Sonido Fulgor

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martes, 9 de marzo de 2010

Francisco León González - "El gesto de la angustia". (Fragmentos no.3)







Por suerte, pocas veces estoy conciente. Prefiero desvanecerme en las cosas y cambiar de aspecto; ser menos temporal, menos racional, menos histórico.

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Todo el tiempo es mi tiempo.

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Un buen crítico culmina su labor con el suicidio.

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El suicida no puede ser un escéptico; si lo fuera, sólo antentaría contra las creencias.

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Todo lo que es humanamente penetrable huele a sangre.

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Llevar el pensamiento a la acción, paseándonos por el jardín de los errores.

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El tiempo es juez de la carne y ésta, el accidente de un pensamiento.

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De ti a mí sólo existe una distancia: la del acercamiento imaginario.

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Lo que descubre la primera persona, está oculto en las demás: su yo.

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Nuestra contingencia radica en que morimos a cada instante.

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Ninguna conclusión es valida. Para hacerla efectiva hay que morir junto a ella.

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El optimista carece de ambiciones.

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Ningún vicio o placer es nuevo, cada uno lo heredamos y lo practicamos según la confusión de la época. De aquí su aparente originalidad.

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La mirada hace recordar a los ojos que no la ven.

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Si después de mirar nos escandalizamos, estamos preparados para admirar. Y si después de admirar nos extasiamos, podremos sin duda contemplar. Mas si después de contemplar nos soñamos, entonces nada impide mitificar la apariencia mirada que se ve despojada de su presencia inmediata y detenida. mirar es desnudad el objeto divisado en su ámbito ideal.

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El espacio antes era un hecho, ahora es un sentimiento en extinción.

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S.A. de C.V. Cuando lo mejor del espíritu tiende a congregarse en partidos, sindicatos, sectas, asociaciones, etc., sobreviene invariablemente la disminución del individuo.

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Las palabras no son fáciles de conseguir, hay que pagar muy caro su posesión.

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El santo tiene los pensamientos de un ángel, caído en las tinieblas.

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Las cosas y las personas se pueden volver tan presentes, que ninguna obsesión podría abarcarlas.

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Estudiar un rostro para ver cuántas realidades ha sufrido, es decir, ha alcanzado.

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En el modo de reproducirnos está el dormir tranquilos.

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Anulo y suprimo cuanto me hace parecer profundo, y favorezco lo que me lleva al exterior, hacia fuera de mi.

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Renunciar al pensamiento, sería traicionar lo que nos fortifica: el tormento.

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Nuestra verdadera imagen es la que tiene no el espejo, sino el otro.

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Hay días en que parece como si a diario me atragantara todos los frutos del árbol prohibido.

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Podemos enterrar al mundo en el olvido de los días, en un adiós indiferente, vacío.

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Como decepción en sí mismo el mundo es asombroso, de aquí que nada me plazca tanto como huir de mí mismo.

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La conciencia histórica resta fatalidad a mi destino. En esto soy un tanto prehistórico.

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Dios es lo inconfesable, el punto muerto de toda embriagez. 

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Cuando estoy frente a mí mismo, no me queda más que llorar.

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Una vida, quizá no es suficiente para describir el vértigo de mirar hacia atrás, hacia el pasado.

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El cansancio y la fatiga de un imposible, lo pueden volver algo inquietantemente posible.

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Escribir, lo demás son puras palabras.

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Estoy entre el mito de lo que soy y la verdad que me espera, que me acecha: imposible, impaciente, inmediata.


Fotografía: Eduardo Medina Frías
Aforismos: Francisco León González



miércoles, 24 de febrero de 2010

Francisco León Gonzalez - "El gesto de la angustia". (Fragmentos no.2)





El mundo es este sí mismo inaclanzable

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Comunicarse, significa desviarse, es ir anulando significados para llegar al significante, a la entre linea.

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Nuestra vida transcurre más en un lugar imaginario que en uno físico.

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La verdad es una ilusión desilusionada.

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La ausencia de libertad a desembocado en historia.

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¿El colmo de la evolución? el homo sapiens.

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Nuestro corazón está manchado, nació corrupto, y nuestras ideas se alimentan de esa mentira, sin la cual no viviríamos.

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El mal es el anhelo superior del pensamiento, cuando sospechamos la posible existencia de un ideal.

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La piedra filosofal es la piedra de Sísifo.

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Cuando todo se vuelve normal, y vemos el mundo como un licenciado satisfecho, la última oportunidad de mejorar es el suicidio.

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El instinto de perpetuarse nos viene, quizá, de un auténtico sadismo, inherente a la raza.

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El pensamiento se serena, sólo cuando acepta que no hay salvación.

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El arte es una noción donde se verifica la probabilidad de relacionar lo fáctico de los sueños, con el límite imposible de una calamidad.

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Entre las faltas de ortografía, y las faltas de moral, nos vamos perfeccionando.

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Cuando hablo sobre los demás, me invade primero un sentimiento de intolerancia, y luego un ánimo de autosupresión que nunca puedo practicar.

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Me siento como un príncipe, pero de mis propias tinieblas.

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Todos duermen, tú estás solo, podrías estar loco o navegar por una laguna mental; en ese caso, el vacío de tal visión es consolador, pues no exige nada. Reposas en tu inexpresión.

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Las contradicciones sirven como laxante. En ocasiones nos pueden curar.

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La cárcel del espíritu es la idea que quiere formarse de sí.

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La idea de Dios, (la que sea) es el efecto de nuestras deficiencias.

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Una vieja conocida: la conciencia.

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Para recuperar el paraíso hay que aprender a perder lo que aún no poseemos.

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El prójimo: un reto a la imaginación.

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Un ser querido existe como posibilidad de perderlo.

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Mis males son tan fantasmales como la causa que los origina.

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Todo hartazgo termina purificandonos.

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La falta de imaginación nos hace esclavos de lo que  han dicho los demás.


"El gesto de la angustia". Francisco León Gonzalez.
Fotografía: Eduardo Medina Frias

miércoles, 17 de febrero de 2010

Francisco León Gonzalez - "El gesto de la angustia". (Fragmentos no.1)








Una mañana tan pesada. Lo único que de ella me halaga es su indiferencia ante los hombres.


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El reloj me recuerda que soy hombre, que la esfinge apresura su maldición; con todo, aún no conozco ese instante llamado vida.


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Todo es como si en verdad no fuera, menos la muerte.


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No se que me falta; quizá el afecto de dios, quizá la eternidad de un instante o un auténtico glosario del odio.


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La idea que tengo de mi se parece a la que tiene la mentira sobre la verdad o la verdad acerca de la mentira.


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Muchos hombres le escupirían a dios; yo lo convertiría en hombre.


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Decir: yo, significa invocar a un cualquiera en los umbrales del nadie.


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Quien asume una actitud no habla por la vida, más bien por una teoría.


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Sería demasiado vivir, conformémonos con respirar.


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Estoy en la etapa más feliz de mi vida. Quizá con el paso de los años me cure.

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En el mejor de los casos, más vale vivir desgarrado que creerse feliz.

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Por el pensamiento circulan ideas que jamás asociaremos con su significado, con su realidad.

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Para sentirme bien debo inventar una enfermedad, un enemigo, un mañana, un dios o hasta una religión.

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Cuando los remordimientos y los temores dicen no, el espíritu dice sí,  si hay que morir por nada.

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Al hablar se rompe algo, quizá nuestro silencio, pero otra cosa se afirma: nuestra soledad.

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Fuera de este instante, todo es trágico.

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No somos dueños ni de nuestras desgracias.

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Considerando mi situación actual, veo que cualquiera de mis movimientos constituyen no solo un acto, sino un triunfo.

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Lo que mas nos atrae de lo aparente es esa tristeza que acompaña a todo lo que pasa.

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Una forma de apreciar las cosas es a través de su indigencia.

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Quien no ama su infierno, busca en vano.

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Si no fuera porque me reconcilio a diario con la miseria, con el fracaso, con la injusticia, con el dolor, y con la desesperación de no poder execrar nada absolutamente, si no fuera por ello, repito, no resistiría la terrible proximidad de los demás.

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Lo que representa el paraiso no tiene comparación con la felicidad que me produciría su aniquilamiento.

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Morir es despertar en la nada de la palabra silencio.

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La vida es un callejón con salida: la ausencia.

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El estado de emergencia se hace más evidente cuando comenzamos a tener uso de razón.



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Francisco León Gonzalez. "El gesto de la angustia". Ed. Eosa
Foto: Eduardo Medina Frias





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