I
El cuerpo sin cuerpo no es alguna cosa vieja. Si tú te haces responsable de ti mismo, si nos queremos conocer por completo y ahora mismo, no antes ni después, entonces habrá de ser revelado el cuerpo sin cuerpo para ti.
II
El único modo de acabar con el desprecio, con el hábito mental de estar dándonos desprecio, es valorándonos. Valorarse y aceptarse es verte desde tu grandeza. ¿Qué tan grande es? Ponerle medida es limitarla. ¿Qué forma tiene? No tiene forma, puede ser lo que tú quieras, tú le das la forma, si tú quieres puede ser un perro, una montaña, una flor.
viernes, 3 de julio de 2009
Canción de mi tristeza
Tú que eres tú,
mar, cielo, sol,
¿por qué creen que te conocen?
¿por qué ya no te miran?
¿quiénes son ellos?
¿cómo les hago ver que estás aquí?
Les señalo al cielo
pero no comprenden.
Abro ventanas pero
después las cierran.
Lloro por el mar
y me tienen miedo.
Y entonces les señalo,
les canto, les abro,
les lloro el corazón,
pero me aterro al descubrir
que el corazón olvidaron.
Tú que eres tú,
¿qué haremos con ellos
que no son ellos?
Emil, La Habana, junio 2009.
Enseñanza de Ryōkan
Daigu Ryokan, cuyo nombre significa "gran tonto repleto de bondad", nació en 1758, al final de la era Tokugawa.
I
¿Quién dice que mis poesías son poesías?
Mis poesías no son poesías en absoluto.
Cuando comprendas
que mis poesías no son en verdad poesías,
podremos hablar de ellas.
II
¿De dónde vino mi vida?
¿Dónde irá?
Junto a las ventanas de mi tosca choza
busco en mi corazón en silencio profundo.
Aunque busco y busco,
no encuentro dónde empezó todo,
¿cómo voy a encontrar su final?
Ni el momento presente se puede captar;
todo cambia, todo es vacío:
este yo sólo existe por un momento en esa vacuidad.
¿Cómo decir si algo es o no es?
Es mejor quedarse con esos pensamientos pequeños,
dejar que las cosas sigan su curso sencillamente
y así, ser natural y tranquilo.
III
Tendido solo y enfermo en mi choza,
no veo a nadie en todo el día;
mi cuenco está en su saco, colgado en la pared,
mi bastón recogiendo polvo,
mis sueños van errantes por los montes y los campos,
mi corazón vuelve a la aldea a jugar.
Y allí me encuentro a todos los niños en el camino,
esperándome, como siempre.
IV (días antes de morir)
No distintos del rocío
que se va disipando de la hierba de Musashino,
todos podemos estar en el mundo
no más que un sueño pasajero.
V
Libre de ataduras, como una bruma arrastrada por el aire
me dejo llevar
hasta donde me quiera dejar el viento.
jueves, 2 de julio de 2009
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