Sonido Fulgor

viernes, 7 de mayo de 2010

La naturaleza del arquetipo


Desde la página 196 de Arquetipos e Inconsciente Colectivo, C.G. Jung, Paidós.

Son imágenes (los arquetipos) que varían de muchos modos remitiendo a una forma primordial, en sí no intuible. Esta se caracteriza por ciertos elementos formales y ciertas significaciones fundamentales que sólo se pueden aprehender aproximadamente. El arquetipo en sí es un factos psicóideo que pertenece, podríamos decir, a la parte invisible, ultravioleta del espectro psíquico. Como tal no parece capaz de conciencia. Aventuro esta hipótesis porque todo lo arquetípico que es percibido por la conciencia parece representar variaciones sobre un tema fundamental. Esta circunstancia llama extraordinariamente la atención cuando se examinan las infinitas variantes del tema del mandala. Se trata de una forma primordial relativamente simple, cuya significación acaso pueda ser expresada llamándola "central". Pese a que el mandala aparece como la estructura de un centro, queda incierto si dentro de la estructura está más acentuado el centro o la periferia, la división o el conjunto indiviso. Como otros arquetipos dan motivos a dudas semejantes me parece probable que la naturaleza propia del arquetipo sea incapaz de conciencia, es decir trascendental, por lo cual lo llamo psicóideo. Además, toda intuición de un arquetipo es ya consciente y por lo tanto distinta en medida indeterminable de lo que causó la representación. Como lo señaló L. Tipps, la esencia de lo psíquico es inconsciente. Todo lo consciente pertenece al mundo fenoménico que, como nos enseña la física moderna, no tiene las notas que exige la realidad objetiva. Esta requiere un patrón matemático que descansa en factores invisibles e irrepresentables. La psicología no puede sustraerse a la validez general de este hecho y tanto menos cuanto que la psique observadora está ya incluida en la formulación de una realidad objetiva. Es verdad que su teoría no puede tomar una forma matemática en tanto no poseemos ninguna unidad de medida para las cantidades psíquicas. Tenemos que contentarnos exclusivamente con cualidades, es decir, con fenómenos perceptibles. De ese modo la psicología queda imposibilitada para hacer manifestación alguna sobre los estados inconscientes. De acuerdo con esto, no hay esperanzas de que la validez de lo que se afirma sobre estados o procesos inconscientes pueda ser comprobada científicamente. Todo lo que decimos de los arquetipos son ilustraciones o concretizaciones que pertenecen a la conciencia. Pero sólo en esta forma podemos hablar de los arquetipos. Hay que tener siempre conciencia de que lo que entendemos por "arquetipo" es irrepresentable, pero tiene efectos merced a los cuales son posibles sus manifestaciones, las representaciones arquetípicas. Una situación totalmente semejante encontramos en la física, cuyas partículas mínimas son en sí irrepresentables pero tienen efectos de cuya naturaleza puede derivarse cierto patrón. Una construcción de ese tipo corresponde a la representación arquetípica, el llamado tema o mitologema. Si se admite la existencia de uno o varios factores no intuibles se establece también la posibilidad -y esto no siempre se advierte suficientemente- de que no se trate de uno o varios factores sino sólo de uno. Es evidente que la identidad o no-identidad de dos magnitudes no intuibles no puede comprobarse. Si la psicología admite la existencia de factores psicóideos irrepresentables, hace en principio lo mismo que la física cuando ésta construye un modelo del átomo. Resulta entonces que no sólo la psicología tiene la desgracia de designar su objeto con un nombre que representa una negación, con ese nombre tan a menudo criticado: lo inconsciente, sino que también le ocurre lo mismo a la física que no puede evitar la designación átomo (lo indivisible), que se emplea desde hace tanto tiempo para las partículas más pequeñas de masa. Así como el átomo no es indivisible, del mismo modo lo inconsciente, como hemos de ver, no es meramente inconsciente. Así como, desde el punto de vista psicológico, la física no alcanza sino a establecer la existencia de un observador sin poder hacer ninguna afirmación sobre su naturaleza, del mismo modo la psicología sólo puede señalar la relación de la psique y la materia pero sin poder manifestar nada acerca de su naturaleza.
Como la psique y la materia están contenidas en uno y el mismo mundo y además están en contacto permanente y descansan en última instancia sobre factores trascendentales, no sólo existe la posibilidad sino también cierta probabilidad de que materia y psique sean dos aspectos distintos de una y la misma cosa. Los fenómenos de sincronicidad apuntan, según me parece, en esa dirección, ya que tales fenómenos muestran que lo no-psíquico puede comportarse como psíquico y viceversa sin que exista entre ambos un vínculo causal. Nuestros actuales conocimientos no nos permiten mucho más que comparar el mundo psíquico y el material con dos conos, cuyos vértices se tocan y no se tocan en un punto sin extensión, un verdadero punto cero.

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