Sonido Fulgor

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lunes, 9 de julio de 2012

La nueva peli de Almodóvar

lunes, 9 de enero de 2012

"La piel que habito" (apunte de Pedro Almodóvar)


Este es el resumen, escrito a vuelapluma, de lo que he leído y escuchado en los últimos días acerca de la película que acabamos de estrenar.
Los primeros minutos, después de verla, le gente se queda sin habla.
La segunda vez gusta más. El hecho de no estar pendientes de los giros de la trama hace que se disfruten más los detalles. Eso me han dicho. La familiaridad ayuda a disfrutar de las personas, los lugares, los libros, todo tipo de relaciones, incluida la relación con las películas. Recuerdo que en el momento de su estreno vi tres veces seguidas "Chinatown" de Polanski, para estar seguro de que la había entendido.
La mejor banda sonora de Alberto Iglesias, que ya es decir. Estoy de acuerdo. También dicen ditirambos de la fotografía de José Luis Alcaine, y yo me uno al aplauso. El maestro Alcaine merece todo el reconocimiento que está recibiendo.
La primera parte desconcierta, reconozco que el verbo desconcertar me pone nervioso porque puede ser sinónimo de lejanía y extrañeza. Es cierto que durante la primera hora muestro al espectador la vida de tres personajes (Antonio, Elena y Marisa) en un cigarral toledano, alejados del mundo, totalmente aislados, cuya cotidianeidad resulta bastante rara y suscita muchas y variadas preguntas. En la primera mitad no hay respuestas. El narrador, en este caso yo, voy a mi bola, como se diría vulgarmente, pero nada más lejos de la realidad. En la segunda mitad (también hay consenso en este aspecto) la narración empieza a mostrarse a sí misma, respondiendo a todas las preguntas, para estupor del espectador. Esa es la estructura narrativa que he elegido, no quiero decir que sea la ideal, ni la única, pero es la que me he impuesto. Consciente de lo extremo de mi propuesta me he esforzado, durante los años de gestación del guión, en atar todos los cabos. Nunca me había preocupado tanto de que no quedara un solo cabo suelto.
El final es lo más parecido a un final feliz, sin embargo lo que permanece en la mente del espectador es una sensación desasosegante. Vera Cruz (la gente también se ríe cuando escuchan al personaje decir su nombre, me han preguntado si es un homenaje a Penélope, o a la película de Sara Montiel, yo respondo que a ambas, pero la verdad es que no lo había pensado antes), bueno, Vera, antes de ser bautizada así, es sometida a uno de los castigos más horrendos. Para liberarse, después de seis años de cautiverio el personaje (inmensa Elena Anaya) se ve obligado a convertir el Cigarral en una tumba. Estas dos circunstancias se pegan a la piel del espectador y le acompañan durante días. Esto también es común, aunque la sensación cambie de carácter con los días. Encuentro halagador que la película acompañe al espectador durante días.
El psicópata interpretado por Antonio Banderas, el cirujano Dr. Robert Ledgard, provoca primero pavor y después ternura. Yo creo que un gran porcentaje de la ternura va dirigida a Antonio Banderas actor, no hacia el monstruoso Dr. Ledgard. El personaje del cirujano y científico es un hombre amoral y sin escrúpulos, con una historia familiar muy trágica. En la recta final el personaje se humaniza a través de su amor por Vera. Este amor no solo le humaniza sino que muestra su vulnerabilidad, y la combinación Banderas + Fragilidad conmueve al espectador más gélido. Es difícil odiar a Antonio, aunque su personaje sea odioso, y es difícil condenar a alguien que se ha despojado hasta tal punto de todo su antiguo poder. En este caso, amor, vulnerabilidad y fatalidad son tres conceptos que caminan juntos y se confunden de modo indisoluble.
Al contrario de algunos críticos, más conscientes de las referencias evidentes, ninguno de los espectadores ha comparado al Dr. Ledgard con el Dr.Frankenstein. Ni a mí con Mary Shelley, la creadora del personaje, aunque esto último no me importaría.
Lágrimas. Mucha gente me ha dicho que ha llorado con la última frase de Elena Anaya. Una frase compuesta de solo dos palabras, casi inaudible.
No es una película de terror. Los amantes de este género no deben ir con esa idea porque saldrán defraudados. Digamos, a juzgar por las primeras reacciones, que aunque dé miedo, la película no pertenece al género de terror.
Un día antes del estreno de "La piel…", y veintiséis años después de su rodaje, se proyectaba en los cines Ideal "La ley del deseo". No la había visto en pantalla grande desde su estreno en el año 86 del siglo pasado, tampoco la había visto en vídeo, nunca veo mis películas.
Por primera vez sentí deseos de volver a verla. Veintiséis años suponen una distancia suficiente, el problema con las películas propias es que pierdes toda capacidad como espectador. Y fue muy emocionante. Está mal decirlo, pero me sentí tan orgulloso de haberla rodado en su momento! Había olvidado muchos detalles que iba recordando mientras veía la película. No solo recuperé la memoria de la película sino de todos los días del rodaje, de mi vida en Madrid, del verano, de mi casa en Lope de Rueda, de mis amores, de mis conflictos, de la arrolladora vitalidad de aquella época. Una época venturosa pero tan frenética que es un milagro que todos los que participamos en el rodaje hayamos sobrevivido para contarlo. Recordé la dicha sin límite de ver ensayar y rodar a Carmen Maura y Antonio Banderas, ambos encaramados en el pico más alto de sus carreras, reafirmándome en lo que yo soñaba cuando decidí dedicarme a este oficio: el privilegio de ser el primer espectador del trabajo de los actores. No creo que hubiera gozado más si en vez de Carmen y Antonio hubiera tenido delante a Bette Davis y Katherine Hepburn. Me emocionó hasta tal punto la proyección que, antes de que se encendieran las luces, me refugié en el lavabo del cine para que nadie me viera en semejante estado. Soy muy pudoroso y me da mucho apuro emocionarme con las imágenes que yo mismo he creado, o al menos, emocionarme en público.
Me reconcilié incluso con la interpretación del tercero en discordia, nunca mejor dicho, el actor Eusebio Poncela, que en su momento no me gustó, y tuvimos nuestros problemas.
Fue muy oportuno volver a ver "La ley del deseo" el día antes del estreno de "La piel que habito", recordar en nuestro reencuentro lo que había significado Antonio Banderas en mi carrera y en mi vida, reconocer que mi eclecticismo viene de antiguo, y que ya el propio Antonio había interpretado a un explosivo psicópata veintiséis años antes, que la película transitaba por varios géneros para terminar en un thriller intenso y nocturno, al que no todos los personajes sobrevivían, porque esa es una de las reglas del género. Comparada con "La ley…" "La piel…" tiene mucho menos humor, y la paleta de color es más sombría, no me repito, pero afortunadamente sigo siendo el mismo.
Continúo con las reacciones generales:
Humor. Hay básicamente dos momentos en los que la gente se ríe. Dos apariciones. La del Hombre Tigre, interpretado con precisión salvaje por Roberto Alamo, vestido para la ocasión con un disfraz felino diseñado por Jean Paul Gaultier (es Carnaval, el disfraz está justificado). El personaje recurre a un peculiar modo de identificación para que Marilia, la guardiana de El Cigarral, le abra la puerta. Y la aparición de mi hermano Agustín, flanqueado por su hijo Miguel, en la boutique vintage de la madre de Vicente (Jan Cornet). Agustín arrastra una pesada maleta con la ropa de su mujer, que acaba de abandonarle por enésima vez, y él llega a la tienda dispuesto a vender toda su ropa. Me alegro del éxito cómico de Agustín. Estoy seguro de que le hace mucha ilusión. A propósito, ni siquiera hemos hablado de ello.
La oscuridad. Black is black, pero en lo referente al cine, la negritud depende del punto de vista del espectador. Yo he perdido la conciencia de haber hecho mi película más oscura, también de haber emprendido un camino nuevo. Esto último es muy halagador, pero de momento no soy consciente. Supongo que todavía no tengo perspectiva. Esperaré veintiséis años. Ojalá que cuando llegue ese momento me sienta tan orgulloso de haberla escrito/vivido/dirigido, como después de ver el otro día "La ley del deseo".

Pedro Almodóvar
13 de septiembre de 2011


miércoles, 15 de diciembre de 2010

¿De dónde se nutre el Universo Almodóvar?






PERO LA BUENA ES ESTA http://www.youtube.com/watch?v=dSfc662vXZU&playnext=1&list=PLA700A9AB3AC88097&index=5&ytsession=zb8OGnVrnC_pd89Nzn0-Bm9cfJLGGreaQ6xofG5nsC2Ax0HsOnQ26okOS1WXpChVMT5VBpf3REAanCVvJD74Kw51axGDPpXee1xItm_SjqNU9TEc4Es0sbW2cQpY-f_LO-ao7VggO_mxkCdwcvSPXQg-Khx5S6h73XiNgq0mVpfIO67SZqPeX6ZAn6i75I2gNVEglDjeUGP08kotANUDk9ZLmZ4ilGcPDEPitCpjg7f1u_JdzE3Vh64Gh73vr3FUrMKqq7s-lZSlBMl8vtcH1dvoF8h_eCt06Uzv9xZb-zeMlAZ7v0J77baltex93raPsUpntjYlAqskFQOiJ3Nb84u05cDSp3Rp


viernes, 19 de marzo de 2010

Más de Almodóvar y Los Abrazos Rotos (2)

4.6.2008

PRUEBAS DE CÁMARA

La última semana rodamos las pruebas de cámara. Se experimenta todo, el tipo de iluminación, el negativo, la emulsión, cómo reaccionan los colores a la óptica elegida por Rodrigo Prieto, las pelucas, las telas, el vestuario previamente elegido, el cutis de los actores, etc.
Las pruebas de cámara me provocan la misma excitación que si estuviéramos rodando. De hecho, es un rodaje, donde la decoración es absurda y libre. Si quiero ver cómo funciona el color rojo pongo delante de la cámara algo de ese color, un jarrón con frutas, una maleta de herramientas, un trozo de tela, un mueble. Me divierte este tipo de decoración, y me tienta la posibilidad de usar el mismo criterio, libre y abstracto, en alguna película.


Lluis y Tamar en las pruebas de cámara.
© Pedro Almodóvar.

Aprovecho el momento de tenerlos frente a la cámara para dialogar con los actores, como les hablaría a los personajes. A veces provoco que los personajes se relacionen entre sí como tales (algo muy pirandelliano, los actores se introducen en la piel de sus personajes y hablan entre sí con la única información a la que tienen acceso, es decir, la que yo les doy en el guión. Además de divertido es muy buen ejercicio para sentirse “el otro”, no se trata de una improvisación, es otra cosa).

Por ejemplo el personaje de Judit (Blanca Portillo) habla con el personaje llamado en el guión Lectora de Labios (Lola Dueñas, que aparece en algunas secuencias, puntualmente). Judit le confiesa:

Judit- “Yo soy muy sargenta, y muy hermética. Tengo un enorme complejo de culpabilidad pero también tengo una generosidad sin límite, especialmente hacia Mateo (Lluis Homar), el protagonista. Es una mezcla de sentimientos que dramáticamente creo que queda muy bien. ¿Cómo eres tú?”.
La Lectora responde: “Yo leo los labios, y soy muy neutra, mi única preocupación es no llamar la atención. Me confundo con el mueble en el que me siento”.
Judit- “¿Tienes hijos? Yo tengo uno, pero estoy demasiado amargada para ser una buena madre”.
Lectora- “¿Por qué estás tan amargada?”.
Judit- “No puedo decírtelo. Es mi secreto. Nadie puede hablar de ello, excepto yo, y sólo al final de la película, pero antes tienen que pasar muchas cosas. ¿Tú estás casada?”.
Lectora- “No lo sé”.
Judit- “¿Tienes hijos?”.
Lectora- “Tampoco lo sé. Pero puede ser”.
Judit- “¿De verdad lees los labios?”.
Lectora- “Sí. Vivo de eso. Yo le leí los labios a la Princesa Letizia cuando se casó con el Príncipe Felipe y dijo aquello de “todo es tan hermoso”.

Judit- “¿Fuiste tú?”.
Lectora- “Sí. Me pagaron bastante bien, mucho. Entonces pensé que podría vivir de leer los labios”.
Judit- “Me resulta difícil de creer. Sé que existen nuevas profesiones que no existían antes, por ejemplo “ordenadora de armarios”. Yo soy muy buena ordenando armarios. Pero no sabía que leer en los labios de la gente fuera una profesión”.
Lectora- “Hay mucha demanda, especialmente en los programas de telebasura, pero yo prefiero la investigación privada. No me interesa la promoción personal. Ya sabes que soy muy neutra”.

Tal vez demasiado neutra, piensa Judit, para leer en los labios de los demás. Desconfiada, la pone a prueba.

Judit- “A ver si eres capaz de leer lo que digo”.

Judit mueve la boca sin proyectar ningún sonido.

Judit- “¿Qué he dicho?”.
Lectora- “Cambio poco, con el paso del tiempo. Estoy igual que hace veinte años, pero tengo problemas con el pelo… y mi nariz no es mi mejor aliada”.
Judit- “¡Es verdad! Eso es exactamente lo que he dicho”.
Lectora- “¿Qué significa lo de la nariz?”.
Judit- “Nada. Cosas mías. Ya sabes, soy hermética”.

Este fue uno de los ejercicios que hicimos durante las pruebas de cámara. Y fue una experiencia deliciosa.

LOS REFLEJOS

Parte del juego consiste en fotografiarlo todo. Disfruto fotografiando los reflejos de lo que se está rodando, en las diferentes pantallas donde puede verse lo que rueda la cámara. A veces prefiero fotografiar los reflejos de los cuerpos en vez de los cuerpos reales. Casi todas las fotografías que han aparecido en este blog de Penélope, por ejemplo, están hechas a través de los diferentes espejos de maquillaje (o de los monitores de video, durante las pruebas). He llegado a pensar, por pura deformación, que las líneas del rostro de Penélope son más armónicas cuando se reflejan en otra superficie que si la miras de frente. Espero que ella no se moleste, me excita más el reflejo de Penélope que la propia Penélope. Quiero decir que si miro a Penélope veo a mi amiga, una chica muy guapa que además es muy buena actriz. Si la miro reflejada veo al personaje y sus posibles apariencias, pero siempre como personaje.

Penélope reflejada.
© Pedro Almodóvar.


Penélope reflejada.
© Pedro Almodóvar.


Penélope reflejada.
© Pedro Almodóvar.

En este periodo en que estamos probando de todo, pelos, actitudes, luces, tonos de voz, modos de mirar, paredes, suelos, alfombras, mesas, jarrones, colchas, zapatos, casas… todo esto, lo miro desde el otro lado (del espejo, y de la cámara). Vivo instalado ahí. Lo único que no veo desde ese otro lado es a mí mismo. Veo mis manos agarrando una cámara, o un ojo y un poco de pelo, en las fotos frente al espejo. Mi lugar son los márgenes, incluso al otro lado.

Durante el rodaje no me gusta mirarme en los espejos. Supongo que porque yo mismo me siento espejo y un espejo frente a otro sólo refleja vacío.

EL INICIO. 24-05-08

Llegamos esta tarde a Lanzarote. Nada más pisar la isla me he sentido más tranquilo, con la sensación de entrar en un mundo cuyo ritmo es menos tenso y más natural. No sé cómo me sentiré pasado mañana cuando empecemos a rodar, tal vez esta sensación de armonía no sea sino la calma previa a la tormenta.

Ya es pasado mañana. Y no ha habido tormenta. He dormido mejor de lo que suelo dormir la noche anterior a un rodaje. Me he duchado, vestido y desayunado despacio, lo cual en mí es toda una novedad, que debería intentar repetir.
He desayunado solo en el bar de la piscina, sin la presencia de otros clientes del hotel, ni compañeros de rodaje. Esta grata soledad me ayuda a ser más consciente de mí mismo.

En los dos días que llevamos en Lanzarote, ensayando y confirmando las localizaciones, tanto Penélope como Lluis Homar me han comentado que estaban nerviosos ante el inminente momento de la verdad. Reconozco que yo no lo estoy, esto no significa confianza en mí mismo ni en que todo va a salir bien, al contrario, “Los abrazos rotos” es la mayor aventura cinematográfica en la que me he embarcado, y habrá que resolver más problemas que en las películas anteriores. Pero tal vez sea por la atmósfera hipnótica de la isla que en estos días me encuentro mucho más sereno que durante todo el último mes en Madrid.

Los abrazos I.
© Emilio Pereda y Paola Ardizzoni.
Los abrazos II.
© Emilio Pereda y Paola Ardizzoni.


EL PRIMER PLANO

Empezamos a prepararlo a las doce de la mañana. Es lunes 26 de mayo, un lunes cualquiera para el resto de la humanidad, pero para mí es un lunes histórico, empiezo a rodar mi película nº 17. Normalmente no soy consciente de los momentos más importantes de mi vida (no creo que nadie lo sea) en el instante en que ocurren. Pero hoy sí estoy siendo consciente, oigo incluso cómo la máquina de mi memoria lo está registrando, como si fuera un acúfeno.

Cuando atravesaba La Geria en coche y pensaba en el momento de pinchar la cámara en su tierra negra (aunque parezca ridículo, por deformación profesional, y porque la película de Eastwood está muy reciente, supongo) me ha venido a la memoria la famosa foto de Rosenthal con los soldados americanos izando la bandera americana, ondeada fotogénicamente por el viento, en la trágica cima Monte Suribachi, en la isla de Iwo Jima.

Nosotros no hemos tenido que matar a miles de japoneses para llegar hasta aquí, pero pinchar una cámara en el lunático paisaje de La Geria, para fotografiar sus oscuros viñedos, rodeados de círculos de piedra, tiene un aroma indudablemente épico.

Mientras buscábamos el cuadro más apropiado, le dije a mi ayudante que nos hiciera una foto para recordar este momento. El director de fotografía Rodrigo Prieto bromeó diciendo que sólo nos faltaba una bandera. Él también estaba pensando en la foto de Rosenthal, y me divirtió la coincidencia. Creo que es un buen augurio que tu director de fotografía te adivine el pensamiento.


Relación intensa entre directores.
© Emilio Pereda y Paola Ardizzoni

La mítica foto de la conquista de Iwo Jima fue rehecha por el fotógrafo Rosenthal. Es habitual que los fotógrafos de guerra repitan las fotos y tengan que coreografiarlas, porque cuando la imagen ocurría en realidad las condiciones no eran técnicamente buenas. De hacer una película bélica, cosa poco probable, me gustaría que fuera sobre un fotógrafo de guerra y los teatrillos que tendría que montar para dejar testimonio gráfico del horror.

Como director, para mí la verdad está en la representación. Creo en el género documental y en el naturalismo, como estilos narrativos (de hecho pienso que el cine documental atraviesa un momento de verdadero esplendor), pero como director lo que me interesa es la representación de las emociones y de una historia llena de avatares, y transmitirla a través de los actores, los decorados, la música, la luz, los suelos, las paredes... Sin que ninguno de estos elementos copie necesariamente la realidad. Aunque la historia tenga sus raices en la realidad prefiero representarla y enriquecerla a través del artificio. Creo que la ficción, no lo digo yo solo, es uno de los mejores vehículos para contar la realidad y para provocar las emociones más genuinas.


Penélope ensayando con “su” director.
© Emilio Pereda y Paola Ardizzoni


FICCIÓN

Cuando me encuentro, como ahora, inmerso en el rodaje de una película desaparece el mundo, todo el mundo. Mi aislamiento es total, la concentración en la película impide que cualquier otro elemento conecte con mis neuronas. Leo poco el periódico, no veo televisión, ni siquiera las noticias. En este túnel, de apariencia infinita, sólo puedo prestar atención a una cosa, que a la vez son mil cosas, es decir, sólo me entero de lo relacionado con el rodaje. Habitando dentro de esta férrea impermeabilidad, sólo hay un elemento que me relaciona con mi vida anterior: la lectura de novelas. Es una costumbre que con los años se ha convertido en adicción, necesito diariamente mis dosis de ficción literaria, aunque no disponga de tiempo. En el peor de los casos leo al final de la jornada, antes de dormir. Y en el peor de los días, al menos durante media hora.

No importa que viva abducido durante meses por una ficción, mi película. Necesito estar en contacto con otra ficción que venga de fuera, que no me pertenezca. Sólo ese tipo de ficción me oxigena.

Cuando ruedo elijo libros ligeros, los mejores son los libros de relatos, piezas breves e intensas. Si se trata de novelas densas y largas mi incapacidad para concentrarme puede llevarme a leer las primeras páginas durante varias semanas, noche tras noche. Antes, esto me frustraba, ahora me hace gracia, el hecho de leer la misma página cada noche tiene algo de ritual y de personaje de Stephen King, como el escritor Jack Nicholson en “The Shining” escribiendo siempre las mismas palabras, página tras página.

A pesar de todo lo que acabo de escribir, antes de empezar a rodar me enganché a una de las novelas menos indicadas para mi actual situación de descerebrado sin remedio, “2666” de Roberto Bolaño. Es un libro que siempre quise leer pero que hasta hace tres semanas no había caído en mis manos. El libro crece y se despliega de un modo arrollador y fascinante a través de 1.119 páginas llenas de la mejor literatura. No he podido escoger peor momento para disfrutarlo, pero la verdad es que desde que empecé a leerlo no he podido soltarlo. Para mi sorpresa “2666” y su titánico y torrencial autor se han convertido en mis más íntimos compañeros de viaje.
En este rodaje habrá días buenos y días malos, pero cuando vuelva al hotel o a casa, siempre me esperará la novela de Roberto Bolaño. Y eso me hace confiar en el futuro.

Fin

Más de Almodóvar y Los Abrazos Rotos



TOMADO DE SU INTERSANTE BLOG www.pedroalmodovar.es



14.4.2008

TITULOS Y PEINADOS.

Antes que nada me gustaría aclarar un error aparecido en la página del IMDB sobre “Los abrazos rotos”, mi próxima película, NO se trata de mi adaptación de la novela de Thierry Jonquet “Mygale”. Dicha adaptación existe y se llama “La piel que habito”. Pienso rodarla después de “Los abrazos…”, pero todavía quiero retocar un poco el guión.
Hace años que acaricio este proyecto, lo he manoseado y destilado tanto que se ha quedado en una libérrima adaptación de la novela de Jonquet.
Puntualizando: “Los abrazos rotos” es un guión original y no está inspirado en ninguna novela. Su inspiración procede de la oscuridad.



OSCURIDAD Y FICCION.

Hace años que padezco de dolores de cabeza, vengo de una familia, por parte de padre, víctima de este tipo de dolores. Los míos tienen distintos nombres y apellidos (jaquecas, cefaleas tensionales, también a veces me ataca La terrible Migraña. Es extraño que nadie haya hecho aún una película sobre la Migraña, una enfermedad misteriosa y terrible, y con un nombre que suena a una plaga de arácnidos.)

El año pasado, después de la exhaustiva promoción de “Volver”, cuando por fin podía dedicarme a cuidarme y escribir, caí fulminado durante meses por el ataque de ininterrumpidas y persistentes cefaleas y migrañas.
Me puse en manos de neurólogos, hice varios tratamientos, pero no es esto de lo que quería hablar, lo que quería decir es que viví mucho tiempo en mi habitación, a oscuras.
Los dolores de cabeza vienen acompañados de una severa fotofobia (todavía la tengo, por eso aparezco con frecuencias con gafas negras en las fotos de las alfombras rojas, no es cuestión de glamour sino de fotofobia).

¿No es absurdo que un director de cine, que vive rodeado de pantallas de luz, de focos enormes, y en cuyo trabajo la luz es esencial, padezca de fotofobia? Tremenda paradoja.
Pero toda mi vida, desde que la recuerdo, ha sido una continua cadena de paradojas.

No podía leer, ni ver dvds, ni escribir en el ordenador. Sólo podía imaginar. Podía pensar, pero no quería. De esos momentos de oscuridad surgieron “Los abrazos rotos”, al principio la historia tuvo otros títulos: “El prisionero de la calle O’Donnell”, “Doble identidad”, “Sub-versión”…
Yo vivía por entonces en la calle O’Donnell (prisionero). Pero que nadie piense en “Los abrazos rotos” como una suerte de autobiografía. Mi vida y el guión de “Los abrazos rotos” sólo tienen en común la oscuridad en la que vive uno de los personajes (en un momento de la película), pero la suya se debe a otras razones. En la película no aparece ningún analgésico, ningún neurólogo ni acupuntor. A nadie le duele la cabeza. Hay otros dolores. Y mucha ficción, un auténtico festín. Probablemente sea la historia más novelesca que haya escrito hasta ahora.



PEINADOS Y TITULOS.

He visto unas fotos de Penélope Cruz en la película de Woody Allen,”Vicky Cristina Barcelona”, despeinada al estilo de “Volver”.
Antes de empezar las pruebas para mi película ya había tomado la decisión de huir de los despeinados “divento matta”, inspirados en Sofía Loren, que tan bien le sientan a Penélope. Después de ver la foto de “Vicky…” me reafirmé en mi decisión. Quiero intentar no repetir peinados que Penélope haya lucido en otras películas. Disfruto mucho reinventándola, descubriendo la cantidad de personajes que habitan dentro de nuestra bella y versátil protagonista.

Hablando de la película que Woody Allen rodó en Barcelona, sólo conozco dos o tres fotos de Penélope, y el título. No tengo derecho a meterme donde no me llaman, pero alguien debería decirle a mi adorado Woody Allen que el título de su película “española” no significa nada en español. Según mi humilde criterio no es un buen o mal título, es un no-título.

Pero volviendo a los pelos, y a mi decisión de no repetir los que haya lucido en otras películas, antes de ver otras fotos de Penélope en “Elegy”, la película de Isabel Coixet, donde Penny aparece con un flequillo muy adolescente, ya había decidido que en alguna de sus facetas, el personaje de Penélope en “Los abrazos rotos” llevaría flequillo, pero más en el estilo de la Audrey Hepburn de “Sabrina”, o Anita Pallenberg en “Performance” (Nicholas Roeg). O sea, que a pesar de “Elegy” Penélope podrá lucir cierto tipo de flequillo…

CONFIESO que también tengo un problema con el título de la estupenda película de Coixet, basada en la novela de mi admiradísimo Philip Roth. La novela original tiene un título precioso y preciso, inmejorable: “El animal moribundo”. No entiendo las razones de los productores para desaprovecharlo y decidirse por “Elegía”, un título peor que el original, con el agravante de que a más de un admirador de Philip Roth le va a confundir. La novela de Philip Roth “Everyman” salió en España con ese mismo título, “Elegía” (tampoco entiendo porqué). O sea, que en español ya existe al menos una novela de Roth con el título de una película que no adapta “Everyman” sino “El animal moribundo”. Incluso yo me confundo al explicar mi confusión.


VOLVIENDO A LOS PEINADOS, el personaje de Penélope en mi película vive dos vidas muy distintas, casi opuestas, que naturalmente deben caracterizarse, entre otras cosas, por peinados muy diferentes. En la primera caracterización, Penélope es una morena, grave, dolorida, perseguida por la fatalidad, luchadora sin suerte, un angel caído. Una mujer sacada de un thriller de los años 50, trasladada a los 90. En la otra faceta del personaje aparece rubia, ligera, pop, ingenua, disparatada, exultante. Para esta segunda caracterización estamos utilizando cantidad de pelucas. Creo que ya hemos dado con lo que queríamos. De momento, aquí van un montón de peinados y modelos transitorios y en ocasiones equivocados, pero inevitables para llegar al look definitivo. Es parte del proceso. Un proceso divertido y agotador. Los días que dedico a controlar maquillajes, vestuario y pelucas salgo de la fábrica de El Deseo completamente descerebrado.

Modelo equivocado 1.
© Pedro Almodóvar.

Modelo equivocado 2.
© Pedro Almodóvar.

Lluis Homar (en vintage) arreglándole el Chanel (también vintage) a Penélope mientras ella mira a las musarañas.
© Pedro Almodóvar.

Peinado y color de pelo interesantes, pero no para este papel.
© Pedro Almodóvar.

Mona y pepona.
© Pedro Almodóvar.


Porno-star europea iniciando su carrera en L.A. Tampoco me sirve.
© Pedro Almodóvar.

Este pelo está más cerca de lo que quiero.
© Pedro Almodóvar.

Interesante flequillo de ingenua...
© Pedro Almodóvar.

Las manos son mías.
© Pedro Almodóvar.
¿Quién? ¡Audrey Hepburn! Ya estamos más cerca.
© Pedro Almodóvar.

LOS TITULOS, DE NUEVO.

Respecto a la traducción de “Los abrazos rotos” he visto publicado que en algunos lugares lo traducen como “Broken Hugs” y en otros como “Broken embraces”. No tengo tanto conocimiento del inglés como para decidir cual es el correcto, o si lo son los dos, pero tengo la impresión de que en mi historia los abrazos son más “embraces” que “hugs”.
Mis “abrazos” no son abrazos fraternales o amistosos, sino abrazos de amante apasionado. Abrazos como los de Jeanne Moreau y Maurice Ronet en las fotos finales de “Ascensor para el cadalso”, o como los que aparecen al principio de “Hiroshima, mon amour”, o el abrazo definitivo de Jennifer Jones y Gregory Peck en “Duelo al sol”. Abrazos de amantes en la cima de su pasión, en mi caso rotos, literalmente desgarrados, por una tercera persona.

Antes de despedirme quiero dar la bienvenida a nuevos nombres que componen el casting de la película: Ángela Molina me hará el infinito favor de interpretar a la madre pueblerina de Penélope. Es un papel breve, pero muy intenso. ¡Me alegro tanto de que haya aceptado! Desde “Carne Trémula” siempre he querido volver a trabajar con ella.
Debo dar también la bienvenida a la gran Carmen Machi, todavía están a tiempo de verla en su gira nacional como la absoluta protagonista de “La tortuga de Darwin”, de Mayorga (la obra es casi un monólogo. O tal vez es que la apabullante presencia de Machi la convierte en monólogo). Si existe justicia en el mundo del teatro, todos los premios del próximo año deberán caer en las manos de Carmen, actriz virtuosa, con muchos más registros de los que estamos acostumbrados a verla. Su intervención será breve, pero esencial.


Penny ensayando con la gran Carmen Machi.
© Pedro Almodóvar.

Igual que las pioneras Kiti Manver, Rossy de Palma y Chus Lampreave. La familia artística acude en mi ayuda, haciéndose cargo de pequeños papeles que ellas sabrán potenciar. Lola Dueñas también intervendrá en uno de mis personajes favoritos, una lectora de labios. Y ya se han incorporado a los ensayos de mesa los jóvenes Tamar Novas y Rubén Ochandiano, interpretando respectivamente a los hijos de Blanca Portillo y de José Luis Gómez. No sé si me olvido a alguien.

Tamar Novas. Nuevo en los talleres de El Deseo.
© Pedro Almodóvar.

Rubén Ochandiano ensayando en la oficina. Al fondo, yo, recogiendo un Oscar.
© Pedro Almodóvar.

Me quedo trabajando con Tamar y Rubén, estos chicos prometen. Hasta la próxima.

Pedro Almodóvar.

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