Sonido Fulgor

sábado, 12 de noviembre de 2011

Escalinata del palacio (de Antonio Colinas)

Hace ya mucho tiempo que habito este palacio.
Duermo en la escalinata, al pie de los cipreses.
Dicen que baña el sol de oro las columnas,
las corazas color de tortuga, las flores.
Soy dueño de un violín y de algunos harapos.
Cuento historias de muerte y todos me abandonan.
Iglesias y palacios, los bosques, los poblados,
son míos, los vacía mi música que inflama.
Salí del mar. Un hombre me ahogó cuando era niño.
Mis ojos los comió un bello pez azul
y en mis cuencas vacías habitan escorpiones.
Un día quise ahorcarme de un espeso manzano.
Otro día ma até una víbora al cuello.
Pero siempre termino dormido entre las flores,
beodo entre las flores, ahogado por la música
que desgrana el violín que tengo entre mis brazos.
Soy como un ave extraña que aletea entre rosas.
Mi amigo es el rocío. Me gusta echar al lago
diamantes, topacios, las cosas de los hombres.
A veces, mientras lloro, algún niño se acerca
y me besa en las llagas, me roba el corazón.

De Truenos y flautas en un templo

"A pesar de la fúnebre muerte, y la sombra, y la nada, yo tuve el ensueño.", 3 poemas de Porfirio Barba-Jacob



CANCIÓN DE LA VIDA PROFUNDA

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar...

Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonría...
La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar...

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en Abril el campo, que tiembla de pasión;

bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de obscuro pedernal;

la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.

Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
-¡niñez en el crepúsculo! ¡lagunas de zafir!-

que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
¡y hasta las propias penas! nos hacen sonreír...

Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer;
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.

Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar:

el alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.

Mas hay también ¡oh Tierra! un día... un día... un día
en que levamos anclas para jamás volver;

un día en que discurren vientos ineluctables...
¡Un día en que ya nadie nos puede retener!



LOS DESPOSADOS DE LA MUERTE

Michael Farrel ardía con un ardor puro como la luz.

Sus manos enseñaban a amar los lirios
y sus sienes a desear el oro de las estrellas.

En sus ojos bullían trémulas luces oceánicas.

Sus formas eran el himno de castidad de la arcilla,
suave y fragante y musical.

Bajo sus bucles rubios, undosos y profusos,
parecían temblar las alas de un ángel.

Emiliano Atehortúa era muy sencillo
y traía una infantilidad inagotable.

Su adolescencia láctea, meliflua y floreal,
fluía por las escarpas de mi madurez
como fluye por el cielo la leche del alba.

Cuando le vi en el vano ejercicio de la vida
me pareció que me envolvía el rumor de una selva
y me inundó el corazón la virtud musical de las aguas.

Hay almas tan melódicas como si fueran ríos
o bosques en las orillas de los ríos.

Guillermo Valderrama era indolente y apasionado.

Como un licor de bajo precio,
la vida le produjo una embriaguez innoble.

Sus formas pregonaban el triunfo de una estirpe.

Había en su voz un glú-glú redentor
y su amante le llamó una vez
"el Príncipe de las hablas de agua".

Leonel Robledo era muy tímido
bajo una apariencia llena de majestad.

En el recóndito espejo de su ternura
se le reflejaba la imagen de una mujer.

Toda su fuerza era para el ensueño y la evocación.

Le vi llorar una vez por males de ausencia
y me dije: hay una tempestad en una gota de rocío,
y, sin embargo, no se conmueven los luceros...

Stello Ialadaki era armonioso, rosáceo, azulino,
como los mares de Grecia, como las islas que ellos ciñen.

Efundía del mundo algo irreal, risueño, fantástico.

Se le veía como marchando de las playas de ensueño
que rozaron las quillas de Simbad el Marino,
hacia las vagas latitudes
por donde erró Sir John de Mandeville.

Cuando le conocí tuve antojo de releer la Odisea,
y por la noche soñé en el misterio de las espigas.
¡Evanaam! ¡Evanaam!

Juan Rafael Agudelo era fuerte. Su fuerza trascendía
como los roncos ecos del monte a los pinos.
Alma laboriosa, la soledad era su ambiente necesario.

Sus ilusiones fructificaban como una floresta
oculta por los tules del "todavía-no".

Sus palabras revelaban la fuerza de la realidad,
y sus actos tenían la sencillez de un gajo de roble.


ELEGÍA DE SEPTIEMBRE

Cordero tranquilo, cordero que paces
tu grama y ajustas tu ser a la eterna armonía:
hundiendo en el lodo las plantas fugaces
huí de mis campos feraces
un día...

Ruiseñor de la selva encantada
que preludias el orto abrileño:
a pesar de la fúnebre muerte, y la sombra, y la nada,
yo tuve el ensueño.

Sendero que vas del alcor campesino
a perderte en la azul lontananza:
los dioses me han hecho un regalo divino:
la ardiente esperanza.

Espiga que mecen los vientos, espiga
que conjuntas el trigo dorado:
al influjo de soplos violentos,
en las noches de amor, he temblado.

Montaña que el sol transfigura.

Tabor al febril mediodía,
silente deidad en la noche estilífera y pura:
¡nadie supo en la tierra sombría
mi dolor, mi temblor, mi pavura!

Y vosotros, rosal florecido,
lebreles sin amo, luceros, crepúsculos,
escuchadme esta cosa tremenda: ¡He Vivido!

He vivido con alma, con sangre, con nervios, con músculos,
y voy al olvido...

"tengo con delirio enamorada la saliva"


Jiga

Échame un vistazo al menos de arriba abajo
mírame cómo estoy de cabo a rabo enamorado
tengo enamorados los ojos
y tengo la boca enamorada
y tengo el pie izquierdo enamorado
y mucho más el pie derecho
tengo también enamoradas las espumosas ingles
y el pene conmovido enamorado como los niños de sus maestras
y los testículos al borde de las lágrimas de puro enamorados
tengo las manos pesadamente enamoradas
tengo enamorado el pecho combatiente
tengo con delirio enamorada la saliva
tengo la vieja cabeza altanera perdidamente enamorada
y enamoradas como vírgenes ridículas todas sus ideas
y todas mis palabras enamoradas hasta la tartamudez
y tengo enamorada la memoria
y enamorada hasta la abyección la imaginación
tengo el día y la noche enamorados
tengo enamorada cada hora con una herida roja y un sexo violeta
tengo enamorados los oídos y todo lo que oyen
y enamorada la lectura de cada línea que leo y cada idea que pienso
tengo la inteligencia magníficamente enamorada como una estúpida
y tengo enamorado este dedo meñique
y tengo enamorado el gesto con que escribo estas líneas
tengo la voz con que te llamo enamorada
y enamorada la paciencia milagrosa en que te espero
porque te espero enamorado y no me dejes así
junta apretadamente todo esto en tu abrazo
dueña de los enjambres y de las cataratas reúneme
recoge fuertemente en tu abrazo de hermana insensata
apretados contra tus pechos más claros que los himnos
calmados en tu seno de cauce de las fiebres caudales
todos estos pedazos doloridos.
De: Partición

Tesis y desprecio de Fernando Vallejo



viernes, 11 de noviembre de 2011

"¡Ay! ¿para qué silencios de agua?"



Preludio
Esa palabra que jamás asoma
a tu idioma cantado de preguntas,
esa, desfalleciente,
que se hiela en el aire de tu voz,
sí, como una respiración de flautas
contra un aire de vidrio evaporada,
¡mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!
en esta exangüe bruma de magnolias,
en esta nimia floración de vaho
que ensombrecido en luz el ojo agónico
y a funestos pestillos
anclado el tenue ruido de las alas
guarda un ángel de sueño en la ventana.

¡Qué muros de cristal, amor, qué muros!
¡Ay! ¿para qué silencios de agua?

Esa palabra, sí, esa palabra
que se coagula en la garganta
como un grito de ámbar,
¡mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!

Mira que, noche a noche, decantada
en el filtro de un áspero silencio,
quedóse a tanto enmudecer desnuda,
hiriente e inequívoca
- así en la entraña de un reloj la muerte,
así la claridad en una cifra -
para gestar este lenguaje nuestro
inaudible, que se abre al tacto insomne
en la arena, en el pájaro, en la nube,
cuando negro de oráculos retruena
el panorama de la profecía.

¿Quién, si ella no,
pudo fraguar este universo insigne
que nace como un héroe en tu boca?
¡Mírala, ay, tocata,
mírala ahora,
incendiada en un eco de nenúfares!
¿No aquí su angustia asume la inocencia
de una hueca retórica de lianas?
Aquí, entre líquenes de orfebrería
que arrancan de minúsculos canales
¿no echó a tañer al aire
sus cándidas mariposas de escarcha?

Qué, en lugar de esa fe que la consume
hasta la transparencia del destino
¿no aquí - escapada al dardo tenaz de la estatura-
se remonta insensata una palmera
para estallar en su ficción de cielo,
maestra en fuegos no,
mas en puros deleites de artificio?

Esa palabra, sí, esa palabra,
ésa, desfalleciente,
que se ahoga en el humo de una sombra,
ésa que gira - como un soplo- cauta
sobre bisagras de secreta lama,
esa en que el aura de la voz se astilla,
desalentada,
como si rebotara
en una bella úlcera de plata,
ésa que baña sus vocales ácidas
en la espuma de las palomas sacrificadas,
ésa que se congela hasta la fiebre
cuando no, ensimismada, se calcina
en la brusca intemperie de una lágrima,
¡mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!
¡mírala, ausente toda de palabra,
sin voz, sin eco, sin idioma, exacta,
mírala cómo traza
en muros de cristal amores de agua!


J.  Gorostiza

1981 - John Cage Meet Sun Ra

For those who think Thom Yorke is weird, meet Sun Ra. Yes, this man calls himself Sun Ra. This isn’t a band name, this is a man. Although legally born Herman Poole Blount, Sun Ra took upon his persona after being nicknamed Sonny as a child. But his name isn’t even the weirdest part. The man claims to be of the “Angel Race” and from the planet Saturn. He’s so mysterious that people think his date of birth could be anywhere from 1910-1918. Sun Ra said his astrological sign was Gemini, but who knows if even he knows? Sun Ra, of course, was a musician. He performed free jazz, known for his piano and synthesizer skill. He sounds like no other piano or synthesizer player and makes Miles Davis’ experimentation look like Lawrence Welk swing. Critics call his technique “a variety of influences, including blues, Count Basie's bounce, Thelonious Monk's dissonance and a degree of European impressionism.”

John Cage isn’t exactly all that normal either. He has a bit more of a revered background, studying music at the Cornish School of the Arts. However, the formal studying never got to his head. He created some of the most unique and contemporary music of the 20th century. On top of creating a musical piece for twelve radio receivers and music for an ensemble of metal percussive instruments, Cage made countless pieces of music based on the theory of “chance music.” In the score, Cage wrote silence in his music, however, he knew that at a live performance no such silence would occur. The sound in the performance venue becomes the music. He even wrote his most famous piece based on this theory, 4’33”, a 4 minute 33 second song divided into 3 movements of written silence. Not a single note.

These facts about these two men are essential to understanding this live performance. Without this information, the 45 minute performance seems terribly odd and zany. Sun Ra’s spastic, heavy synthesizer matched with Cage’s minimalist, sparse vocal noises seem all too much for a stable, sane human mind. On this recording, there are literally minutes of absolutely no music going on at the time. Cage showcases his “chance music” theory on this live recording, and the crowd apparently knows his ideas well. However, the recording quality diminishes from the chance music theory. Either the crowd kept incredibly silent or the recording did not pick up the sounds coming from the crowd. Overall, the recording quality of the performance is quite poor, often sounding like an old 50s movie.

Due to variety and musicality, Sun Ra heavily defeats John Cage on the performance. He opens the concert with a huge, furious, dissonant keyboard performance. The crowd cheers wildly and the spacey synthesizer sounds jump all around the range of the instrument and jump around in styles just as quickly. Elements of jazz flow in and suddenly a huge, orchestral sounding chord will overpower the recording instrument. The synth voices change frequently from a typical square lead voice to a bell sound to a synthesized voice. Sun Ra uses his range of voices perfectly, creating a heavy, metallic sound at some points which makes an even more frenzied sound to the already insane harmonic structure. He manages to jump from the most beautiful chords to the most dissonance in a matter of seconds. His first appearance goes on for 7 and a half minutes, garnering tumultuous applause from the audience. He later closes out the first half of the performance with a much more eastern tinged movement. Just when his playing couldn’t get any darker, he spends most of the second half making ambient, creepy noises. Much in the manner of the Mars Volta, he goes off without any sense of time or rhythm, creating whatever comes to mind. However, he lets the ambience slowly build into huge, crashing chords of either beauty or dissonance. Everything is going somewhere.

John Cage is just the opposite. His performance is much simpler. He merely steps up to a microphone and makes strange vocal noises. Cage’s voice sounds akin to an aging Johnny Cash. However, Cage never steps over saying more than 3 or 4 syllables at a time. He takes minute breaks before starting another few indistinguishable syllables. Of course, he relies on his “chance music” theory to get away with the minutes of silence. Sure, it’s a profound and intriguing idea, but it just gets old after a few minutes, especially when the recording buzzes in the background due to the quality. In truth, Cage is reciting excerpts from one of his poems in some strange language, known as Empty Words IV. However, who knows what he is saying? Luckily, Sun Ra saves the performance on the second half by filling in where Cage leaves silence. He fills with light, dainty keyboard lines way up high on the keys. He lets Cage have the show, not doing much of anything, but neither Cage still does less than Sun Ra. Cage proves a better composer and philosopher than a performer. Regardless, the crowd eats everything up, probably being mostly young, profound college kids themselves.

Knowing the stories and ideas of these two men, the performance of this album is almost the sonic equivalent of their lives. Sun Ra shows off his zany, spaced out mind. His music sounds like it’s from another planet, a royal proclamation from Saturn. Conversely, John Cage shows his independent, introspective self with his Empty Words IV literature and extended periods of silence. The two together form a compilation of some of the strangest, weirdest, and somehow profound music of all time. Both men being underappreciated and extremely important 20th century innovators, they never worry about fans or appeal like so many other artists. The two men show a love for music, ideas, and the profound relationship between them.





Soundchek (Joselo, de Café Tacuba)

El pasado fin de semana, debido a la complicada logística de dos fechas seguidas en la gira Rockampeonato Telcel algunos grupos no pudieron hacer prueba de sonido en la segunda de ellas, en Puebla. 
El grupo Renoh, a quien acompaño en este tour, fue uno de los grupos a los que un día antes se les comunicó este inconveniente.
El traslado desde la tocada del día anterior (Chihuahua) se cruzaba con los horarios dispuestos por la producción para las pruebas de sonido. Así que los Renoh estaban preocupados de tocar en su tierra sin tener todo resuelto y bajo control.
No me lo dijeron, pero se percibía que para ellos ésta era la tocada más importante de la gira. Entre el público habría gente que los conocía desde hace años, seguidores de antaño, familiares y amigos. Y claro, cómo podrían faltar alguno que otro detractor. Ante ellos, el grupo Renoh quería sonar impecable ¿y cómo lograrlo si no tenían prueba de sonido?
Hay una canción de Miguel Ríos, El blues del autobús, que describe la vida en la gira. Recuerdo mucho una frase en particular: “ siento que el equipo aquél nunca suena igual, ¿qué misterio habrá?”, y la verdad es que uno se cuestiona realmente por qué si todas las noches usas la misma guitarra, conectada con los mismos cables, el mismo amplificador seteado exactamente igual, con el mismo PA y los mismos ingenieros de sonido, siempre el resultado será distinto.
Parece que los aparatos tienen alma. Ghost in the machine. Yo por eso le doy un beso de vez en cuando a mi guitarra y le hablo bonito, como si fuera un caballo que me va a cruzar al otro lado del río.
Así que los seres humanos inventamos la prueba de sonido, elsoundcheck, para sentirnos seguros de que todo va a estar en orden a la hora de la tocada.
Para quienes no lo sepan, en un soundcheck revisas que tu instrumento esté sonando bien allá afuera, pero es muy importante que tú y los demás compañeros de tu grupo lo escuchen correctamente. Puede ser que alguno no quiera escuchar mi guitarra, pero para otros es básica para saber en qué parte va la canción. Seguramente todos queremos batería, pero mientras mi hermano Quique prefiere tener más presente el bombo, a mí me interesa escuchar más la tarola.
Las pruebas de sonido pueden ser aburridas y cansadas, ya que suceden a horas extrañas: o muy temprano en la mañana o muy tarde en la noche. Aunque hay de soundchecks a soundchecks. Dicen que Paul McCartney probó un día antes de su tocada en el Foro Sol con casi todas las canciones que iba a tocar. Un mini show privado para la gente de producción y colados. Esa prueba de sonido sí dan ganas de verla.
Siempre he creído que el trabajo más difícil en el negocio de la música es el de monitorista, pues tiene que lidiar con la percepción de cada músico y ésta cambia noche a noche y, a veces, minuto a minuto.
Así que haces tu prueba de sonido, le pides al ingeniero de monitores que le suba acá, le baje allá, ensayas con tu grupo una canción que hace mucho no tocan y todos felices. ¿Sí? Pues no.
Resulta que cuando empiezas a tocar con público te das cuenta de que el sonido no es el mismo de hace unas horas. Puede ser que la acústica del lugar haya cambiado debido a que antes el recinto estaba vacío y ahora que está lleno, muchas frecuencias de sonido se pierden o se agudizan. Tal vez no escuches tu instrumento debido a los gritos de euforia de la gente (o a sus abucheos, chiflidos y mentadas de madre). O lo peor, que estés en un festival de rock y antes de ti hubo 30 grupos tocando con el mismo ampli que estás usando y el pobre ya está cansado (de nuevo, Ghost in the machine).
Algo extraño sucede cuando por alguna razón es imposible que hagas prueba de sonido. Faltan unos minutos para tu tocada, el staff sube al escenario, hace line check (prueba que todo esté sonando) y subes con tu grupo a la buena de Dios. La prueba de sonido se realiza en la primera canción, un soundcheck express que resulta, muchas veces, más efectivo que si te hubieras pasado horas afinando detalles con tu ingeniero de monitores.
A los Renoh les fue muy bien en Puebla. Ene Filippi, la cantante, me dijo que había sonado
mejor su monitoreo que cuando han hecho prueba.
Bienvenida a un misterio más de esta música llamada rock.

De Excélsior
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