Almodóvar empieza a rodar su nueva película "Los amantes pasajeros"
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lunes, 9 de julio de 2012
martes, 17 de enero de 2012
lunes, 9 de enero de 2012
"La piel que habito" (apunte de Pedro Almodóvar)
Este
es el resumen, escrito a vuelapluma, de lo que he leído y escuchado en los
últimos días acerca de la película que acabamos de estrenar.
Los
primeros minutos, después de verla, le gente se queda sin habla.
La segunda vez gusta más. El hecho de no estar
pendientes de los giros de la trama hace que se disfruten más los detalles. Eso
me han dicho. La familiaridad ayuda a disfrutar de las personas, los lugares,
los libros, todo tipo de relaciones, incluida la relación con las películas.
Recuerdo que en el momento de su estreno vi tres veces seguidas
"Chinatown" de Polanski, para estar seguro de que la había entendido.
La mejor banda sonora de Alberto Iglesias, que ya es
decir. Estoy de acuerdo. También dicen ditirambos de la fotografía de José Luis
Alcaine, y yo me uno al aplauso. El maestro Alcaine merece todo el
reconocimiento que está recibiendo.
La primera parte desconcierta, reconozco que el verbo
desconcertar me pone nervioso porque puede ser sinónimo de lejanía y extrañeza.
Es cierto que durante la primera hora muestro al espectador la vida de tres
personajes (Antonio, Elena y Marisa) en un cigarral toledano, alejados del
mundo, totalmente aislados, cuya cotidianeidad resulta bastante rara y suscita
muchas y variadas preguntas. En la primera mitad no hay respuestas. El
narrador, en este caso yo, voy a mi bola, como se diría vulgarmente, pero nada
más lejos de la realidad. En la segunda mitad (también hay consenso en este
aspecto) la narración empieza a mostrarse a sí misma, respondiendo a todas las
preguntas, para estupor del espectador. Esa es la estructura narrativa que he
elegido, no quiero decir que sea la ideal, ni la única, pero es la que me he
impuesto. Consciente de lo extremo de mi propuesta me he esforzado, durante los
años de gestación del guión, en atar todos los cabos. Nunca me había preocupado
tanto de que no quedara un solo cabo suelto.
El final es lo más parecido a un final feliz, sin
embargo lo que permanece en la mente del espectador es una sensación
desasosegante. Vera Cruz (la gente también se ríe cuando escuchan al personaje
decir su nombre, me han preguntado si es un homenaje a Penélope, o a la
película de Sara Montiel, yo respondo que a ambas, pero la verdad es que no lo
había pensado antes), bueno, Vera, antes de ser bautizada así, es sometida a
uno de los castigos más horrendos. Para liberarse, después de seis años de
cautiverio el personaje (inmensa Elena Anaya) se ve obligado a convertir el
Cigarral en una tumba. Estas dos circunstancias se pegan a la piel del
espectador y le acompañan durante días. Esto también es común, aunque la
sensación cambie de carácter con los días. Encuentro halagador que la película
acompañe al espectador durante días.
El psicópata interpretado por Antonio Banderas, el
cirujano Dr. Robert Ledgard, provoca primero pavor y después ternura. Yo creo
que un gran porcentaje de la ternura va dirigida a Antonio Banderas actor, no
hacia el monstruoso Dr. Ledgard. El personaje del cirujano y científico es un
hombre amoral y sin escrúpulos, con una historia familiar muy trágica. En la
recta final el personaje se humaniza a través de su amor por Vera. Este amor no
solo le humaniza sino que muestra su vulnerabilidad, y la combinación Banderas
+ Fragilidad conmueve al espectador más gélido. Es difícil odiar a Antonio,
aunque su personaje sea odioso, y es difícil condenar a alguien que se ha
despojado hasta tal punto de todo su antiguo poder. En este caso, amor,
vulnerabilidad y fatalidad son tres conceptos que caminan juntos y se confunden
de modo indisoluble.
Al contrario de algunos críticos, más conscientes de
las referencias evidentes, ninguno de los espectadores ha comparado al Dr.
Ledgard con el Dr.Frankenstein. Ni a mí con Mary Shelley, la creadora del
personaje, aunque esto último no me importaría.
Lágrimas. Mucha gente me ha dicho que ha llorado con
la última frase de Elena Anaya. Una frase compuesta de solo dos palabras, casi
inaudible.
No es una película de terror. Los amantes de este
género no deben ir con esa idea porque saldrán defraudados. Digamos, a juzgar
por las primeras reacciones, que aunque dé miedo, la película no pertenece al
género de terror.
Un día antes del estreno de "La piel…", y
veintiséis años después de su rodaje, se proyectaba en los cines Ideal "La
ley del deseo". No la había visto en pantalla grande desde su estreno en
el año 86 del siglo pasado, tampoco la había visto en vídeo, nunca veo mis
películas.
Por primera vez sentí deseos de volver a verla.
Veintiséis años suponen una distancia suficiente, el problema con las películas
propias es que pierdes toda capacidad como espectador. Y fue muy emocionante.
Está mal decirlo, pero me sentí tan orgulloso de haberla rodado en su momento!
Había olvidado muchos detalles que iba recordando mientras veía la película. No
solo recuperé la memoria de la película sino de todos los días del rodaje, de
mi vida en Madrid, del verano, de mi casa en Lope de Rueda, de mis amores, de
mis conflictos, de la arrolladora vitalidad de aquella época. Una época
venturosa pero tan frenética que es un milagro que todos los que participamos
en el rodaje hayamos sobrevivido para contarlo. Recordé la dicha sin límite de
ver ensayar y rodar a Carmen Maura y Antonio Banderas, ambos encaramados en el
pico más alto de sus carreras, reafirmándome en lo que yo soñaba cuando decidí
dedicarme a este oficio: el privilegio de ser el primer espectador del trabajo
de los actores. No creo que hubiera gozado más si en vez de Carmen y Antonio
hubiera tenido delante a Bette Davis y Katherine Hepburn. Me emocionó hasta tal
punto la proyección que, antes de que se encendieran las luces, me refugié en
el lavabo del cine para que nadie me viera en semejante estado. Soy muy
pudoroso y me da mucho apuro emocionarme con las imágenes que yo mismo he
creado, o al menos, emocionarme en público.
Me reconcilié incluso con la interpretación del
tercero en discordia, nunca mejor dicho, el actor Eusebio Poncela, que en su
momento no me gustó, y tuvimos nuestros problemas.
Fue muy oportuno volver a ver "La ley del deseo"
el día antes del estreno de "La piel que habito", recordar en nuestro
reencuentro lo que había significado Antonio Banderas en mi carrera y en mi
vida, reconocer que mi eclecticismo viene de antiguo, y que ya el propio
Antonio había interpretado a un explosivo psicópata veintiséis años antes, que
la película transitaba por varios géneros para terminar en un thriller intenso
y nocturno, al que no todos los personajes sobrevivían, porque esa es una de
las reglas del género. Comparada con "La ley…" "La piel…"
tiene mucho menos humor, y la paleta de color es más sombría, no me repito,
pero afortunadamente sigo siendo el mismo.
Continúo con las reacciones generales:
Humor. Hay básicamente dos momentos en los que la
gente se ríe. Dos apariciones. La del Hombre Tigre, interpretado con precisión
salvaje por Roberto Alamo, vestido para la ocasión con un disfraz felino
diseñado por Jean Paul Gaultier (es Carnaval, el disfraz está justificado). El
personaje recurre a un peculiar modo de identificación para que Marilia, la
guardiana de El Cigarral, le abra la puerta. Y la aparición de mi hermano
Agustín, flanqueado por su hijo Miguel, en la boutique vintage de la madre de
Vicente (Jan Cornet). Agustín arrastra una pesada maleta con la ropa de su
mujer, que acaba de abandonarle por enésima vez, y él llega a la tienda
dispuesto a vender toda su ropa. Me alegro del éxito cómico de Agustín. Estoy
seguro de que le hace mucha ilusión. A propósito, ni siquiera hemos hablado de
ello.
La oscuridad. Black is black, pero en lo referente al
cine, la negritud depende del punto de vista del espectador. Yo he perdido la
conciencia de haber hecho mi película más oscura, también de haber emprendido
un camino nuevo. Esto último es muy halagador, pero de momento no soy
consciente. Supongo que todavía no tengo perspectiva. Esperaré veintiséis años.
Ojalá que cuando llegue ese momento me sienta tan orgulloso de haberla
escrito/vivido/dirigido, como después de ver el otro día "La ley del
deseo".
Pedro Almodóvar
13 de septiembre de 2011
miércoles, 15 de diciembre de 2010
¿De dónde se nutre el Universo Almodóvar?
PERO LA BUENA ES ESTA http://www.youtube.com/watch?v=dSfc662vXZU&playnext=1&list=PLA700A9AB3AC88097&index=5&ytsession=zb8OGnVrnC_pd89Nzn0-Bm9cfJLGGreaQ6xofG5nsC2Ax0HsOnQ26okOS1WXpChVMT5VBpf3REAanCVvJD74Kw51axGDPpXee1xItm_SjqNU9TEc4Es0sbW2cQpY-f_LO-ao7VggO_mxkCdwcvSPXQg-Khx5S6h73XiNgq0mVpfIO67SZqPeX6ZAn6i75I2gNVEglDjeUGP08kotANUDk9ZLmZ4ilGcPDEPitCpjg7f1u_JdzE3Vh64Gh73vr3FUrMKqq7s-lZSlBMl8vtcH1dvoF8h_eCt06Uzv9xZb-zeMlAZ7v0J77baltex93raPsUpntjYlAqskFQOiJ3Nb84u05cDSp3Rp
viernes, 19 de marzo de 2010
Más de Almodóvar y Los Abrazos Rotos (2)
4.6.2008 PRUEBAS DE CÁMARA La última semana rodamos las pruebas de cámara. Se experimenta todo, el tipo de iluminación, el negativo, la emulsión, cómo reaccionan los colores a la óptica elegida por Rodrigo Prieto, las pelucas, las telas, el vestuario previamente elegido, el cutis de los actores, etc.
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Aprovecho el momento de tenerlos frente a la cámara para dialogar con los actores, como les hablaría a los personajes. A veces provoco que los personajes se relacionen entre sí como tales (algo muy pirandelliano, los actores se introducen en la piel de sus personajes y hablan entre sí con la única información a la que tienen acceso, es decir, la que yo les doy en el guión. Además de divertido es muy buen ejercicio para sentirse “el otro”, no se trata de una improvisación, es otra cosa). Por ejemplo el personaje de Judit (Blanca Portillo) habla con el personaje llamado en el guión Lectora de Labios (Lola Dueñas, que aparece en algunas secuencias, puntualmente). Judit le confiesa: Judit- “Yo soy muy sargenta, y muy hermética. Tengo un enorme complejo de culpabilidad pero también tengo una generosidad sin límite, especialmente hacia Mateo (Lluis Homar), el protagonista. Es una mezcla de sentimientos que dramáticamente creo que queda muy bien. ¿Cómo eres tú?”. | ||
Judit- “¿Fuiste tú?”. Tal vez demasiado neutra, piensa Judit, para leer en los labios de los demás. Desconfiada, la pone a prueba. Judit- “A ver si eres capaz de leer lo que digo”. Judit mueve la boca sin proyectar ningún sonido. Judit- “¿Qué he dicho?”. Este fue uno de los ejercicios que hicimos durante las pruebas de cámara. Y fue una experiencia deliciosa. | ||
LOS REFLEJOS Parte del juego consiste en fotografiarlo todo. Disfruto fotografiando los reflejos de lo que se está rodando, en las diferentes pantallas donde puede verse lo que rueda la cámara. A veces prefiero fotografiar los reflejos de los cuerpos en vez de los cuerpos reales. Casi todas las fotografías que han aparecido en este blog de Penélope, por ejemplo, están hechas a través de los diferentes espejos de maquillaje (o de los monitores de video, durante las pruebas). He llegado a pensar, por pura deformación, que las líneas del rostro de Penélope son más armónicas cuando se reflejan en otra superficie que si la miras de frente. Espero que ella no se moleste, me excita más el reflejo de Penélope que la propia Penélope. Quiero decir que si miro a Penélope veo a mi amiga, una chica muy guapa que además es muy buena actriz. Si la miro reflejada veo al personaje y sus posibles apariencias, pero siempre como personaje.
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En este periodo en que estamos probando de todo, pelos, actitudes, luces, tonos de voz, modos de mirar, paredes, suelos, alfombras, mesas, jarrones, colchas, zapatos, casas… todo esto, lo miro desde el otro lado (del espejo, y de la cámara). Vivo instalado ahí. Lo único que no veo desde ese otro lado es a mí mismo. Veo mis manos agarrando una cámara, o un ojo y un poco de pelo, en las fotos frente al espejo. Mi lugar son los márgenes, incluso al otro lado. Durante el rodaje no me gusta mirarme en los espejos. Supongo que porque yo mismo me siento espejo y un espejo frente a otro sólo refleja vacío.
EL INICIO. 24-05-08 Llegamos esta tarde a Lanzarote. Nada más pisar la isla me he sentido más tranquilo, con la sensación de entrar en un mundo cuyo ritmo es menos tenso y más natural. No sé cómo me sentiré pasado mañana cuando empecemos a rodar, tal vez esta sensación de armonía no sea sino la calma previa a la tormenta. Ya es pasado mañana. Y no ha habido tormenta. He dormido mejor de lo que suelo dormir la noche anterior a un rodaje. Me he duchado, vestido y desayunado despacio, lo cual en mí es toda una novedad, que debería intentar repetir. | ||
En los dos días que llevamos en Lanzarote, ensayando y confirmando las localizaciones, tanto Penélope como Lluis Homar me han comentado que estaban nerviosos ante el inminente momento de la verdad. Reconozco que yo no lo estoy, esto no significa confianza en mí mismo ni en que todo va a salir bien, al contrario, “Los abrazos rotos” es la mayor aventura cinematográfica en la que me he embarcado, y habrá que resolver más problemas que en las películas anteriores. Pero tal vez sea por la atmósfera hipnótica de la isla que en estos días me encuentro mucho más sereno que durante todo el último mes en Madrid.
EL PRIMER PLANO Empezamos a prepararlo a las doce de la mañana. Es lunes 26 de mayo, un lunes cualquiera para el resto de la humanidad, pero para mí es un lunes histórico, empiezo a rodar mi película nº 17. Normalmente no soy consciente de los momentos más importantes de mi vida (no creo que nadie lo sea) en el instante en que ocurren. Pero hoy sí estoy siendo consciente, oigo incluso cómo la máquina de mi memoria lo está registrando, como si fuera un acúfeno. Cuando atravesaba La Geria en coche y pensaba en el momento de pinchar la cámara en su tierra negra (aunque parezca ridículo, por deformación profesional, y porque la película de Eastwood está muy reciente, supongo) me ha venido a la memoria la famosa foto de Rosenthal con los soldados americanos izando la bandera americana, ondeada fotogénicamente por el viento, en la trágica cima Monte Suribachi, en la isla de Iwo Jima. | ||||||||||||
Nosotros no hemos tenido que matar a miles de japoneses para llegar hasta aquí, pero pinchar una cámara en el lunático paisaje de La Geria, para fotografiar sus oscuros viñedos, rodeados de círculos de piedra, tiene un aroma indudablemente épico. Mientras buscábamos el cuadro más apropiado, le dije a mi ayudante que nos hiciera una foto para recordar este momento. El director de fotografía Rodrigo Prieto bromeó diciendo que sólo nos faltaba una bandera. Él también estaba pensando en la foto de Rosenthal, y me divirtió la coincidencia. Creo que es un buen augurio que tu director de fotografía te adivine el pensamiento.
La mítica foto de la conquista de Iwo Jima fue rehecha por el fotógrafo Rosenthal. Es habitual que los fotógrafos de guerra repitan las fotos y tengan que coreografiarlas, porque cuando la imagen ocurría en realidad las condiciones no eran técnicamente buenas. De hacer una película bélica, cosa poco probable, me gustaría que fuera sobre un fotógrafo de guerra y los teatrillos que tendría que montar para dejar testimonio gráfico del horror. | |||
Como director, para mí la verdad está en la representación. Creo en el género documental y en el naturalismo, como estilos narrativos (de hecho pienso que el cine documental atraviesa un momento de verdadero esplendor), pero como director lo que me interesa es la representación de las emociones y de una historia llena de avatares, y transmitirla a través de los actores, los decorados, la música, la luz, los suelos, las paredes... Sin que ninguno de estos elementos copie necesariamente la realidad. Aunque la historia tenga sus raices en la realidad prefiero representarla y enriquecerla a través del artificio. Creo que la ficción, no lo digo yo solo, es uno de los mejores vehículos para contar la realidad y para provocar las emociones más genuinas.
FICCIÓN Cuando me encuentro, como ahora, inmerso en el rodaje de una película desaparece el mundo, todo el mundo. Mi aislamiento es total, la concentración en la película impide que cualquier otro elemento conecte con mis neuronas. Leo poco el periódico, no veo televisión, ni siquiera las noticias. En este túnel, de apariencia infinita, sólo puedo prestar atención a una cosa, que a la vez son mil cosas, es decir, sólo me entero de lo relacionado con el rodaje. Habitando dentro de esta férrea impermeabilidad, sólo hay un elemento que me relaciona con mi vida anterior: la lectura de novelas. Es una costumbre que con los años se ha convertido en adicción, necesito diariamente mis dosis de ficción literaria, aunque no disponga de tiempo. En el peor de los casos leo al final de la jornada, antes de dormir. Y en el peor de los días, al menos durante media hora. | |||
No importa que viva abducido durante meses por una ficción, mi película. Necesito estar en contacto con otra ficción que venga de fuera, que no me pertenezca. Sólo ese tipo de ficción me oxigena. Cuando ruedo elijo libros ligeros, los mejores son los libros de relatos, piezas breves e intensas. Si se trata de novelas densas y largas mi incapacidad para concentrarme puede llevarme a leer las primeras páginas durante varias semanas, noche tras noche. Antes, esto me frustraba, ahora me hace gracia, el hecho de leer la misma página cada noche tiene algo de ritual y de personaje de Stephen King, como el escritor Jack Nicholson en “The Shining” escribiendo siempre las mismas palabras, página tras página. A pesar de todo lo que acabo de escribir, antes de empezar a rodar me enganché a una de las novelas menos indicadas para mi actual situación de descerebrado sin remedio, “2666” de Roberto Bolaño. Es un libro que siempre quise leer pero que hasta hace tres semanas no había caído en mis manos. El libro crece y se despliega de un modo arrollador y fascinante a través de 1.119 páginas llenas de la mejor literatura. No he podido escoger peor momento para disfrutarlo, pero la verdad es que desde que empecé a leerlo no he podido soltarlo. Para mi sorpresa “2666” y su titánico y torrencial autor se han convertido en mis más íntimos compañeros de viaje. Fin |
Más de Almodóvar y Los Abrazos Rotos
TOMADO DE SU INTERSANTE BLOG www.pedroalmodovar.es
14.4.2008 TITULOS Y PEINADOS. OSCURIDAD Y FICCION. Hace años que padezco de dolores de cabeza, vengo de una familia, por parte de padre, víctima de este tipo de dolores. Los míos tienen distintos nombres y apellidos (jaquecas, cefaleas tensionales, también a veces me ataca La terrible Migraña. Es extraño que nadie haya hecho aún una película sobre la Migraña, una enfermedad misteriosa y terrible, y con un nombre que suena a una plaga de arácnidos.) | ||
¿No es absurdo que un director de cine, que vive rodeado de pantallas de luz, de focos enormes, y en cuyo trabajo la luz es esencial, padezca de fotofobia? Tremenda paradoja. PEINADOS Y TITULOS. He visto unas fotos de Penélope Cruz en la película de Woody Allen,”Vicky Cristina Barcelona”, despeinada al estilo de “Volver”. | ||
Pero volviendo a los pelos, y a mi decisión de no repetir los que haya lucido en otras películas, antes de ver otras fotos de Penélope en “Elegy”, la película de Isabel Coixet, donde Penny aparece con un flequillo muy adolescente, ya había decidido que en alguna de sus facetas, el personaje de Penélope en “Los abrazos rotos” llevaría flequillo, pero más en el estilo de la Audrey Hepburn de “Sabrina”, o Anita Pallenberg en “Performance” (Nicholas Roeg). O sea, que a pesar de “Elegy” Penélope podrá lucir cierto tipo de flequillo…
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LOS TITULOS, DE NUEVO.
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Igual que las pioneras Kiti Manver, Rossy de Palma y Chus Lampreave. La familia artística acude en mi ayuda, haciéndose cargo de pequeños papeles que ellas sabrán potenciar. Lola Dueñas también intervendrá en uno de mis personajes favoritos, una lectora de labios. Y ya se han incorporado a los ensayos de mesa los jóvenes Tamar Novas y Rubén Ochandiano, interpretando respectivamente a los hijos de Blanca Portillo y de José Luis Gómez. No sé si me olvido a alguien.
Me quedo trabajando con Tamar y Rubén, estos chicos prometen. Hasta la próxima. |
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