viernes, 14 de septiembre de 2012
Filosofar es aprender a morir
domingo, 22 de enero de 2012
Emile Michel Cioran
Fotos: emilmcioran.blogspot |
Foto: emilmcioran.blogspot |
sábado, 22 de octubre de 2011
Teoría marrana por Alberto Moreiras
miércoles, 21 de septiembre de 2011
domingo, 11 de septiembre de 2011
La desaparición de las humanidades en México
A fines de 2008, el gobierno inició una reforma de la Educación Media Superior (RIEMS) que afecta a millones de estudiantes. Su puesta en marcha se sustentó en la publicación de Acuerdos (el 442 y 444) publicados en el Diario Oficial de la Federación. Su objetivo principal: preparar a los jóvenes para “la globalización”. Mientras otros reformadores, como Gabino Barreda, Justo Sierra o José Vasconcelos, fundamentaron la necesidad de cambios en la educación a partir de un análisis profundo de las necesidades del país, el actual gobierno se ha limitado a seguir, con empeño digno de mejor causa, las indicaciones de la OCDE. Sin embargo, cuando los profesores de humanidades indagaron sobre el contenido de la reforma, descubrieron con sorpresa que en el cuadro básico de asignaturas faltaba el área de las humanidades y que sus disciplinas se habían dispersado en otras áreas: la literatura en la de comunicación, al lado de inglés y computación; la historia en la de ciencias sociales, y la filosofía fue enviada a unaterra ignota llamada “transversalidad”. ¿Cuáles fueron las razones de estas medidas tan radicales? Jamás lo han explicado. ¿Para qué y ante quién?, dirían. Ante esta situación, las asociaciones filosóficas del país iniciaron, en 2009, un fuerte movimiento de defensa de las humanidades que culminó en mayo de ese año con una rápida negociación, ante la urgencia de las circunstancias (influenza, crisis económica), de un Acuerdo (el 488) en que las autoridades restablecían el área desaparecida y definían las materias filosóficas como básicas y obligatorias. ¿Qué había pasado? ¿Las autoridades, en un acto inusitado de contrición habían reconocido su error y procedían a subsanarlo? ¡Qué ejemplo de autocrítica tan impresionante! Pero además, el nuevo acuerdo fue sometido a aprobación unánime de las autoridades educativas del país y publicado en el Diario Oficial de la Federación con la firma del maestro Alonso Lujambio, titular de la SEP(23/06/09). Parecía entonces que todo iba por buen camino; sin embargo, un año más tarde se organizó un coloquio nacional (véase el libro titulado Situación de la filosofía en la educación media superior,en www.ofmx.com.mx) para realizar un diagnóstico sobre la situación de la filosofía en la EMS y se concluyó que ni se había conformado el área de humanidades, ni se habían restablecido las materias filosóficas en forma integral. Lo que ocurrió fue que en algunos sistemas desparecieron, en otros se cambiaron sus nombres y contenidos y, en otros más, se mantuvieron de manera fortuita. ¿Cómo es posible que una clase de ética filosófica no sea obligatoria frente a la crisis de valores prevaleciente y el inmenso proceso de deshumanización en que nos encontramos? –he preguntado a las autoridades– y su respuesta ha sido siempre un desconcertante silencio. Así, laSEP no sólo cometió un agravio en contra de la sociedad al desaparecer las humanidades de la educación, sino también al incumplir sus propios acuerdos. ¿Cuáles son las causas de este empecinamiento? Hay una de fondo: la profundización del productivismo, mercantilismo y consumismo en todos los ámbitos de la vida, que no quiere dejar espacio alguno a lo que considera “improductivo”. Por otro lado, existe un traslado acrítico por parte de las autoridades, de las estrategias globales diseñadas por la OCDE. Nuestros administradores no repiensan las directivas de acuerdo con “nuestros intereses”, sino de acuerdo con los intereses de los grandes países productores. Finalmente, de lo que se trata es de disolver las humanidades para que los jóvenes no obtengan una conciencia crítica del mundo en que viven, ofreciéndoles como premio su ilusorio ingreso a la sociedad postmoderna. El día 8 de agosto pasado algunos de los mejores miembros de la comunidad filosófica, científica y cultural publicaron una enérgica reivindicación de las humanidades en la ems. Lo más probable es que las autoridades no escuchen, o peor: que recurran a la simulación y el doble lenguaje. El problema es que lo que está en juego es una concepción de lo que debería ser nuestro país.
martes, 6 de septiembre de 2011
Neuro-, Bio-, Psi-. Un testimonio del coloquio 11° 17 Instituto de Estudios Críticos. Eduardo Medina Frías
A decir de Aldo Trucchio, la filosofía está muerta. Como si los grandes sistemas filosóficos de ambiciones omniaberrantes fueran la única forma de pensamiento filosófico en la historia y hoy.
En su apologética negada, Trucchio declara que si bien la filosofía ha muerto, lo que perdura es un pensamiento filosófico; esto puede ser una clave o una perogrullada, porque sabemos que la filosofía, el psicoanálisis o las neurociencias son precisamente eso: pensamientos de cierto orden, entretejidos de pensamientos; su grado de sistematización, no los convierte en otra cosa. Pero si, seguramente, la sistematización puede llevar a la reificación, puede hacer de nuestros pensamientos un tejido ilusorio que concebimos en su ser: como algo separado a nosotros. El olvido: ya no es nuestro pensamiento, sino una realidad objetiva por explorar. Sistematización y método implican una ontología, toda ontología contiene en sí misma las conclusiones que pretendemos confirmar. En este sentido y dentro de los límites de lo posible, la filosofía debe aniquilarse en su sistematización para mantener su lucidez frente a estos menesteres. Proceder opuesto y por necesidad a la ciencias: frente a nosotros, en nosotros, se encuentra la extrañeza, y solo sentimos una gran necesidad, esta es la base de nuestra confusión. El conocimiento comienza como un proceder por supervivencia; lo mesurable de la ciencia, sus hipótesis y teorías se mueven en esta extrañeza de modo efectivo para otorgarnos comida, refugio y seguridad. Los discursos de conocimiento nos otorgan seguridad frente al sufrimiento ubicándonos frente a la tremenda necesidad y nosotros desprovistos, ofreciendo posibilidades ante la impotencia frente a esta extrañeza. El mayor mutismo no es callar, es hablar, erguimos discurso tras discurso en un entretejido que busca la evasión ante esa situación básica. La distancia de la filosofía, por su muerte habla de estos asuntos desde un silencio: el que queda después de la caída de estos discursos. Este silencio es el del vacío, el cual convierte a todos los discursos en meras pantomimas. (No se niega la posible utilidad de algunas).
El suicidio declara que se reconoce la ausencia de una razón por la cual vivir. Hay un rompimiento entre el ser humano y su bios. O más claramente entre el ser humano y los discursos sistematizantes que enuncian el ¿Qué? del bios, otorgándole una diversidad de sentidos, edificándolo como la realidad objetiva de su ser, a la cual renuncia, con el acto de una muerte voluntaria. En la conferencia de Jesús Ramirez fue mencionado el caso de una muchacha que amenazaba con el acto del suicidio como lo irremediable ante cualquier posibilidad vital que se le presentara; Neuro- y Psi- descubren la impotencia de sus discursos ante la aniquilación voluntaria de Bio-.
Neuro- al no ubicar el desequilibrio en la materia que cause el síntoma, al no encontrar la magia química con que resolverlo, descubre el límite de su paradigma, y con ello, se devela su aparato de conocimiento como la ambición neurótica del conocimiento objetivo frente a eso que él mismo denominó en su hipótesis: materia, otorgándole un estatus ontológico que a su vez crea un sentido de bios, uno que prometía cierta bienaventuranza al develar su secreto oculto. Psi- por su parte busca ejercer el poder de su discurso, uno debidamente fundado en un deber ser que responde a ideologías particulares elevadas ontológicamente a nivel de verdad absoluta y sobre de cuales se erige el rumbo social al cual hay que reinsertar al individuo. Pero la suicida renuncia a dicho discurso en cualquiera de sus variantes, desde el momento en que ella es la grieta en el constructo social de dicho discurso, -lo que dice parece tener algo de razón doctorcita y comprendo desde donde lo dice, pero esos juegos ya no son para alguien como yo, yo simplemente deseo acabar con mi vida al salir de aquí. La pregunta crítica apremiante, si se permite hablar a los muertos, no versa sobre el sentido de la vida, de bios, sino que versa, desde el vacío, en si efectivamente el negarle un sentido a bios, porque no hay discursos inherentes a tal, nos lleva por fuerza a declarar que no vale “la pena” mantenernos con vida.
Existe en nosotros una necesidad neurótica de racionalidad, de determinación. Cierto es que pensar siempre conlleva cierta necesidad de igualar las apariencias bajo el rostro de un principio ordenador, nuestra supervivencia exige aplicar figuras simbólicas y cuantificables a nuestra experiencia, ¿pero en que momento nos olvidamos de la cualidad vacía de dichas categorías y discursos? ¿O será que apenas lo descubrimos? Al hablar de realidad, hablamos de nuestra dimensión de experiencia, dicha experiencia es Bios-. Lo que digamos en torno a esta experiencia crea plataformas, dispositivos de realidad, realidades que se tornan en filtros que velan/determinan nuestra experiencia. Ser es lo que digamos en torno al Ser.
Luisella Brusa desde el psicoanálisis alude al vacío al enunciar la noción de verdad como un mero constructo del lenguaje; sin embargo esto no quiere decir que verdad pueda ser cualquier cosa, se trata de un constructo histórico y cultural, La clave está en que la verdad, como constructo hegemónico, es un constructo de utilidad; elegimos nuestros modelos de realidad en función de nuestra supervivencia: en el ámbito científico por ejemplo, como señaló el Dr. Ricardo Colin, al arribar al espacio vacío, las distintas teorías parecen perder su dureza discursiva y al final pareciera tratarse de una predilección ontológica, durante el siglo pasado, la hipótesis del materialismo reduccionista sin duda fue la predilección de facto a otorgar el mayor avance respecto a nuestro dominio del mundo natural y el beneficio que obtenemos con esto, sin embargo las observaciones cuánticas y la revolución respecto al concepto de energía que conllevan, develan lo naif del presente cientificismo determinista y su ambición totalitaria. La revoluciones científicas ejemplifican a nuestros discursos como meros aparatos cognoscitivos de utilidad temporal, pero develan también como dichos paradigmas se tornan en nuestro modo vital de experiencia; pareciera que no podemos escapar a nuestra tendencia a reificar, a objetivar nuestros propios discursos. Tal vez se trate del insorteable punto ciego de los límites de nuestra mente, ese peculiar término del que pareciera no podemos decir algo certero entonces, del mismo modo en que el ojo no puede verse a sí mismo, o por el contrario, de la mente hemos dicho todo lo que hemos dicho de sus objetos.
Es totalmente cuestionable esta supuesta dualidad: mente o conciencia como lo inmaterial, vs. cerebro, órgano como lo material, se trata meramente de un discurso temporal; uno que dentro del imperio del cientificismo reduccionista empareja lo real como lo material tangible, y lo irreal como intangible. ¿Conciencia y pensamiento lo irreal o nuestra insorteable realidad? Pienso ahora, lanzándome al mutismo que es hablar, llenándome de mi discurso, que lo real es lo intangible, y lo tangible son nuestros discursos, discursos que son regímenes de poder, que determinan con sus verdades. Bios- es conciencia, conciencia que en su esencia es experiencia vital ilimitada, limitada por nuestra propia enunciación de discursos; conciencia que siempre es posibilidad de espacio fuera de los regímenes del discurso, espacio que es vacío. Vacío que es infinita e ineludible multiplicidad de posibilidades en incesante transformación. La forma es el vacío, el vacío es la forma. Pensar nos dice Camus, es aprender de nuevo a ver, a estar atento, es orientar la conciencia, es hacer de cada idea, de cada imagen, a la manera de Proust, un lugar privilegiado.
Néstor Braunstein se equivoca, al citar al viejo Marx, el ser social no determina al individuo, lo potencializa. No se trata de juegos de lenguaje o predilecciones terminológicas, lenguaje es discurso, discurso es realidad: experiencia vital. Determinación no deja lugar a la acción del individuo, se trata de la vieja trampa Hegeliana. Potencialización pone la conciencia individual en una balanza, donde ciertamente puede quedar determinado: el esclavo, la conciencia alienada; pero bien puede ocurrir la toma de conciencia, y con ello transformar su ser social: la revolución, la deriva incesante.
¿Vale la pena o no la vida ser vivida si carece de sentido y es que carece de sentido? Bien respondía Sartre cuando un estudiante le pedía consejo respecto a si ir o no la guerra, -usted es libre, usted invente-.Se trata pues de una respuesta individual y profunda, en donde la inercia más que la lucidez toma la palabra. Decía Witold Gombrowicz –ataco a todas esas formas que dejan de ser para el hombre un cómodo abrigo y se convierten en rígido caparazón. Ataco todo aquello que, contra nosotros, crece por sí solo y para comprometernos-. Estas formas son para él lo concluso, la madurez. La inmadurez sería lo maleable, la libertad que puede ser cualquier cosa, mientras que la madurez es la máscara social donde lo individual renuncia y se somete frente a una hegemonía a alcanzar su propia forma. Este es el problema de la forma, el hombre como creador de las formas y como esclavo de las formas. Tal vez sea el suicido una forma radical de renuncia a las formas en nombre de una individualidad, un suicidio lúcido; pero tal vez sea el efecto más nefasto de un discurso que nos dicta que la vida “debe” tener un sentido y frente a un posible momento de lucidez ante el vacío, nos decantamos por la pantomima más patética: la del impotente con iniciativa.
En todo caso, si Bio- es ese lugar privilegiado del que nos habla Camus, ni los químicos de Neuro- ni el discurso neurótico de Psi- podrán hacer algo al respecto del suicidio lúcido. Tampoco respecto al caso de la decidida muchacha mencionado en la segunda conferencia del coloquio.
Pero tampoco podemos deslindarnos del asunto bajo la excusa filosófica de la libertad individual, no hay libertad en un caso de alienación extrema como el de dicha muchacha, y nuestra tremenda pasividad social, cada acto de inconciencia consiente nos vuelve responsables, responsables de ese suicidio cada vez que callamos ante la injusticia de un discurso de poder inoperante, cada vez que dejamos a las formas deformes hablar y nos perdemos en ese mutismo. Ese suicidio, si ocurre es mucho más nuestro que el de ella.
Yo si pienso, porque renuncio a esos mutismos, que tal vez modelos para-sociales como el presentado por Sorana Iancu podrían posibilitar que un caso así, de manera individual, dicha muchacha vuelva a aprender a ver con nuevos ojos, a descubrir el privilegio del Bios. Un tal vez en tanto que otros modelos sociales, siempre son posibles si aprendemos a morir; a suicidarnos en nuestras formas anquilosadas.
Mente, conciencia, realidad es lo que quieras que sea. Hola ¿Cómo te llamas?
domingo, 27 de marzo de 2011
Brevedad
Postmodernity or the internet, ilustración de Avidae
La brevedad en el tiempo postmoderno
Fabrizio Andreella
I
En la época de la velocidad absoluta el tiempo es una espera. Contradicción aparente, porque si todo es miniaturizado por las prestaciones de la tecnología, no es que ganemos tiempo, más bien lo fragmentamos en una multitud de esperas momentáneas.
Lo que nos parece una ampliación del tiempo es en realidad una segmentación. El tiempo es desmenuzado como la pantalla de una televisión por cable: mil canales y un control remoto que pulveriza la atención y mueve las caderas de la información en un baile sin fin de pequeñas curiosidades.
Muy a menudo nos toca esperar unos segundos para que un aparato termine de procesar los datos que hemos inyectado en sus entrañas. (Cero-uno, cero-uno. El código binario del mundo digital trabaja para nosotros.)
Claro está que el tiempo de espera es siempre más corto, porque el pertinaz desarrollo tecnológico quiere dar espacio también a otras actividades de las maquinas y a otras esperas de los humanos.
El tiempo de la cotidianidad contemporánea es entonces como uno de esos quesos punteados por minúsculos agujeros, imperceptibles y claustrofóbicas salas de espera en las cuales nos acomodamos mil veces durante el día. Adentro no hay revistas que leer o desconocidos con quienes hablar. Todo es demasiado rápido para empezar algo nuevo, y demasiado lento para no percibir la discontinuidad. No hay más que esperar.
Ese tiempo libre no es un espacio para el ocio creativo, sino algo que hay que llenar con tabletas de vitaminas entretenidas, o sea juegos, noticias, chateos, mensajes cortos, pedazos de música digital, fotos, videos: pastillas que se encuentran en la farmacia trashumante que tenemos en el bolsillo, el iPhone o sus imitadores
Sí, hoy tenemos mucho tiempo libre, pero es un simple adorno que tiene la misma consistencia e importancia del azúcar glass esparcido sobre un pastel. ¿El tiempo tamizado por nuestras herramientas tecnológicas es un tiempo apacible para el sistema nervioso? Y sobre todo, ¿influye en nuestra experiencia?
II
Esta fragmentación no atañe únicamente al tiempo. El mundo que nos alcanza es demasiado abundante, rebosa una cantidad incontrolable de novedades y estilos, de necesidades y aspiraciones, de acontecimientos y noticias.
Necesitamos instrumentos para seleccionar, agrupar, dar formas y conexiones a todos los pedazos recogidos. Solamente así es posible moverse en la jungla mediática de hoy, en la cual hacemos constantemente una obra de absorción de mensajes mediáticos, un copy-paste psicológico que requiere una mesa de mezclas para que todo se amalgame.
Nos vemos obligados a sintetizar, y quizá simplificar, para poder recomponer la masa de informaciones que nos bombardea incesantemente. En el pasado, el arte de la selección parecía una práctica de adultos que no preferían la cantidad y disfrutaban la calidad. Hoy, la selección se vuelve práctica obligatoria para los adolescentes que tienen que aprender a flotar y a orientarse en el mar de la sociedad mediática.
De hecho, vivimos en un mundo informativo digital que sería incomprensible si no fuera por unos instrumentos que, además de seleccionar, fungen de almaceneros. Periódicos, televisión y sitios web reciben y ordenan la información para disponerla en las estanterías a donde llegará nuestra carretilla elevadora: un mouse, un control remoto.
Los bloggers son más bien corredores de noticias, o diyéis de la información que ofrecen una experiencia del mundo a través de las noticias escogidas. Hay quien toca música pésima, y otros que son muy buenos, pero es la reputación que alcanzan lo que determina el éxito del “proceso de civilización mediático-digital” que nos toca.
Nos guste o no, estos almaceneros y diyéis son las venas por donde corre la sangre digital de la información.
III
La condensación y la fugacidad son los estilemas necesarios a la aventura postmoderna. Las píldoras substituyen a los alimentos, las tarjetas al dinero, las pantallas al viaje, Facebook a las cafeterías, la televisión por cable a los estadios de futbol, la pornografía al sexo, los sondeos de opinión a las elecciones democráticas. Estos empobrecimientos de la experiencia sensorial son presentados como fantásticos éxitos del desarrollo y vividos como cómodos “ahorros de tiempo” para el ciudadano.
Esta es una cultura metafóricamente representada por el Post-it. Esas hojitas amarillas, discretas y educadamente pegadizas, son el símbolo de nuestros tiempos. A más de treinta años de su invención, se puede decir que ha sido una idea, más allá de su genial funcionalidad, emblemática de toda una cultura en construcción. En este principio de siglo que ya no es líquido, para utilizar el exitoso lema de Bauman, sino más bien gaseoso; todo es breve, ligero y evanescente como un Post-it.
IV
Sin embargo, existe una larga tradición de cultura y culto a la brevedad, del tajanteveni, vidi, vici (llegué, vi, vencí) de Julio César, a los haikus japoneses. El mismo tiempo fue un sagaz amante de la concisión cuando le quitó todo lo innecesario a las antiguas palabras de los presocráticos y nos entregó la belleza de las ruinas, o sea los fragmentos de Hesíodo, Tales, Anaximandro, Pitágoras, Heráclito, Parménides y otros más.
¿Y qué decir de todos los apasionados de la brevedad en el siglo XX como Cioran, Canetti, Gómez Dávila, Lec, Kraus, Flaiano, Gómez de la Serna? ¿O de la perfección musical, geométrica y cósmica de M’illumino d’immenso (me ilumino de inmensidad), el poema que el 26 de enero de 1917 Giuseppe Ungaretti concibió como dos versos que se reflejan, dos anillos enlazados para el yo y el universo?
Tampoco se puede olvidar la pudorosa parquedad de Jorge Luis Borges, que posiblemente no ganó el más merecido Premio Nobel porque nunca se atrevió a enjaular en la prolijidad su colosal erudición y su genio narrativo. ¿Y dónde podremos liberar al dinosaurio de Augusto Monterroso que todavía está allí, en la memoria de todos sus lectores?
Esas concisiones son relámpagos que abren abismos o espacios siderales, que dan acceso a mundos desconocidos o a nuevos placeres. Bendiciones del arte que nos acercan al silencio. Y se sabe que la última palabra de un verdadero gurú es el silencio, esa palabra muda del espacio que es la forma extrema de brevedad eterna.
V
Aforismos, albures y greguerías; parábolas, epitafios y calambures; sentencias, reglas y códigos; fórmulas, instrucciones y teoremas; proverbios, koans y apotegmas; playlist, recetas y listas; tarjetas, telegramas y graffitis.
Hay miles de formas breves con las cuales hemos logrado la eficiencia del mensaje, hemos evitado la dilapidación de palabras, hemos glorificado el humorismo, destilado el conocimiento, defendido la colectividad, organizado la complejidad, cantado la poesía.
Empero, hoy la brevedad no es una elección de elegancia, sabiduría o pudor, más bien es una necesidad decretada por la inundación de datos informativos, por la reducción del tiempo psicológico a tiempo real, es decir, a una instantaneidad constante, generadora de ansiedades y neurosis que nuestros tiempos consideran simplemente como “actitudes” o “predisposiciones”.
VI
En sus Seis propuestas para el próximo milenio, Italo Calvino advirtió que en tiempos siempre más congestionados, la literatura había que apostar por la “máxima concentración de la poesía y el pensamiento”. La sensación es que algo llegó antes de la literatura y llenó la escena con eslóganes persuasivos y apodícticos como just do it, think different o yes, we can.
Esta atomización del discurso social es hija y al mismo tiempo generadora de la bulimia de datos. Necesitamos comer incesantemente botanas informativas, visuales y emocionales. Los tentempiés mediáticos tienen que ser pequeños, bien cocidos, digeribles y baratos.
Música, televisión, juegos, noticias se tienen que conformar con ese estilo. El estilo de internet, donde brincando sin dirección de una curiosidad a otra le echamos un vistazo a los e-mails, a los títulos de los periódicos, al horóscopo del día, al video en YouTube, al mensajito en Facebook, a los símbolos en Skype. Tenía razón Stanislaw Jerzy Lec: “El hombre nace, vive y muere en el espacio de una frase.”
VII
La realidad es lenta, flemática y demasiado voluminosa. Preferimos las sinopsis de las emociones, las recopilaciones de los sentimientos, el inventario de la complejidad, el resumen de la verdad.
Nos ayuda internet, un distribuidor automático de distracciones de masa y también de increíbles oportunidades. Sin embargo, el orificio de donde salen todos sus productos es angostito y a lo mejor nuestros cerebros se están conformando con ese tamaño. ¿Nos estamos acostumbrando a vivir adentro de las dimensiones de las mercancías?
Fragmentación o síntesis, mundo superficial o condensado, lo cierto es que vivimos la época de la miniaturización, no solamente tecnológica sino también de la experiencia.
VIII
Siempre hemos necesitado sintetizar al mundo –en un mapa o una religión– y reducirlo –con el individualismo o la indiferencia. Hoy ya no es necesario, porque lo hemos doblado bien para traerlo en el bolsillo. No tiene aroma, sus colores son pálidos y, por ser wireless, hay que cargarlo muy a menudo. Pero es más fácil, eso sí, porque los pensamientos largos o profundos ya nos dan dolor de cabeza.
Consumimos esquirlas de muchos productos sin tener la experiencia integral de uno solo. Vivir de suplementos dietéticos sin comida real no es sano. Cualquier nutricionista serio nos dirá que las tabletas de vitaminas no pueden reemplazar completamente a la fruta. Deberíamos reflexionar sobre eso cuando nos sentimos satisfechos con los trozos de realidad adulterada que consumimos en el bufet libre de la modernidad.
En fin, ¿de dónde viene esa atracción fatal hacia la condensación? Breve y rápido quiere decir ligero, y ligero quiere decir transportable. Esa es la razón de la brevedad postmoderna. Queremos empacar y mover el mundo. Queremos procurarnos y saborear en cualquier lugar las emociones, las especulaciones y las querencias que necesitamos. Para transportarlas, hemos desmigajado al mundo y quizá también a nosotros mismos. Sin que nos hayamos dado cuenta, tal vez la duradera época del hombre sedentario ya se acabó para dejar espacio a un nuevo nomadismo solitario. Total, tenemos contactos. ¡Omg! ¡Lol!
De La Jornada Semanal, 27mar11
sábado, 19 de marzo de 2011
sábado, 12 de marzo de 2011
Yo soy una novela. Jorge Volpi
Yo soy una novela |
| Jorge Volpi |
