Sonido Fulgor

sábado, 29 de diciembre de 2007

G. Bachelard: "para ciertas almas, ebrias de existir onírico, los días están hechos para explicar las noches"




(fragmentos de El Aire y los sueños)




El soñador va a la deriva.




Imaginar es ausentarse, es lanzarse hacia una vida nueva.




Un ser privado de la función de lo irreal es un ser tan neurótico como el hombre privado de la función de lo real.




...el mundo imaginado está justamente colocado antes que el mundo representado, el universo justamente situado antes que el objeto. El conocimiento poético del mundo precede, como es justo, al conocimiento razonable de los objetos. El mundo es bello antes de ser verdadero. El mundo es admirado antes de ser comprobado. Toda primitividad es onirismo puro.




Como con todos los seres hay que amar las flores antes de nombrarlas.




Mientras se juzga el sueño por lo exterior, sólo se le reconoce una absurdidad descosida, fácil de imitar en obras que son únicamente parodias de la vida onírica. Se explica entonces el sueño por la pesadilla, sin ver que la pesadilla es la enfermedad del sueño, la ruptura y la desorganización de las fuerzas oníricas, la mezcla informe de las materias oníricas elementales. Pero el sueño, el ensueño dan, al contrario, a nuestro ser, una bienaventurada unidad.




La poesía no es una tradición, es un sueño primitivo, es el despertar de las imágenes primeras.




La imagen cura a la imagen, la ensoñación cura el recuerdo.




Todo parecía ascender, ascender aún, ascender siempre, en el arrebato de ese canto.




La poesía pura no puede aceptar tareas descriptivas, tareas asignadas en el espacio poblado de objetos bellos. Sus objetos puros deben trascender las leyes de la representación. Un objeto poético puro deberá, por tanto, absorber a la vez todo el sujeto y todo el objeto.




Las imágenes poéticas son operaciones del espíritu humano en la medida en que nos aligeran, o nos levantanas o nos elevan. No tienen sino un eje de referencia: el eje vertical. Son esencialmente aéreas. Si una sola imagen del poema deja de cumplir esta función de aligeramiento, el poema se aplasta, el hombre vuelve a su esclavitud, la cadena le hiere.




Para ciertas almas que tienen una vida nocturna poderosa, amar es volar.




En el sueño no se vuela para ir al cielo; se sube al cielo porque se vuela.




El que no asciende, cae. El hombre, como hombre, no puede vivir horizontalmente.




Porque el poeta nos descubre un matiz fugaz, aprendemos a imaginar todo matiz como un cambio. Sólo la imaginación puede ver los matices; los capta al paso de un color a otro. ¡Acontece que en este mundo viejo había flores que no supimos ver! Las vimos mal, porque no las vimos cambiar de matices. Flroecer es desplazar matices, es siempre un movimiento matizado.




Un hermoso poema es un opio o un alcohol. Es un alimento nervino.




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