Sonido Fulgor

lunes, 25 de enero de 2010

La juventud


Ah, la juventud

respira entre árboles

bañados por la luz

y el viento que acaricia su cara,

entra la juventud

por la ventana y se admira,

puro movimiento de sonidos

los coches y las gentes.


Mi alma, aún sin verla,

peinada de esta música

con suaves golpeteos que mezclan

los objetos en mi dulce comprensión.


Ah, la juventud

inexperta en el deseo,

temerosa, va como un pequeño ángel

entre bosques que su fuego los hace delirar.


La frescura que la invade

en claros verdes que el aire mueve,

pureza de una melodía

que el cuerpo hace sonar;


Habiendo despertado en mí,

de un sueño a otro,

el amor en mis manos ve la juventud,

yendo y viniendo una y otra vez,

la violeta ignorante de esta historia que no termina.


Oh Sonrisas

Oh Violínes


Busca la juventud quemarse

volando al cielo abierto y expandirse.

Busca placeres libertinos, piezas de bailes oscuros

que mueran el mismo día en soledades y viajes.


El agua ensangrentada donde nos bañamos

cae en cenizas la juventud,

el viento las arrastra a donde quiere

y en sus cabellos invisibles

se aligeran voces encarnadas del orígen.

Ellas matan todas las ilusiones la juventud.

Y la juventud me quema

entre los días y las noches.


Hay nada en la juventud.


Hay pasiones frescas que sostienen olas.

Y así, suspensas, puedo verte a ti

alma mía,

y me dices te amo y te digo

-llévame al sin fin del universo-

y tú quieres y yo quiero

y una noche entonces nos encontramos desnudos,

y nuestra unión se desbarata por travesuras que la luna

con sus flechas de agua nos muestra a la juventud.


Ah, mi ser entonces se exhala en tu perfume.


Oh Alma mía,

ven a buscarme otra vez,

disuelve este espacio

en un espacio más amplio

que se expanda sin fin.

Ven a darme en tu risa la inocencia de Dios,

que desde el primer día cuando me viste

ya te habías dado.


Ay, amor mío,

encanta la piel de la juventud,

impregna en la piel

a la juventud en nuestro acercamiento.


Ay, amor mío,

abre tu esfera para depositarme

y ser uno tú y yo.


Porque soy yo el que espera

la resurrección de los muertos,

porque soy yo la autoridad de esta creación

y la quiere devolver intacta

a los orígenes de su propia infancia,

donde los hornos sagrados

te hicieron a ti para mí y a mí para ti.

Donde ahora te dejas ir en la juventud

como un río ciego que sabe aún,

de las altas rocas que lo miran

ir a su destino de caricias y de besos,

donde te espera la juventud

mi amor.


Oh maravilla andante,

Oh musa divina,

dirígeme entonces,

llévame a donde quieras

que de poquito voy viendo

que tú eres el pasaje secreto

hacia mi océano de amor.


Deva Nataraj

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