenciones y desarrollos... Pero esta no es la única forma en que el hombre puede llegar a ser civilizado; no es la forma ideal, en todo caso. Uno podría pensar en otra posibilidad más satisfactoria. En lugar de diferenciar exclusivamente una parte del hombre, podríamos intentar diferenciar al hombre total. Podríamos impedir esa fatal disociación entre una mitad alta y una mitad baja, uniendo al hombre consciente con el peso terrestre de su esfera primitiva.
(...)
- Me parece que nosotros, no pensamos con el centro racional, sino con otro, el cual tendremos tendremos que descubrir par allegar algún día a ser nosotros mismos. ¿Dónde se ubica ese centro? Deberíamos tomar en cuenta quizá la hipótesis de los chakras, esos centros psíquicos del yoga.
- Efectivamente -dice Jung-. Recuerdo una conversación con el cacique de los pueblos indígenas, Ochwián Biano, o Lago de la Montaña. Me explicaba su impresión de los blancos, siempre agitados, siempre buscando algo, aspirando a algo. En sus rostros, surcados por arrugas, reflejábase la eterna inquietud. Según Ochwián Biano, los blancos estaban locos, pues afirmaban pensar con la cabeza y sólo los locos lo hacen así. Esta afirmación del jefe pueblo me produjo gran sorpresa y le pregunté con qué pensaba él. Me sorprendió que con el corazón. Tal como los antiguos griegos.
- Es extraordinario -confirmé- También los japoneses ubican el centro de la persona en el plexo solar. Pero ¿cree usted que los occidentales piensan con la cabeza?
- No. Piensan con el centro de la garganta. Con la palabra, la palabra que hoy ha venido a reemplazar al Logos.
- ¡Ah!, si nosotros pudiésemos alcanzar hasta el hombre total... ¿Qué es el Sí-Mismo, doctor Jung, qué es esa totalidad, ese centro ideal de la persona?
- El Sí-Mismo es un círculo cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna -dice, recitando la sentencia en latín- ¿Y sabe usted qué es el Sí-Mismo para el hombre occidental? Es Cristo. Cristo es el Arquetipo del Héroe, la aspiración suprema. ¡Ah, todo esto es misterioso, y a veces hasta asusta!

*

1 comentario:

  1. recuerdo cuando lei esta entrevista en la facultad. Rayamos con lo del circulo hermético. Hay un ensayo sobre Jünger por el blog si te interesa uno de sus paisanos. aunque no hay que buscarlo para encontrarlo.

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