Sonido Fulgor

Mostrando entradas con la etiqueta Jung. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jung. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de mayo de 2012

Numinosidad luminosa


Que la historia –de la humanidad y del universo– influye en nosotros puede comprobarse con tan sólo mirar, y se dice más fácil de lo que se hace, la profundiad de la mente humana. Existe en nuestro inconsciente un substrato in-formativo estructural que transmite en nosotros una serie de patrones que trascienden nuestra experiencia personal. Estos son los arquetipos, remanentes arcaicos que Carl Jung describió como “imágenes primordiales”. No entramos al mundo con una tabula rasa; de igual manera que nuestra biología conserva las huellas instintivas de nuestra evolución –coexiste todo el reino animal dentro de nosotros– también nuestra psique conserva los rasgos de nuestra evolución mental. Así en nosotros se repiten ancestrales imágenes: el héroe, la diosa madre, el viejo sabio, etc., y motivos como el Apocalipsis, el Diluvio, la Creación, etc. 
“El arquetipo es una tendencia a formar tales representaciones de un motivo –representaciones que pueden variar mucho en el detalle sin perder un patrón básico… Son de hecho una tendencia instintiva”, escribe Jung en El hombre y sus símbolos. “Es esencial insistir que no son meros conceptos filosóficos. Son pedazos de la vida misma –imágenes que están integralmente conectadas al individuo a través del puente de las emociones”.
La importancia de explorar el mar casi infinito del inconsciente no es menor. Seamos conscientes o no de los arquetipos, de cualquier forma los vivimos –como si fueramos avatares de una tendencia psíquica meta-histórica que se representa en símbolos encarnados–; pero el no ser conscientes hace que los padezcamos y que no logremos madurar nuestra personalidad para así individuarnos: la plenitud de lo que somos. Los arquetipos cumplen la función de una iniciación, un rito de paso en nuestra psique hacia un nuevo estadio que quizás permitiría  esolver una cuita que nos persigue desde el albor de la humanidad.
“Sólo es posible vivir la vida a su máxima expresión cuando estamos en armonía con estos símbolos; la sabiduría es un retorno a ellos. Esto connota que cuando una persona logra hacer las paces con los arquetipos que yacen dentro de ella puede empezar a vivir una vida más pacífica”, reitera Jung. ” Todas las ideas más poderosas de la historia regresan a los arquetipos. Esto es particularmente cierto de las ideas religiosas, pero los conceptos centrales de la ciencia, filosofía y ética no son excepciones a esta regla. En su forma presente son variantes de ideas creadas adaptando y aplicando conscientemente estas ideas a la realidad. Puesto que es la función de la conciencia, no sólo reconocer y asimilar el mundo externo a través del umbral de los sentidos, sino traducir a la realidad visible el mundo que yace en nuestro interior”.
La comprensión arquetípica también nos permite entrar en contacto con una dimensión universal, conectarse con la fuente, por así decirlo. Una especie de proyector holográfico en el útero del mundo: “Para los alquimistas [los arquetipos] eran semillas de luz transmitidas en el caos.. el proyecto germinal de un mundo por venir… Uno tendría que concluir a partir de estas visiones alquímicas que estos arquetipos tienen cierto resplandor, o cuasi-conciencia, y esa numinosidad contiene luminosidad”, dice Jung, entre cuyas aportaciones  yace el ligar los mismos procesos de transmutación de la materia encontrados en la alquimia a procesos psíquicos.
Podemos pasar buena parte de nuestra existencia enfrascados viviendo un arquetipo –como si fueramos una carta del Tarot– y no seguir el curso de nuestra evolución psíquica, arribando a los “arcanos mayores”. Si queremos acceder a estas dimensiones superiores, al héroe solar, al amor de la Diosa, a la sublimación del mago, debemos de atravesar también la oscuridad, la sombra psíquica del pasado colectivo. Debemos de mirar hacia abajo como el hombre colgado, como el loco debemos de atrevesar el bosque solitario y morir simbólicamente, para renacer en el mar pulsante cuya potencia es ilimitada. Estamos dentro de una rueda de la fortuna, pero si somos conscientes de los arquetipos –los motores que hacen girar la rueda, el software de fábrica– tendremos al Hado de nuestro lado.

Aleph de Pourtales, Pijamasurf

viernes, 7 de mayo de 2010

La naturaleza del arquetipo


Desde la página 196 de Arquetipos e Inconsciente Colectivo, C.G. Jung, Paidós.

Son imágenes (los arquetipos) que varían de muchos modos remitiendo a una forma primordial, en sí no intuible. Esta se caracteriza por ciertos elementos formales y ciertas significaciones fundamentales que sólo se pueden aprehender aproximadamente. El arquetipo en sí es un factos psicóideo que pertenece, podríamos decir, a la parte invisible, ultravioleta del espectro psíquico. Como tal no parece capaz de conciencia. Aventuro esta hipótesis porque todo lo arquetípico que es percibido por la conciencia parece representar variaciones sobre un tema fundamental. Esta circunstancia llama extraordinariamente la atención cuando se examinan las infinitas variantes del tema del mandala. Se trata de una forma primordial relativamente simple, cuya significación acaso pueda ser expresada llamándola "central". Pese a que el mandala aparece como la estructura de un centro, queda incierto si dentro de la estructura está más acentuado el centro o la periferia, la división o el conjunto indiviso. Como otros arquetipos dan motivos a dudas semejantes me parece probable que la naturaleza propia del arquetipo sea incapaz de conciencia, es decir trascendental, por lo cual lo llamo psicóideo. Además, toda intuición de un arquetipo es ya consciente y por lo tanto distinta en medida indeterminable de lo que causó la representación. Como lo señaló L. Tipps, la esencia de lo psíquico es inconsciente. Todo lo consciente pertenece al mundo fenoménico que, como nos enseña la física moderna, no tiene las notas que exige la realidad objetiva. Esta requiere un patrón matemático que descansa en factores invisibles e irrepresentables. La psicología no puede sustraerse a la validez general de este hecho y tanto menos cuanto que la psique observadora está ya incluida en la formulación de una realidad objetiva. Es verdad que su teoría no puede tomar una forma matemática en tanto no poseemos ninguna unidad de medida para las cantidades psíquicas. Tenemos que contentarnos exclusivamente con cualidades, es decir, con fenómenos perceptibles. De ese modo la psicología queda imposibilitada para hacer manifestación alguna sobre los estados inconscientes. De acuerdo con esto, no hay esperanzas de que la validez de lo que se afirma sobre estados o procesos inconscientes pueda ser comprobada científicamente. Todo lo que decimos de los arquetipos son ilustraciones o concretizaciones que pertenecen a la conciencia. Pero sólo en esta forma podemos hablar de los arquetipos. Hay que tener siempre conciencia de que lo que entendemos por "arquetipo" es irrepresentable, pero tiene efectos merced a los cuales son posibles sus manifestaciones, las representaciones arquetípicas. Una situación totalmente semejante encontramos en la física, cuyas partículas mínimas son en sí irrepresentables pero tienen efectos de cuya naturaleza puede derivarse cierto patrón. Una construcción de ese tipo corresponde a la representación arquetípica, el llamado tema o mitologema. Si se admite la existencia de uno o varios factores no intuibles se establece también la posibilidad -y esto no siempre se advierte suficientemente- de que no se trate de uno o varios factores sino sólo de uno. Es evidente que la identidad o no-identidad de dos magnitudes no intuibles no puede comprobarse. Si la psicología admite la existencia de factores psicóideos irrepresentables, hace en principio lo mismo que la física cuando ésta construye un modelo del átomo. Resulta entonces que no sólo la psicología tiene la desgracia de designar su objeto con un nombre que representa una negación, con ese nombre tan a menudo criticado: lo inconsciente, sino que también le ocurre lo mismo a la física que no puede evitar la designación átomo (lo indivisible), que se emplea desde hace tanto tiempo para las partículas más pequeñas de masa. Así como el átomo no es indivisible, del mismo modo lo inconsciente, como hemos de ver, no es meramente inconsciente. Así como, desde el punto de vista psicológico, la física no alcanza sino a establecer la existencia de un observador sin poder hacer ninguna afirmación sobre su naturaleza, del mismo modo la psicología sólo puede señalar la relación de la psique y la materia pero sin poder manifestar nada acerca de su naturaleza.
Como la psique y la materia están contenidas en uno y el mismo mundo y además están en contacto permanente y descansan en última instancia sobre factores trascendentales, no sólo existe la posibilidad sino también cierta probabilidad de que materia y psique sean dos aspectos distintos de una y la misma cosa. Los fenómenos de sincronicidad apuntan, según me parece, en esa dirección, ya que tales fenómenos muestran que lo no-psíquico puede comportarse como psíquico y viceversa sin que exista entre ambos un vínculo causal. Nuestros actuales conocimientos no nos permiten mucho más que comparar el mundo psíquico y el material con dos conos, cuyos vértices se tocan y no se tocan en un punto sin extensión, un verdadero punto cero.

martes, 13 de abril de 2010

El proceso de individuación (M.L. von Franz)


EL PROCESO DE INDIVUACION

Si observamos nuestros sueños veremos que ciertos contenidos emergen, desaparecen y vuelven otra vez y si los seguimos a lo largo de los años, veremos que cambian lenta pero perceptiblemente. Estos cambios pueden acelerarse si la actitud consciente del soñante está incluida por una interpretación adecuada de los sueños y sus contenidos simbólicos. Se puede percibir en ellos una especie de regulación oculta del desarrollo psíquico. Se trata del proceso de individuación.

El centro organizador desde el cual emana el efecto regulador parece ser una especie de "átomo nuclear" de nuestro sistema psíquico. Jung llamó a ese centro el "sí-mismo" y lo describió como la totalidad de la psique, para distinguirlo del ego, que constituye sólo una pequeña parte de la totalidad de la psique.

A lo largo de las edades los hombres se daban cuenta instintivamente de la existencia de tal centro interior. Los griegos lo llamaron daimon; en Egipto se expresaba con el concepto alma-ba; y los romanos lo veneraban como genius innato. En las sociedades más primitivas solía creerse que era un espíritu tutelar encarnado en un animal.

Este centro interior se mantiene en forma excepcionalmente pura e intacta entre los indios naskapi, habitantes de los bosques de la península de Labrador. Estas gentes sencillas se dedican a la caza y viven en grupos familiares aislados, tan alejados unos de otros que no han podido desarrollar costumbres religiosas colectivas. En su soledad vitalicia, el cazador naskapi tiene que confiar en sus propias voces interiores y revelaciones inconscientes. En su concepto básico de la vida, el alma humana es simplemente un compañero interior al que llama "mi amigo" o mista'peo que significa "gran hombre". Mista'peo reside en el corazón y es inmortal; en el momento de la muerte o poco antes, deja al individuo y luego reencarna en otro ser.

Los naskapi ponen atención a sus sueños y tratan de encontrar su significado. El Gran Hombre favorece a tales personas y les envía mejores sueños. la máxima obligación de un naskapi es seguir sus instrucciones y luego dar a su contenido forma permanente por medio del arte. La generosidad y el amor al prójimo y a los animales le atrae y le da vida. La mentira y la deslealtad lo aleja. Los sueños dan a los naskapi plena capacidad para encontrar su camino en la vida.

El "sí-mismo" puede definirse como un factor de guía interior que es distinto de la personalidad consciente. Es el centro regulador que proporciona una extensión y maduración constante a la personalidad. Puede emerger muy débilmente o puede desarrollarse con una totalidad. Hasta dónde se desarrolla depende de si el ego está dispuesto o no a escuchar el mensaje del "sí-mismo". El innato Gran Hombre se hace más real en una persona receptiva que en quienes lo desdeñan. Tal persona también se convierte en un ser humano más completo. El ego no ha sido producido por la naturaleza para seguir ilimitadamente sus propios impulsos, sino para ayudar a que se realice la totalidad de la psique. Es el ego el que proporciona luz a todo el sistema, permitiéndole convertirse en consciente, y por tanto, realizarse. La realización de la unicidad del hombre individual es la meta del proceso de individuación.

A veces notamos que el inconsciente lleva la dirección con un designio secreto. Es como si estuviese contemplándonos, que nos da su opinión sobre nosotros a través de los sueños. Pero este aspecto creativamente activo del núcleo psíquico puede entrar en juego sólo cuando el ego trata de alcanzar una forma de existencia más profunda y más básica. El ego tiene que ser capaz de estudiar atentamente y entregarse. La gente que vive en culturas más firmemente enraizadas que la nuestra, tienen menos dificultad en comprender que es necesario prescindir de la actitud utilitaria de los proyectos conscientes con el fin de dejar paso al desarrollo interno de la personalidad.

Cada uno de nosotros tiene una tarea única de autorrealización, cada persona tiene que hacer algo diferente, algo que es únicamente suyo.





2. Primer acercamiento al inconsciente

El proceso de individuación efectivo empieza generalmente con una herida de la personalidad y el sufrimiento que la acompaña. Esta conmoción inicial llega a una especie de llamada, aunque no siempre se la reconoce como tal. El encuentro inicial con el "sí-mismo" proyecta una oscura sombra hacia el tiempo venidero. Sea lo que sea, la cosa que puede alejar el mal es siempre única, un talismán mágico, difícil de encontrar. Sólo hay una cosa que parece servir, y es dirigirse directamente, y sin prejuicio hacia la oscuridad que avanza y tratar de encontrar cuál es la finalidad secreta y qué nos exige.

El propósito oculto de la inminente oscuridad generalmente es tan inusitado que sólo se puede encontrar por medio de los sueños y fantasías surgidas del inconsciente. Si dirigimos la atención al inconsciente, con frecuencia se abre camino mediante un torrente de imágenes simbólicas. A veces, ofrece primero una serie de comprobaciones de lo que está mal en nosotros. Luego hay que comenzar el proceso aceptando toda clase de verdades amargas.

3. Percepción de la sombra

Por medio de los sueños podemos entrar en conocimiento de los aspectos de nuestra personalidad, que por diversas razones hemos preferido no contemplar muy de cerca: la percepción de la sombra.

La sombra no es el total de la personalidad inconsciente. representa cualidades y atributos desconocidos o pocos conocidos del ego. Cuando un individuo hace un intento para ver su sombra, se da cuenta de cualidades e impulsos que niega de sí mismo.

Sucede con frecuencia que las cualidades de la niñez de una persona, por ejemplo, la alegría, desaparezcan repentinamente y no sepamos dónde o cómo se fueron. Son esas características perdidas para el soñante las que tratarán de volver del patio trasero de la psique. Esta idea esta asociada con la aparición en los sueños de pasadizos extraños, cámaras y salidas sin cerrar que recuerdan la antigua representación egipcia del mundo infernal, que es un símbolo muy conocido de representación del inconsciente con sus posibilidades desconocidas. Representa la desdeñada capacidad del soñante para gozar de la vida y el lado extravertido de su sombra.

La sombra generalmente contiene valores necesitados por la conciencia, pero que existen en una forma que hace difícil integrarlas en nuestra vida y que la sombra se convierta en nuestro amigo o nuestro enemigo depende en gran parte de nosotros mismos. La sombra se hace hostil sólo cuando es desdeñada o mal comprendida. Cualquier forma que tome, la función de la sombra es representar el lado opuesto del ego.

A veces, la sombra es poderosa, porque la incitación del "sí-mismo" señala en la misma dirección y, así, no se puede saber si es el "sí-mismo" o bien la sombra quien está detrás del impulso interior. Desgraciadamente, en el inconsciente todos los contenidos son borrosos y se funden unos con otros y nunca se puede saber exactamente qué es o dónde está cada cosa o dónde empieza. Con frecuencia, todo lo que es desconocido para el ego se mezcla con la sombra, incluso las fuerzas más valiosas y elevadas. Cuando el sueño no aclara las cosas, la personalidad consciente tendrá que decidir.




Se requiere mucho valor para tomar en serio el inconsciente y ocuparse de los problemas que plantea. La mayoría de las personas son demasiado indolentes para pensar con profundidad aun en esos aspectos morales de su conducta de la cual son conscientes; son demasiado perezosas para considerar cómo el inconsciente les afecta.
El ánima es una personificación de todas las tendencias psicológicas femeninas en la psique de un hombre, tales como vagos sentimientos y estados de humor, sospechas proféticas, captación de lo irracional, capacidad para el amor, sensibilidad para la naturaleza y su relación con el inconsciente. No es una pura casualidad el que en los tiempos antiguos se emplearan sacerdotisas para interpretar la voluntad divina y para establecer comunicación con los dioses.

Un ejemplo especialmente claro de cómo el ánima se experimenta como una figura interior en la psique del hombre se halla en los sanadores y chamanes que encontramos entre los esquimales y otras tribus árticas. Algunos de éstos incluso llevan ropas de mujer o llevan pintados en su vestimenta pechos femeninos con el fin de manifestar su lado femenino, el lado que les capacita para ponerse en relación con la tierra de los fantasmas, es decir, lo que nosotros llamaríamos el inconsciente.

En su manifestación individual, el carácter del ánima de un hombre, por regla general, adopta la forma de la madre. Si comprende que su madre tuvo una influencia negativa sobre él, su ánima se expresará con frecuencia en formas irritables, deprimidas, con incertidumbre, inseguridad y susceptibilidad. En situaciones extremas, el ánima puede conducir al hombre al suicidio, en tal caso el ánima se convierte en un demonio de la muerte. En tal papel aparece en la película de Cocteau Orfeo.

El francés llama a esta figura del ánima una femme fatale. Versiones más moderadas aparecen el ánima sombría personificada en la Reina de la Noche en La Flauta Mágica de Mozart. Las sirenas griegas o lasLorelei germanas también personifican esta aspecto peligroso del ánima.




El siguiente cuento siberiano es un ejemplo:

"Un día, un cazador solitario vio una hermosa mujer saliendo de un profundo bosque, al otro lado del río. Ella le saludó con la mano y canto:
¡Oh, ven, cazador solitario en la calma del anochecer!
¡Ven, ven! Te echo de menos, te echo de menos.
Ahora te besaré, te besaré.
¡Ven, ven!, mi nido está cerca, mi nido está cerca.
¡Ven, ven!, cazador solitario, ahora en la calma del anochecer
El se quitó la ropa y cruzó el río a nado pero, de repente, ella voló en forma de búho riendo y mofándose de él. Cuando trato de cruzar otra vez el río para recuperar su ropa, se hundió en el agua fría"

En este cuento, el ánima simboliza un irreal sueño de amor, felicidad y calor maternal, su nido, un sueño que atrae a los hombres alejándoles de la realidad. El ánima puede ser tan fría y desconsiderada como muchos aspectos misteriosos de la propia naturaleza.

Una manifestación aún más sutil del ánima negativa aparece en ciertos cuentos de hadas en la forma de una princesa que dice a sus pretendientes que le respondan a una serie de acertijos. El ánima en este aspecto envuelve a los hombres en un destructivo juego intelectual. Esos diálogos neuróticos seudointelectuales inhiben al hombre de entrar en contacto directo con la vida. Reflexiona tanto sobre la vida que no puede vivirla y pierde toda su espontaneidad.

Las manifestaciones más frecuentes del ánima toman la forma de fantasías eróticas. Los hombres pueden ser llevados a nutrir sus fantasías viendo películas o soñando despiertos con materiales pornográficos. Éste es un aspecto crudo y primitivo del ánima que se convierte en forzoso sólo cuando un hombre no cultiva sus relaciones sentimentales.




Es la presencia del ánima la que hace que un hombre se enamore de repente cuando ve a una mujer por primera vez. El hombre tendrá la impresión de haber conocido a esa mujer desde siempre. Las mujeres que son "como hadas" atraen especialmente tales proyecciones del ánima porque los hombres pueden atribuir casi todo a una criatura que es tan fascinantemente indefinida y , por tanto, pueden continuar fantaseando en torno a ella.

Pero el ánima también tiene aspectos positivos. Ella es la causante, por ejemplo, del hecho de que un hombre sea capaz de encontrar a su cónyuge adecuada o, en otros casos, abrirle el camino hacia profundidades interiores más hondas. Al establecer esta recepción, el ánima adopta el papel de guía, o mediadora, ése es el papel de Beatrice en el Paraíso de Dante, y también el de la diosa Isis cuando se le aparece en un sueño a Apuleyo, el famoso autor de El Asno de Oro, con el fin de iniciarle en una vida más elevada y más espiritual.

Existen cuatro etapas en el desarrollo del ánima: la figura de Eva simboliza la primera etapa, la cual representa relaciones puramente instintivas y biológicas. La segunda puede verse en la Helena de Fausto: ella personifica un nivel romántico y estético que , no obstante, aun está caracterizado por elementos sexuales. La tercera está representada, por ejemplo, por la Virgen María, una figura que eleva el amor - eros - a alturas de devoción espiritual. El cuarto tipo lo simboliza la Sapiencia, transciende lo más santo y lo más puro. En el desarrollo psíquico del hombre moderno, raramente se alcanza esta etapa.



Pero, ¿qué significa en la práctica el papel del ánima como guía interior del hombre? esta función positiva se produce cuando un hombre toma en serio los sentimientos, esperanzas y fantasías enviadas por su ánima y cuando los fija de alguna forma; por ejemplo, por escrito, en pintura, escultura, composición musical o danza. Cuando trabaja en eso paciente y lentamente, va surgiendo otro material inconsciente más profundo salido de las honduras y conectada con materiales anteriores. Después de que una fantasía ha sido plasmada de alguna forma, debe examinarse intelectual y estéticamente con una reacción valorizadora del sentimiento. Si esto se realiza con devota atención, el proceso de individuación se va haciendo paulatinamente la única realidad y puede desplegarse en su forma verdadera.

"Soy la flor del campo y el lirio del valle. Soy la madre del buen amor y del miedo y del saber y de la santa esperanza... Soy la mediadora de los elementos; convierto lo caliente en frío y viceversa, y lo que es áspero lo suavizo... Soy la ley del sacerdote y la palabra en el profeta y el consejo en el sabio. Mataré y daré vida y no hay nadie que pueda librarse de mi mano"

Fausto. Goethe.





5. El ánimus: el hombre interior

La personificación masculina en el inconsciente de la mujer, el ánimus, no aparece con tanta frecuencia en forma de fantasía erótica; es más apto para tomar forma de convicción "sagrada" oculta. Cuando tal convicción es predicada en voz fuerte se reconoce fácilmente la masculinidad subyacente.Aun en una mujer exteriormente muy femenina, el ánimus puede ser también una fuerza dura e inexorable.

Uno de los temas favoritos que el ánimus repite incesantemente en la meditaciones de las mujeres viene a ser así. "La única cosa que yo deseo en el mundo es amor... y él no me ama" o "En esta situación sólo hay dos posibilidades... y las dos son igual de malas". El ánimus jamás cree en excepciones. Raramente se puede contradecir la opinión del ánimus.

El ánimus está básicamente influido por el padre de la mujer. El padre dota el ánimus de su hija con el matiz especial de convicciones indiscutibles, convicciones que jamás incluyen la realidad personal de la propia mujer tal como es realmente. Esa es la causa de que, algunas veces, el ánimus sea, como el ánima, un demonio de muerte. Por ejemplo, en un cuento gitano, un apuesto extranjero es recibido por una mujer solitaria a pesar de que ella tuvo un sueño que le advertía que él era el rey de la muerte. Después de haber estado con ella algún tiempo, ella le instó a que le dijera quién era realmente. La mujer insiste y él le revela de repente que es la propia muerte. La mujer muere inmediatamente de miedo.




Considerado mitológicamente, el apuesto extranjero es probablemente una imagen del padre que aparece como rey de la muerte. Pero psicológicamente representa una forma particular del ánimus que atrae a las mujeres alejándolas de todas las relaciones humanas y, en especial, de todos los contactos con hombres auténticos. Personifica al capullo de seda de los pensamientos soñadores, llenos de deseos y de juicios acerca de cómo "deberían ser" las cosas, y separan a la mujer de la realidad de la vida.

El ánimus negativo no aparece sólo como un demonio de la muerte. En los mitos y en los cuentos de hadas desempeña el papel de ladrón y asesino. Un ejemplo es Barba Azul, que mataba secretamente a todas sus mujeres en una cámara oculta. En esta forma, el ánimus personifica todas las reflexiones semiconscientes, frías y destructivas que invaden a una mujer en las horas de la madrugada cuando no ha conseguido realizar cierta obligación sentimental. Entonces, pensamientos calculadores, llenos de malicia e intriga, la llevan a un estado que es capaz de desear la muerte de otros.




Alimentando secretas intenciones destructivas, una mujer puede conducir a su marido, y una madre a sus hijos, a enfermedades, accidentes o, incluso, a la muerte. O puede decidir que sus hijos no lleguen a casarse: una forma de mal, profundamente escondida, que raramente sube a superficie de la mente consciente de la madre. Una anciana simple nos dijo una vez, mientras nos enseñaba un retrato de su hijo, ahogado a los veintisiete años: "Lo prefiero así; es mejor que dárselo a otra mujer".

A veces una extraña pasividad y la paralización de todo sentimiento o una profunda inseguridad que puede conducir casi a una sensación de nulidad pueden ser el resultado de la opinión de un ánimus inconsciente. Desgraciadamente, siempre que una de esas personificaciones del inconsciente se apodera de nuestras mentes, parece como si tuviésemos tales pensamientos y sentimientos. Sólo después de haber cesado la posesión, se comprueba con horror que hemos dicho y hecho cosas diametralmente opuestas a nuestros verdaderos sentimientos y pensamientos.

Al igual que el ánima, el ánimus, también tiene un lado muy positivo y valioso; también puede construir un puente hacia el "si-mismo" mediante su actividad creadora. Si obedece los impulsos del ánimus en este sentido, el ánimo destructivo y atormentador se transformará en una actividad creadora y plena de significado.

La atención consciente que una mujer tiene que conceder al problema de su ánimus probablemente requiere mucho tiempo y acarrea infinidad de sufrimientos. Pero si ella se da cuenta de quién y qué es su ánimus y qué hace con ella, y si ella se enfrenta con esas realidades en vez de dejarse poseer, su ánimus puede convertirse en un compañero interior inapreciable que la dota con las cualidades masculinas de iniciativa, arrojo, objetividad y sabiduría espiritual.

El ánimus muestra también cuatro etapas de desarrollo. En la primera etapa, aparece como una personificación de mero poder físico. En la segunda etapa, posee iniciativa y capacidad para planear la acción. En la tercera, el ánimus se transforma en la palabra, apareciendo con frecuencia como profesor o sacerdote. Finalmente, en una cuarta manifestación, el ánimus es la encarnación delsignificado. En este elevado nivel, se convierte en mediador de la experiencia religiosa por la cual la vida adquiere un nuevo significado. Da a la mujer firmeza espiritual, un invisible apoyo interior que la compensa de su blandura exterior. En su forma más desarrollada, el ánimus conecta, la mente de la mujer con la evolución espiritual de su tiempo y puede hacerla más receptiva que a un hombre a las nuevas ideas creadoras.




La mujer tiene que encontrar el atrevimiento y la interior amplitud mental para dudar de la santidad de sus convicciones. Sólo entonces será capaz de aceptar las sugerencias del inconsciente, en especial cuando contradicen las opiniones de su ánimus. Sólo entonces llegarán hasta ella las manifestaciones de su "si-misma" y podrá entender conscientemente su significado.

6. El "sí-mismo": Símbolos de totalidad

Si una persona ha forcejeado seriamente y el tiempo suficiente con el problema del ánima o del ánimus hasta que ya no se sienta parcialmente identificado con él, el inconsciente cambia otra vez su carácter dominante y aparece en una nueva forma simbólica que representa al "sí-mismo", el núcleo más intimo de la psique. En los sueños de una mujer este centro está generalmente personificado como una figura femenina superior: sacerdotisa, madre tierra o diosa de la naturaleza o del amor.


En el caso del hombre, se manifiesta como iniciador y guardián, anciano sabio, espíritu de la naturaleza, etc...


jueves, 4 de febrero de 2010

Entrevista a Carl Jung (1 parte)




Entrevista a Carl Jung
de Miguel Serrano

...Le vi cuando descendía la escalera, pausadamente. Era alto, un poco cargado de hombros. Su pelo, blanco; delgado en esos años, creo que traía una pipa en la mano. Me saludó afablemente, invitándome a sentarnos en un rincón, junto a una balaustrada, donde quedábamos completamente aislados.
- ¿Viene de la India? -me preguntó en inglés-. Estuve allí hace tiempo; trataba de convencer a los hindúes de la imposibilidad de anular completamente el yo, la conciencia, en el "samadhi" profundo. En Bengala, en la Universidad de Calcuta, sostuve discusiones con profesores y doctos brahmanes sobre el mismo asunto, pero no entendían. Trataba yo de explicarles que si Ramakrishna, por ejemplo, hubiese anulado completamente la conciencia en sus profundos éxtasis, ya no habría existido allí nadie para experimentarlos, conocerlos y aun gozarlos; nadie habría sabido de ellos, nada habría podido recordarlos.
(...)
- El Inconsciente significa la no conciencia. Nadie se puede sumir allí totalmente, mientras vive, ni recordarlo luego, como lo pretenden los hindúes. Para recordar se necesita un espectador, el yo, la conciencia. Discutí esto con el "Gurú" del Maharjá de Mysore...

- El hindú trata de anular el yo, para no retornar más aquí, a la rueda del samsara, teme a la eternidad como a un insomnio, desea fundirse en el todo. Pero no siempre fue así y hubo también quienes aspiraron a lo contrario, los Siddhas. Tengo entendido que usted desea establecer un diálogo entre el yo y aquello que lo trasciende, proyectar la luz de la conciencia más y más en lo Inconciente... Ahora bien, usted habla del Inconsciente Colectivo; por ley de polaridad debería existir un Consciente Colectivo y puede que hasta un Superconsciente. ¿No será a esto a lo que se refiere el hindú y a lo que aspira a remontarse en los Samadhis y, en especial, en los kaivalyas? Para alcanzar la Superconsciencia habría que anular la pequeña conciencia racional, de todos los días... Podría haber un malentendido en torno a lo que el hindú quiere significar cuando habla de anular el yo, la conciencia.

- Puede ser -dice Jung- y ello se debe siempre a la debilidad expositiva del hindú, que no piensa ni expone racionalmente, sino en prédica, en parábola. No se interesa por definir, por impresionar a la razón de su interlocutor. Es esta una condición intrínseca del Oriente en general... en cuanto a la hipótesis de una Superconsciencia, se halla en el plano de la Metafísica, queda fuera de mi campo. Yo intento avanzar sobre hechos y experiencias. Allí, en el Inconsciente, no he encontrado un centro estable, definitivo; no lo he hallado hasta ahora, ni creo que exista tampoco... Eso que yo llamo el Sí-Mismo es un centro ideal, equidistante entre el yo y lo inconsciente, equivaliendo pudiera ser, a la expresión máxima y natural de una individualidad, a su cumplimiento o complementación, a su totalidad. La naturaleza aspira a expresarse, agotando sus posibilidades. El hombre, igual. El Sí-Mismo es esa posibilidad de complementación, de totalidad. Por consiguiente, es un centro ideal, una creación, un sueño de la naturaleza. Los hindúes son sabios en esta materia. El Purusha de los filósofos Sankhyas es el Sí-Mismo. También el Atman puede asimilársele. Y la definición que de él dan los hindúes le cuadra. Por cierto que su definición es parabólica. ¿Conoce usted la historia del discípulo que fue a visitar a su Maestro para preguntarle qué era el Atman? El Maestro le respondió:
- Es todo.
El discípulo insistió.
- ¿Es entonces el elefante del Maharajá?
- Sí -dijo el Maestro-; el Atman eres tú, pero también lo es el elefante del Maharajá.
El discípulo partió muy contento. En su camino se encontró con el elefante del Maharajá. No se apartó de su ruta, pensando: "Si yo soy el Atman y el elefante también lo es, me reconocerá". Aun cuando el conductor del elefante le gritó para que se apartase, él no lo hizo y el elefante le dio un golpe con su trompa arrojándole a varios metros de distancia. Todo magullado fue a presentarse al día siguiente a su Maestro para decirle:
- Tú me afirmaste que el elefante y yo éramos el Atman, y mira lo que me ha hecho.
El Maestro, sin perder la calma, le preguntó:
- ¿Y qué te dijo el conductor del elefante?
- Que me hiciera a un lado -respondió el discípulo.
- Debiste hacerle caso -dijo el Maestro-, pues el guía del elefante también es el Atman.
¡Ah!, los hindúes tienen respuesta para todo. ¡Saben mucho!
Y Jung ríe de buena gana, alegremente.
- Viven en los símbolos -digo-; están penetrados, compenetrados con ellos, pero no los interpretan ni les gusta que alguien lo haga, pues sería como destruirlos... Usted interpreta los símbolos... No me llama la atención por ello que no sea más ampliamente conocido y discutido en la India, a pesar de lo mucho que usted le ha dedicado a su cultura y al Oriente en general... En mi país (Chile) usted es bien conocido y muy leído.
- Lo sé, constantemente recibo comunicaciones de Chile y otros países de América Latina, lo cual me sorprende, ya que mi labor, mis obras y mi esfuerzo han estado más bien dirigidos a mí mismo; son huellas dejadas en el proceso íntimo de una individuación, aun cuando se vinculen con eslabones herméticos del pasado y del futuro; pero no estando destinados a la popularidad ni al éxito de masas, me asusta el éxito que de pronto he llegado a tener aquí y allá. Me temo que esto no es bueno. El trabajo esencial se cumple en el silencio y fructifica en las mentes de unos pocos. Hay una sentencia china que dice: "Si un hombre solo y sentado en su cuarto piensa los rectos pensamientos, estos serán escuchados a mil millas de distancia...". Sí, la India es extraordinariamente interesante y usted deberá vivir esa experiencia rectamente, intensamente, hasta que llegue la hora... Yo también deseé conformarme con ese universo, como producto del Occidente que soy, para poner a prueba nuestros caminos y dar vida dentro de mí a aquellas zonas que corresponden a las experimentadas por los hindúes. Por eso viajé a la India en 1938. Voy a tratar de explicarle cómo veo a ese país, y usted me corregirá luego. Un indio, en tanto que es indio, no piensa; por lo menos en la forma como nosotros entendemos el pensar. Él, más bien, percibe al pensamiento. El indio se asemeja a los primitivos, en este sentido. No digo que sea primitivo, pero sí que el proceso de su pensamiento me recuerda las formas primitivas de producir pensamientos. El razonar primitivo es en esencia una función inconsciente y percibe sólo sus resultados. Deberíamos esperar esta peculiaridad en una civilización que ha gozado de una casi ininterrumpida continuidad desde las edades primitivas. Nuestra evolución natural fue cortada repentinamente en su nivel primitivo por la invasión de una psicología y de una espiritualidad procedentes de un más alto nivel de civilización. Fuimos interrumpidos en el comienzo de un politeísmo bárbaro todavía, cortado de raíz o suprimido en el curso de los siglos, no hace mucho tiempo. Supongo que este hecho ha producido una particular desviación de la mente occidental. Nuestra existencia se transformó en algo que aún no ha sido cumplido y que no podrá serlo totalmente. Se produjo así en el hombre occidental una disociación entre la parte consciente e inconsciente de su mentalidad. Se logró, sin duda, liberar a la conciencia del fardo de la irracionalidad y de los impulsos instintivos a expensas de la individualidad total. El hombre se dividió entre la personalidad consciente y la inconsciente. La personalidad consciente pudo ser domesticada porque se la separó del hombre primitivo. Así nosotros llegamos a ser altamente disciplinados, organizados y unilateralmente racionales, pero el otro lado permaneció suprimido, excluyéndose al primitivo de la educación y la civilización. Esto explica nuestras recaídas en las más espantosas barbaries y esto también explica el hecho, asimismo terrible, de que mientras más alto escalamos la montañas de las conquistas científicas y tecnológicas, más peligroso y diabólico es el mal uso que hacemos de nuestras invenciones y desarrollos... Pero esta no es la única forma en que el hombre puede llegar a ser civilizado; no es la forma ideal, en todo caso. Uno podría pensar en otra posibilidad más satisfactoria. En lugar de diferenciar exclusivamente una parte del hombre, podríamos intentar diferenciar al hombre total. Podríamos impedir esa fatal disociación entre una mitad alta y una mitad baja, uniendo al hombre consciente con el peso terrestre de su esfera primitiva.
(...)
- Me parece que nosotros, no pensamos con el centro racional, sino con otro, el cual tendremos tendremos que descubrir par allegar algún día a ser nosotros mismos. ¿Dónde se ubica ese centro? Deberíamos tomar en cuenta quizá la hipótesis de los chakras, esos centros psíquicos del yoga.
- Efectivamente -dice Jung-. Recuerdo una conversación con el cacique de los pueblos indígenas, Ochwián Biano, o Lago de la Montaña. Me explicaba su impresión de los blancos, siempre agitados, siempre buscando algo, aspirando a algo. En sus rostros, surcados por arrugas, reflejábase la eterna inquietud. Según Ochwián Biano, los blancos estaban locos, pues afirmaban pensar con la cabeza y sólo los locos lo hacen así. Esta afirmación del jefe pueblo me produjo gran sorpresa y le pregunté con qué pensaba él. Me sorprendió que con el corazón. Tal como los antiguos griegos.
- Es extraordinario -confirmé- También los japoneses ubican el centro de la persona en el plexo solar. Pero ¿cree usted que los occidentales piensan con la cabeza?
- No. Piensan con el centro de la garganta. Con la palabra, la palabra que hoy ha venido a reemplazar al Logos.
- ¡Ah!, si nosotros pudiésemos alcanzar hasta el hombre total... ¿Qué es el Sí-Mismo, doctor Jung, qué es esa totalidad, ese centro ideal de la persona?
- El Sí-Mismo es un círculo cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna -dice, recitando la sentencia en latín- ¿Y sabe usted qué es el Sí-Mismo para el hombre occidental? Es Cristo. Cristo es el Arquetipo del Héroe, la aspiración suprema. ¡Ah, todo esto es misterioso, y a veces hasta asusta!

*
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

.