domingo 11 de marzo de 2012

Los cuerpos-árbol de Sandra Pani



Germán Gómez Haro

Conocí el trabajo de Sandra Pani en 1993, en una de sus primeras exposiciones titulada Subsistir, en el Museo del Chopo. En esa ocasión llamó mi atención el hecho de que una pintora tan joven centrara su creación en el oficio de la pintura-pintura, cuando la mayor parte de los artistas de su generación mostraba una actitud de rechazo ante las artes “tradicionales” y el neoconceptualismo dominaba la escena del fin del siglo XX. Sandra Pani ha sido fiel a la pintura y al dibujo como medios idóneos para plasmar sus obsesiones que, desde sus inicios, han estado ligadas al estudio de la anatomía humana y el mundo vegetal. Recuerdo que en esa exposición Sandra presentaba unos cuerpos de volúmenes sólidos que evocaban el universo telúrico de las diosas primigenias relacionadas con la fertilidad. Esa recia corporeidad que la artista imprimió a sus figuras tempranas con el tiempo se fue desvaneciendo sigilosamente, hasta dar lugar a siluetas y formas evanescentes que apenas se vislumbran entre las delicadas capas de pintura que cubren sus lienzos en los que predominan las tonalidades blanquecinas. Sandra ha alcanzado un lenguaje casi minimalista que le permite moverse libremente entre la figuración y la abstracción, y sus cuerpos simbólicos trasminan un poder numinoso que atrae y seduce.

Cuerpo–4

De–4
Actualmente se presenta en la galería Andrea Pozzo de la Universidad Iberoamericana (campusSanta Fe) la exposición De ser árbolque reúne una serie de treinta y seis dibujos sobre papel de gran formato (300×110 cm) iniciada en 2007, parte de la cual se mostró en el pasado Festival Cervantino. Esta galería universitaria es un espacio majestuoso que dio pie a una museografía espectacular, en la que los dibujos se presentan suspendidos del plafón y distribuidos a lo largo y ancho del recinto, incitando al espectador a hacer un recorrido entre las piezas como si se tratara de un bosque arbolado. Y la analogía no es gratuita: el tema de esta serie de dibujos es la interrelación y correspondencia simbólicas entre la figura humana y los árboles, un diálogo plástico, conceptual y filosófico que apasiona a la autora, y que la ha llevado por los vericuetos de la investigación en temas de anatomía y botánica, tomando como inspiración el trabajo del ilustre naturalista sueco del sigloXVIII, Carlos Linneo, autor del compendio titulado Systema naturae. Así lo plantea la pintora:  “Esta serie de dibujos fue emergiendo de una profunda experiencia personal de la interrelación entre mi mundo interno y el mundo externo, entre lo simbólico y lo concreto. La experiencia de las similitudes –en la esencia– entre lo que experimentamos como cuerpo y árbol, a nivel concreto, y la realidad psíquica de ‘cuerpo– y ‘árbol–, a nivel de su representación simbólica, fue la semilla que dio fruto a esta colección de dibujos.” Se presenta también un video muy interesante en el que se registra el proceso de realización de estas piezas, en el que vemos a la autora recostada sobre la superficie de un papel de 3 m de largo, esbozando libremente su silueta con lápiz o carboncillo a manera de huella simbólica que marca el punto de partida en la ejecución del dibujo. Quizás el trazo inicial de su propia figura le permita percibir los limites de su yo para unir la percepción de su cuerpo al universo en la creación de estos árboles-cuerpo representados en un sinfín de variaciones. La creación de esta serie de dibujos se complementa con la partitura realizada ex profeso y en íntima colaboración con el músico Mario Lavista, su compañero desde hace once años, quien se aventuró a desarrollar esta sutilísima música atmosférica que ofrece una correspondencia directa con la obra plástica en cuanto a su expresión de recogimiento y ensimismamiento.
En meses pasados Pani participó en un proyecto en el Centro de las Artes de San Agustín Etla (CASA) con bordadoras indígenas de Oaxaca en la elaboración de unos lienzos de algodón teñidos con tintes naturales, en los que las artesanas “tradujeron” los dibujos a lápiz de la pintora en finísimas puntadas bordadas siguiendo su tradición milenaria. Estas piezas se exhibieron en la exposiciónarte/sano entre artistas 2.0 en el Museo de Arte Popular. También está realizando una serie de dibujos pequeños que dialogan con objetos encontrados en la naturaleza, como semillas, nidos o ramas, contenidos en cajas de acrílico que conforman un políptico, y este trabajo se muestra actualmente en el recién inaugurado Museo de la Cancillería (República del Salvador 47, Centro Histórico). La aparente fragilidad de sus obras no es más que el reflejo de su búsqueda ontológica: la evanescencia para alcanzar la esencia.

La Jornada Semanal

viernes 9 de marzo de 2012

De la casa Fulgor

La tercera cadena (de televisión abierta en México)

 El principio de que la competencia es buena para el consumidor puede dañar al consumidor, cuando se invoca ciegamente. El principio es válido si todos los competidores ofrecen lo mismo, y la diferencia está en el precio. Pero la realidad no es tan simple.

Si el mercado es perfecto, es decir: si todos los compradores y vendedores están igualmente informados; y no hay barreras para entrar ni salir; y la entrada o salida de ningún participante afecta los precios (nadie puede imponer los precios que le convengan); y el acceso a la tecnología es igual para todos; el mercado encuentra el precio de equilibrio (el más bajo para comprar y el más alto para vender) automáticamente: sin necesidad de que intervenga el Estado o cualquier otro regulador.

Suponer esto simplifica las demostraciones teóricas, pero no corresponde a las realidades prácticas. Para que la descripción se aproxime a la realidad, hay que modificar las teorías o modificar la realidad. Las matemáticas del mercado teórico empezaron en el siglo XIX, pero no avanzaron mucho. Prácticamente se abandonaron, cuando aparecieron las computadoras que permiten transformar los censos económicos en grandes tablas descriptivas de la economía censada (las llamadas tablas de insumo-producto). La econometría empírica desplazó a la teórica. En cuanto a modificar la realidad para que se parezca más al pizarrón, no deja de ser paradójico: intervenir para que el mercado funcione sin intervención...

El mercado nació precisamente como intervención. Nació para superar la ley de la selva. La tradición que permitió pasar (en muchos casos) de la guerra y el despojo a un intercambio de regalos entre tribus viene de la prehistoria. De esa reciprocidad ritual, que transformó la hostilidad en amistad, nació también la práctica del trueque y después la moneda y el mercado.

El mercado es una institución: la mejor solución para infinitas cosas (no para todas), dentro de un marco regulador establecido, primero por la costumbre y luego por el Estado. Otra cosa es que muchas intervenciones sean absurdas, innecesarias, destructivas o abusivas.

Cuando se habla de una tercera cadena de televisión abierta (no de paga), se apela ciegamente al principio de que aumentar la competencia es bueno para los televidentes. Así se ignora la cuestión central: el precio. La tercera cadena no puede bajar el precio a los televidentes porque siempre ha sido cero. Lo que bajaría es el precio para los anunciantes. Y ¿qué ganarían con eso los televidentes? Nada. Por el contrario, si los anuncios fueran más baratos, las televisoras tratarían de recuperarse metiendo más anuncios, a costa de los televidentes. Las interrupciones para comerciales aumentarían. Además, bajaría la calidad de la programación.

Cuando la segunda cadena entró a competir con la única empresa que había, muchos dijeron que el competidor estaba loco; que de dónde iba a conseguir anuncios y programas al precio necesario para sacar los gastos. Los contenidos propios son costosos de producir, y los proveedores internacionales, ¿qué le ofrecerían? Las sobras: lo que la empresa dominante no quisiera comprar. Pero sin programas atractivos, habría pocos televidentes y pocos anunciantes.

No es verdad que la programación más taquillera sea necesariamente chafa. Pero si bajar el precio es imposible (porque es cero) y es de vida o muerte tener más televidentes para tener anunciantes, pierde importancia que la programación sea chafa, mientras sea taquillera. La televisión mexicana empeoró cuando entró la segunda cadena y empezó la competencia. Va a empeorar más, si entra una tercera.

Esta degradación no le conviene al país. La tercera cadena que hace falta es una que ofrezca mejores contenidos, aunque no sean muy taquilleros; una especie de BBC o PBS y otras cadenas semejantes. Lo malo de estos ejemplos es que son de países donde el servicio público tiene una tradición menos mala que la nuestra. El apetito de los políticos mexicanos (inclusive rectores universitarios) por las cámaras y el micrófono es insaciable. Se ha visto en el escandaloso ejemplo de los funcionarios que otorgan recursos y concesiones a las televisoras para que les construyan una imagen de presidenciables. Y hasta en el mínimo ejemplo de Radio Universidad, puesta al servicio del narcisismo institucional con interrupciones larguísimas y autoelogios lamentables.

No hay que suprimir el sector público cultural. Por el contrario, necesita un presupuesto mayor. Pero hace falta más iniciativa privada. Hay antecedentes, desgraciadamente desaparecidos: la Estación de la Buena Música (XELA) y el Canal 9 de Televisa. La XELA existió mientras hubo patrocinadores dispuestos a sostenerla. El Canal 9 existió mientras Televisa temió que el gobierno le quitara un canal. Si el gobierno quería quitárselo, arguyendo que hacía falta una programación de nivel superior, no podía quedarse con el Canal 2 y sus utilidades: tenía que quedarse con el 9 y sus pérdidas. Desaparecido el peligro, el 9 dejó de ser cultural.

Hace falta más televisión cultural patrocinada por la iniciativa privada, aunque se limite (para reducir los costos) a los contenidos disponibles en la oferta internacional: películas concursantes en los festivales, buen cine que ya no se exhibe, documentales de todo tipo. Limitándose a escoger bien y subtitular, este enriquecimiento cultural no tendría un costo excesivo. La licitación de la cadena debería estipular la finalidad cultural, y los grandes empresarios deberían aprovechar la oportunidad de legitimarse con un buen servicio público. Todavía se habla de los Medici, y no por los grandes negocios que hicieron, que ya nadie recuerda, sino por la cultura que patrocinaron.

Otra cosa es impedir los abusos del duopolio televisivo. Pero esto no se logra aumentando a tres el número de los abusivos. Para enfrentar los abusos, no hace falta una tercera cadena, sino un buen número de autoridades dispuestas a poner el interés público por encima de su interés personal. Y muchos ciudadanos dispuestos a llamar a cuentas a las autoridades que no vean por el interés público.

Gabriel Zaid, Letras Libres, 27 de febrero 2012
 

García Márquez rompe un libro


Pues ahí tienes que en 1976 era yo un chamaco y más o menos trabajaba para la Revista de la Universidad de México que más o menos dirigía un cuate que se llamaba Antonio Millán y ahí andaba yo galereando y haciendo notitas y todo eso con mi cuate Armando Pereira y un día nuestro jefe Diego Valadez habló y nos dijo que había que ir a entrevistar a García Márquez que acababa de publicar El otoño del patriarca y nos preparamos muy bien y fuimos
Vivía en un departamento por la colonia del Valle muy agradable y ahí estaba esperándonos y dijo nada de grabadoras esas vainas están acabando con el periodismo y nos dio papel y plumas y era tan evidente que temblábamos que nos dijo ya ya echen a andar su vaina y ya
Esa entrevista se llamó “García Márquez en México” que era un título bobo que puso el director Antonio Millán y salió en la susodicha revista en el número 6 del volumen XXX correspondiente a febrero de 1976 
Fue muy amable García Márquez y paciente y su esposa tan linda Mercedes nos dio cafecito que yo no bebía pero no dije nada por pura pena y me lo tomé y aumentó la taquicardia porque era muy raro estar frente a García Márquez no tengo a la mano la entrevista y en internet sólo hay dos párrafos cuando le preguntamos sobre su llegada a a México y dijo
–Recuerdo sobre todo lo difícil que era conseguir los pesos. Tuve que trabajar mucho, en muchas cosas. Yo llegué a México en 1961, a la estación de Buenavista, con Mercedes y con Rodrigo, que tenía un año de edad, y 20 dólares. 


Pero muchos amigos en el directorio ... 
[nótese la agudeza periodística]
–Muy pocos, uno o dos, pero rápidamente los tuve y he dicho, y lo vuelvo a decir, que México es uno de los pocos países del mundo a donde me atrevería a llegar solamente con una ficha de teléfono para empezar otra vez desde el principio, siempre y cuando no me equivocara de número.
Ya luego se habló de la novela y de la historia y de La Novela y de La Historia y América Latina y el Autoritarismo y todo eso y hasta ensayamos un par de críticas porque Pereira y yo éramos medio marxistas y de pronto entró la señora Mercedes y dijo Gabo ¿ya terminaste con esa novela? y García Márquez dijo que No no he terminado y ella dijo Nunca la vas a acabar voy a ir a comprar otro ejemplar y entonces García Márquez tomó la tal novela que tenía ahí junto en el sillón y rompió el libro en la página en que iba y Mercedes dijo Gabo ¿pero qué haces? y García Márquez le dijo Pues dándote la novela y le dió la parte del libro que ya había leído y ella dijo Pero cómo seras loco y cogió su mitad de libro y se fue y nosotros seguimos la entrevista y ya se hizo tarde y nos fuimos y por ahí debe de andar el casette porque en ese tiempo se usaban unos que se llamaban casettes en una de esas Pereira sí se acuerda qué novela fue la que rompió 

Guillermo Sheridan,  Letras Libres

Barefoot college

miércoles 29 de febrero de 2012

1966 - The Doors





Grabado en Agosto de 1966, 
este es el debut discográfico de una banda que ya venía consolidándose tocando en vivo desde 1965.

Su nombre lo toman tanto del título del clásico de Aldous Huxley: The Doors of Perception,
 como de la cita de William Blake a la que hace referencia dicho libro:

"If the doors of perception were cleansed every thing would appear to man as it is, infinite".








martes 28 de febrero de 2012

POR UNA ESTÉTICA CITACIONISTA

POR UNA ESTÉTICA CITACIONISTA - Cristina Rivera Garza Visto en No hay tal lugar [en La Mano Oblicua, columna de los martes del periódico mexicano Milenio, sección de cultura]

 Un fantasma recorre el mundo de la escritura en español: es el fantasma del plagio. Lo esgrimieron, en alguna de sus formas, los que preocupados por la propiedad y el prestigio lograron retirar de circulación el Remake de Fernández Mallo. Lo blandieron aquellos que, luego de mostrar evidencias encontradas en artículos periodísticos, obligaron a la renuncia de Sealtiel Alatriste, un alto funcionario de la UNAM. Estuvo ahí, como figura amenazante, en la demanda que se inició contra Pablo Katchadjian y su El Aleph engordado. Los casos, se nota, son distintos. Una cosa es, en efecto, utilizar el texto de otros para cuestionar el texto mismo y las nociones imperantes de autoridad y propiedad; y otra cosa distinta es utilizar el texto de otros para refrendar nociones imperantes de autoridad y propiedad. Pero a ojos del plagio, es decir, a ojos de quienes empuñan esta figura para mantener el estado de las cosas, el plagio es ahistórico, transparente, y siempre igual a sí mismo. Nada más lejos de la verdad.

El que esta discusión se haya desatado en tantos frentes al mismo tiempo sólo es indicación de que el contexto digital en que vivimos —uno que hace del uso del copy-paste un ejercicio cotidiano— modifica, y esto a niveles tanto estéticos como políticos, el significado de este concepto e, incluso, su práctica. Este es un artículo estrictamente literario sobre una de las estrategias de escritura más polémicas y abundantes en la era digital: la apropiación de textos que bien puede manifestarse a través del reciclaje, la copia, la recontextualización, y el dialogismo inter o transtextual, entre otros. Tal como lo ha señalado la prominente crítica norteamericana Marjorie Perloff, una de las repercusiones casi inmediatas del contacto entre escritura y tecnología digital ha sido la proliferación de textos que privilegian el diálogo, ya sea con textos anteriores o con textos producidos en otros medios, a través de procesos que podrían denominarse como de escrituras atravesadas —todos ellos métodos que le permiten al escritor establecer una participación mayor en la producción y, en su caso, la subversión del discurso público. No es extraño que formas de escritura que se configuraron gracias a citas textuales, ya sea documentadas o no—en el corpus literario de la lengua inglesa basta con mencionar La tierra baldía, de T.S. Elliot, por ejemplo, o los multilingües Cantos, de Ezra Pound, o, en alemán, aunque para ser precisos en realidad en varias lenguas, la monumental obra de Walter Benjamin en sus Pasajes--sean releídas ahora como precursoras de estrategias textuales que, por fin, han encontrado su momento de realización, cuando no de culminación, en la tecnología de la que disponen los escritores del nuevo siglo. A estas estrategias, cuyos orígenes históricos podrían también rastrearse tanto en el concretismo de mediados del siglo XX como en las poéticas oulipianas fundadas en Paris alrededor de la década de los 60s, Perloff las ha organizado bajo el concepto de estética citacionista. Se trata, pues, de un corpus de trabajo fundamentalmente dialógico que cuenta, además, con una enorme capacidad para moverse —para mutar, dirían algunos— entre distintos soportes o plataformas, y que insiste, luego entonces, en la práctica incesante de la re-escritura. Un texto citacionista nunca, luego entonces, es original. Es más: un texto citacionista descree, fundamental y radicalmente, del concepto de originalidad.

La invención, esa ilusión tan entrañable para el creador del XIX, ha dado lugar así a la apropiación textual como la marca misma de la revolución digital de nuestros días. Muchos han reaccionado con suspicacia, cuando no abierto rechazo, ante este nuevo estado de las cosas. Algunos han optado por hacer como si nada estuviera pasando y denostan, como denigrante y denigrada, a toda forma de escritura digital. Otros, viendo amenazado el otrora sacrosanto concepto de propiedad autorial, temen por los efectos económicos y legales que representa esta embestida de los bárbaros. Existen incluso los que, temiendo por el destino de sus regalías, han anunciado que se niegan a escribir más. Pero muchos también han reaccionado con gran entusiasmo, con algo que se parece mucho a un cierto gozo crítico ante las posibilidades de escritura que apenas se empiezan a vislumbrar. De entre todos, tal vez sean los conceptualistas norteamericanos y los mutantes españoles los que han producido las primeras obras abiertamente citacionstas de nuestra época. Ahí está, por ejemplo, la obra completa de Kenneth Goldsmith, cuyo bagaje teórico y didáctico queda brillantemente establecido en su reciente Uncreative Writing. Managing Language in the Digital Era. Este autor, que ha copiado literalmente un número entero del New York Times (en su libro Day), o que ha transcrito también de manera literal los mensajes de tránsito que se captan por la onda corta (en su libro Traffic), y que regularmente da clases sobre los beneficios literarios del plagio en la Universidad de Pennsylvania, fue invitado, por cierto, a la Casa Blanca junto con otros poetas connotados no hace tanto. [Para el lector interesado: en el TL de @roman_lujan encontrarán un buen número de pdf de libros fundamentales en esta tradición, y los pueden bajar gratis]. 

 Los citacionstas de habla hispana, sin embargo, no reciben invitaciones a su equivalente local de la Casa Blanca. Da mucho en qué pensar —y habrá que pensarlo muy bien— que aquellos que empiezan a practicar ciertas formas de esta estética abiertamente y desde perspectivas críticas, como una posición específica respecto a la relación entre autor, lector y texto, sean “castigados” con el secuestro de sus libros con base en argumentos económicos y/o legales, cuando no moralistas, en los que el fantasma del plagio juega un papel fundamental. En efecto, mucho de lo que se argumentó para retirar de circulación el Remake de Agustín Fernández Mallo o para organizar la demanda contra El Alpeh engordado, de Pablo Katchadjian, está enraizado en nociones de originalidad y autenticidad que poco tienen que ver con cuestiones literarias y sí, mucho, con ideas verticales de autor y autoridad, así como con estratagemas de ganancia ya sea monetaria o de prestigio. Bajo los reclamos de plagio, que algunos utilizan como si se tratara de un concepto transparente o tautológico o, peor, ahistórico, se esconde la voraz figura de la propiedad privada y su circuito de poder policíaco. Sería verdaderamente poco afortunado que esta poderosa reacción conservadora contra las alternativas de producción textual que las tecnologías digitales han traído a la escritura retrasara innecesariamente el proceso de búsqueda de las escritoras del XXI. Y digo retrasar porque estas obras citacionstas son, sin duda, únicamente las primeras de una larga e ineludible lista de trabajos que resultarán de la interacción cada vez más estrecha entre los autores y las cambiantes tecnologías digitales de los años venideros —el exceso textual y el copy-paste incluidos. Seguramente los DJ de hoy miran con una risita socarrona lo que los escritores finalmente se decidieron a enfrentar como propio y como cierto en su campo de acción. Acaso los artistas visuales bostezan con los dilemas de un gremio que, hasta no hace mucho, poco había tenido que decidir respecto a asuntos de tecnología y autoridad. Seguramente habrá muchas más acusaciones de “plagio” en los años por venir. Poco a poco habremos de aceptar, sin embargo, que lejos de ser transparente, su definición misma configura, al menos en términos estrictamente literarios, el campo de contestación y producción del que han emergido algunos de los libros más interesantes, divertidos, irreverentes, y verdaderamente contemporáneos de lo que llevamos de siglo.

Pedazo de revista


domingo 26 de febrero de 2012

Entrevista con Michel Hazanavicius


¿Cómo se tira adelante hoy en día una película muda y en blanco y negro?
Lo difícil fue encontrar el dinero, hacerla fue fácil porque, cuando crees en algo, estás preparado para hacer frente a todas las dificultades. Pero tuve la suerte de conocer a un productor, Thomas Langmann, que estaba lo bastante loco como para meterse. Yo no quería hacer una película experimental, sino para el público. Pero es cierto que necesitaba a un productor fuerte que pudiera conseguir financiación sin contar con las televisiones, porque las cadenas no ponen dinero en películas en blanco y negro, y menos aún si son mudas.

¿Era The Artist una película acariciada desde hace años?
Sí, y durante mucho tiempo la gente pensó que era el proyecto de un lunático. Pero tuve la suerte de hacer dos comedias con mucho éxito en Francia, OSS 117: El Cairo, nido de espías (2006) y OSS 117: Perdido en Río(2009). Cuando enlazas dos éxitos la gente no te escucha igual que si no consigues ninguno. Así que empezaron a escucharme y les dije que quería hacer algo distinto. Aquellos films eran irónicos, satíricos, un poco políticos, y en The Artist quería prescindir de esas cosas. No es una comedia pura, la base es el melodrama.

The Artist cuenta una historia de amor y, al tiempo, es un gesto de amor al cine.
Sí, cuando estábamos en pleno rodaje, Jean Dujardin decía que se respiraba amor en el set (risas). Y esa era la idea. Mi mujer, Bérénice Bejo, es la actriz principal y la quiero. Jean es mi amigo y también le quiero. Y en el film recreo una cinematografía que amo. Hay algo especial en la manera que tiene el cine mudo de contar las historias. Hay quien piensa que de una forma intelectual, pero creo que es todo lo contrario. Lo intelectual es el texto. Las imágenes y la música te permiten contar de una manera más sensorial.

¿Tenía usted debilidad por el cine mudo?
Siempre había amado el cine clásico de Hollywood, pero no especialmente el mudo. Pero cuando empecé a trabajar en The Artist descubrí obras maestras y me cautivó la forma de rodar de sus autores. Para un director, hacer una película muda es la forma más desafiante y pura de contar una historia, porque realmente haces lo que debe hacer un director: explicar una historia en imágenes.

Corrobora usted con The Artist que las mejores películas sobre Hollywood han sido rodadas por directores extranjeros.
Cierto (risas), los mejores films que se han hecho en Hollywood, sobre Hollywood o sobre América los dirigieron, sin intención de compararme con ellos, inmigrantes como los maestros Elia Kazan, Ernst Lubitsch y Billy Wilder.

de por Desirée de Fez (San Sebastián) - FOTOGRAMAS - 21/11/2011

sábado 25 de febrero de 2012

Hugo, de Scorsese




En 2011, Bernardo Bertolucci recogió la Palma de Oro del festival de Cannes. Entre las declaraciones que dio desde su silla de ruedas sorprendió la de su admiración por la tecnología tridimensional: “Me encantó ‘Avatar’ y me fascinó el 3D. Yo comencé a pensar: ¿Por qué se considera que el 3D es bueno solamente para horror o ciencia ficción o ese tipo de películas? Pensé: ‘si 8 1/2′ de Fellini fuese en 3D, ¿no sería excelente?”.
De manera similar pensó Martin Scorsese para concebir La invención de Hugo Cabret (2011), nominada a once óscares. En entrevista difundida por Paramount, James Cameron –creador de Avatar- le elogia: “Tu película es sobre la admiración al cine y la película es también mágica”. Scorsese aclara: “Cuando la imagen se acerca y está en 3D y tienes ese elemento extra, es especial. Cada toma es especial”. Si Bertolucci pensó en Fellini, Scorsese piensa en Orson Welles: “Imagina El ciudadano Kane en 3D. No estoy diciendo que lo hagas”.
Hugo Cabret es un libro de ilustraciones de Brian Selznick. Se encomendó la tarea de adaptarlo a John Logan, quien antes escribiera El aviador. Tanto en la historieta de Selznick como en la película de Scorsese se recurre a fragmentos de películas de Harold Lloyd, Chaplin, Buster Keaton, los hermanos Lumière (si la llegada del tren es una imagen clásica lo es también la del público de los primeros cines que se espanta con la llegada del tren). La fantasía se sustenta en hechos históricos. Los personajes principales son un niño huérfano (Asa Butterfield) que pasa los días detrás de los relojes de la estación de Montparnasse y un extraño vendedor de una tienda de juguetes que resulta ser Georges Méliès (Ben Kingsley). Scorsese mezcla la soledad y travesía del niño como relato de aventura con un homenaje de rigor a uno de los primeros cineastas de la historia.SEGUIR LEYENDO... CLIC AQUI

viernes 24 de febrero de 2012

De asuntos cívicos

CARTA ABIERTA de Julián LeBarón

Queridos Amigos y Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD):
En una crisis espiritual y de conciencia, he buscado la forma de construir un país y un mundo menos violento. En esa búsqueda de seguridad, dignidad y justicia he aprendido muchísimo:
Soy un mexicano afectado profundamente por la violencia; mis familiares y seres queridos desolados, sobrinos huérfanos, entrañables amigos en situaciones desgarradoras, secuestros, extorsiones, asesinatos y mucho miedo.
Estoy indignado y tengo hambre de paz para México y para mis hijos.
Me sumé a esta lucha por terminar con la violencia. Considero que todos y cada uno de los ciudadanos debemos asumir nuestra responsabilidad y participar en cambiar a nuestro México, creo que la responsabilidad individual es el camino y el proceso a seguir.
Cuando vi que Javier Sicilia estaba emplazando a las autoridades de Morelos, me pareció que emprendía un método efectivo. Me trasladé a Cuernavaca, y conmovido me uní a sus esfuerzos. Así comenzó mi actividad en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Me sentí atraído, ya que creo que la autoridad es legítima cuando es delegada responsablemente y voluntariamente por los ciudadanos. Cuando dicha autoridad se aleja de ser ética o deja de ser representativa de los intereses y la voluntad de las personas, pierde su legitimidad, deja de ser válida y la acción ciudadana, incluso la desobediencia se vuelve un deber sagrado.
Con el Movimiento Por La Paz Con Justicia y Dignidad marchamos y recorrimos por pueblos heridos y hablamos, peticionamos y consolamos a personas muy lastimadas, lo que me pareció muy efectivo y bello.
Después participamos en diálogos y acercamientos con las autoridades más altas del Estado mexicano y terminé por darme cuenta que la principal función del MPJD, se convirtió en ser un interlocutor con los partidos políticos y el gobierno: Creo que estas instituciones y poderes no pueden ayudar sin dividir más, endeudar más y fracasar más como intermediario de la sociedad. A partir de esa observación, y dado que se tomó esa vertiente, me reuní con Javier a quien considero un gran líder y noble amigo. Después de un intercambio de reflexiones y  coincidencias de su parte, he decidido desvincularme del MPJD.
Creo, por convicción y conciencia, que tenemos que hacer nosotros lo que no ha podido hacer la autoridad. Yo imagino que la idea de que el gobierno traiga la paz, es como tratar de reparar un auto con un serrucho; no funciona. Permanezco con el propósito de continuar organizándonos como ciudadanos responsables, que unidos construyamos el futuro de nuestro país. Esta, para mi, es la solución y estaré al lado de todos los que quieran seguir en esta dirección.
Creo que los ciudadanos hemos permitido y fomentado instituciones que son destructivas, obsoletas, anacrónicas y arcaicas porque hieren, ofenden y lastiman a las personas. No creo que el sistema de gobierno como tal nos pueda traer la paz que buscamos, ya que en su forma de imponer el orden incorpora la contradicción, la coerción y la violencia.
Creo que los problemas morales y económicos son asuntos cívicos, que deben asumirse como responsabilidad ciudadana y no gubernamental.
Seguiré luchando por este fin y propósito, es el camino que me tracé en un inicio cuando fue asesinado mi hermano Benjamín LeBaron y mi amigo Luis Widmar.
Hemos caminado mucho y quiero decir enfáticamente que tengo un profundo amor y respeto por los amigos y seres queridos que han movido conciencias con su ejemplo, su fuerza y su voluntad. Junto con ustedes hemos recorrido nuestro país para dar testimonio de lucha y fortaleza. Amo a quienes han dado su vida por defender la libertad y la dignidad de todos.
Con el espíritu de responsabilidad individual me uní a la caravana. Ese ha sido el mensaje que he querido transmitir desde el principio y lo seguiré haciendo con las herramientas que creo más efectivas para seguir persuadiendo y trabajando por un mejor futuro. Siempre estaré dispuesto a unir fuerzas con quienes quieren luchar para que seamos todos respetados.
Viva México.

domingo 19 de febrero de 2012

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