Sonido Fulgor

viernes, 28 de diciembre de 2007

De Hölderline







Pero ¡amigo!, venimos demasiado tarde.



En verdad viven los dioses, arriba en otro mundo.



Trabajan eternamente y parecen preocuparse poco de si vivimos:



tanto se cuidan los celestes de no herirnos.



Nunca pudiera contenerles una débil vasija;



sólo a veces soporta el hombre la plenitud divina.



La vida es un sueño de ellos.



Pero el error nos ayuda como un adormecimiento;



nos hacen fuertes la necesidad y la noche.



Hasta que los héroes crecidos en cuna de bronce



vengan, como en otro tiempo sus corazones se



parecieron en fuerza a los celestes.



Ellos viven entre truenos.



Me parece que a veces es mejor dormir que estar



sin compañero.



Al esperar así, ignoro qué decir o qué hacer.



Y ¿para qué poetas en tiempos aciagos?



Pero son, dices tú, como los sacerdotes sagrados del Dios del vino,



que erraban de tierra en tierra, en la noche sagrada.

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