martes, 8 de enero de 2008
la señora Tai. la piedra filosofal.
... El ataúd más interno estaba cubierto con un hermoso estandarte de tela pintada, en forma de T, donde se representaba la morada de los seres inmortales y un mapa de los cielos. En el centro se retorcía el dios Fu Hsi, con su cola de serpiente, rodeado de grullas mágicas. Cuando los arqueólogos levantaron la tapa del último ataúd, descubrieron el cuerpo de una mujer envuelto en más de veinte prendas de seda.
Se ha identificado el cuerpo como el de la señora Tai, esposa del primer señor de Tai. Cuando fue enterrada, debía de contar unos cincuenta años de edad y tenía una costilla rota. el entierro se realizó en torno al año 186 a.C. Aunque, al exhumarlo, el cuerpo tenía mas de dos mil años de antigüedad, se encontró en perfecto estado de conservación: presentaba las mismas condiciones que el de una persona que hubiera muerto sólo una semana antes.
Se ha identificado el cuerpo como el de la señora Tai, esposa del primer señor de Tai. Cuando fue enterrada, debía de contar unos cincuenta años de edad y tenía una costilla rota. el entierro se realizó en torno al año 186 a.C. Aunque, al exhumarlo, el cuerpo tenía mas de dos mil años de antigüedad, se encontró en perfecto estado de conservación: presentaba las mismas condiciones que el de una persona que hubiera muerto sólo una semana antes.
Notas de mitología




Entrada a actualizarse permanentemente...
(Roberto Calasso, Las Bodas de Cadmo y Harmonía, pp.189-190)
El cosmos late entre serpiente y toro. Pasó un tiempo larguísimo antes de que a la serpiente, Tiempo-sin-vejez, siguiera el latido del toro, que fue Zeus. Y un tiempo mucho más breve antes de que Zeus toro engrendrara con Deméter a la mujer en la que volvía a latir la naturaleza de la serpiente, Perséfone. Y un tiempo mínimo, el tiempo de encenderse para el deseo, cuando Zeus descubrió que la niña Perséfone había pasado a ser muchacha, para que el padre se uniera a la hija como serpiente y engendrara al toro, Zagreo, el primer Dioniso.
Toda la historia del mundo estaba en ese volverse toro y repetirse serpiente, para hacer nacer otro toro. Contada por Zeus, era una historia que provenía del toro y volvía al toro. Contada por Tiempo-sin-vejez, era una historia que provenía de la serpiente y esperaba reanudarse con la serpiente. Desde entonces Tiempo-sin-vejez esperaba.
Theos, el indeterminado divino, era una invasión del cuerpo y de la mente. Era el hacerse íntimo de lo que es más extraño. Y nada más extraño que la serpiente. Una mano acercaba al cuello la serpiente. La mano introducía la serpiente bajo la túnica del iniciado De la garganta, a través del reguero de los senos, si era una doncella, a través del pecho liso, si era un muchacho, la serpiente descendía a la oscuridad, oculta bajo la tela, hacia el vientre. ¿Se quedaba allí? ¿Se enroscaba alrededor de la cintura de aquel cuerpo? Se deslizaba por los muslos y asomaba por abajo, entre las piernas.
El mar es lo continuo, la perfección de lo indiferenciado. En la tierra su emisario es la serpiente. Allí donde está la serpiente, mana el agua. Su ojo es líquido. Bajo sus anillos, corre perenne el agua del subsuelo. Agil, no necesita articulaciones. Las mismas manchas se repiten sobre toda la piel, las escamas son uniformes, el movimiento ondulante como las olas se renueva siempre. La serpiente es al toro como el mar a la tierra. Del mar surge la tierra, como el toro de la serpiente. Para raptar a Europa, el toro Zeus salió del mar. Y al mar volvió a arrojarse. Mientras surcaba las olas, un pie de Europa estaba inmerso en el mar y una mano se aferraba a la grupa.
Toda la historia del mundo estaba en ese volverse toro y repetirse serpiente, para hacer nacer otro toro. Contada por Zeus, era una historia que provenía del toro y volvía al toro. Contada por Tiempo-sin-vejez, era una historia que provenía de la serpiente y esperaba reanudarse con la serpiente. Desde entonces Tiempo-sin-vejez esperaba.
Theos, el indeterminado divino, era una invasión del cuerpo y de la mente. Era el hacerse íntimo de lo que es más extraño. Y nada más extraño que la serpiente. Una mano acercaba al cuello la serpiente. La mano introducía la serpiente bajo la túnica del iniciado De la garganta, a través del reguero de los senos, si era una doncella, a través del pecho liso, si era un muchacho, la serpiente descendía a la oscuridad, oculta bajo la tela, hacia el vientre. ¿Se quedaba allí? ¿Se enroscaba alrededor de la cintura de aquel cuerpo? Se deslizaba por los muslos y asomaba por abajo, entre las piernas.
El mar es lo continuo, la perfección de lo indiferenciado. En la tierra su emisario es la serpiente. Allí donde está la serpiente, mana el agua. Su ojo es líquido. Bajo sus anillos, corre perenne el agua del subsuelo. Agil, no necesita articulaciones. Las mismas manchas se repiten sobre toda la piel, las escamas son uniformes, el movimiento ondulante como las olas se renueva siempre. La serpiente es al toro como el mar a la tierra. Del mar surge la tierra, como el toro de la serpiente. Para raptar a Europa, el toro Zeus salió del mar. Y al mar volvió a arrojarse. Mientras surcaba las olas, un pie de Europa estaba inmerso en el mar y una mano se aferraba a la grupa.
...El ombligo es el punto, el punto único, el indispensable, donde lo perfecto se une a la perfección de lo indiferenciado. Es el pie de Europa en el mar.
De Zeus arrancan dos líneas de descendencia soberana: Dioniso y Apolo. La de Dioniso es la más oscura, y sólo aflora a trechos. En Dioniso, serpiente y toro, se resume toda la historia hasta Zeus, y vuelve a abrirse. La línea de Apolo es más clara, pero aún más cubiera por el secreto allí donde se roza la transgresión de Apolo contra el padre. Apolo no es serpiente y toro, sino que es aquel que mata serpiente y toro. Bien disparando él mismo las flechas, como sucede con Pitón en Delfos, bien mandado a un mensajero, Teseo, para que hunda la espada en el Minotauro, en Creta, o capture al toro en Maratón.
Dioniso y Apolo: uno es el arma, el otro se sirve del arma. Desde que aparecieron, la vida de Psique oscila entre el abrazo del uno y del otro.
Proclo
Como reyes de los dioses y responsables del mundo, Orfeo transmitió, según el número perfecto, los siguientes: Fanes, Noche, Cielo, Cronos, Zeus, Diónisos. En efecto, Fanes fue el primero que construyó el cetro, y el primero en reinar fue el eximio Eriquepeo; la segunda fue la Noche, que había recibido de su padre el cetro; el tercero fue el Cielo, que lo recibió de la Noche; el cuarto fue Cronos, que, como dicen, había sometido violentamente a su padre; el quinto fue Zeus, que prevaleció sobre su padre; y después de éste, el sexto fue Diónisos.
lunes, 7 de enero de 2008
Los poemas de la luna (Borges y Shelley y ...)
Recopilados por Emiliano Álvarez y Emilio Toledo
LA LUNA
Cuenta la historia que en aquel pasado
Tiempo en que sucedieron tantas cosas
Reales, imaginarias y dudosas,
Un hombre concibió el desmesurado
Proyecto de cifrar el universo
En un libro y con ímpetu infinito
Erigió el alto y arduo manuscrito
Y limó y declamó el último verso.
Gracias iba a rendir a la fortuna
Cuando al alzar los ojos vio un bruñido
Disco en el aire y comprendió, aturdido,
Que se había olvidado de la luna.
La historia que he narrado aunque fingida,
Bien puede figurar el maleficio
De cuantos ejercemos el oficio
De cambiar en palabras nuestra vida.
Siempre se pierde lo esencial. Es una
Ley de toda palabra sobre el numen.
No la sabrá eludir este resumen
De mi largo comercio con la luna.
No sé dónde la vi por vez primera,
Si en el cielo anterior de la doctrina
Del griego o en la tarde que declina
Sobre el patio del pozo y de la higuera.
Según se sabe, esta mudable vida
Puede, entre tantas cosas, ser muy bella
Y hubo así alguna tarde en que con ella
Te miramos, oh luna compartida.
Más que las lunas de las noches puedo
Recordar las del verso: la hechizada
Dragon moon que da horror a la halada
Y la luna sangrienta de Quevedo.
De otra luna de sangre y de escarlata
Habló Juan en su libro de feroces
Prodigios y de júbilos atroces;
Otras más claras lunas hay de plata.
Pitágoras con sangre (narra una
Tradición) escribía en un espejo
Y los hombres leían el reflejo
En aquel otro espejo que es la luna.
De hierro hay una selva donde mora
El alto lobo cuya extraña suerte
Es derribar la luna y darle muerte
Cuando enrojezca el mar la última aurora.
(Esto el Norte profético lo sabe
Y tan bien que ese día los abiertos
Mares del mundo infestará la nave
Que se hace con las uñas de los muertos.)
Cuando, en Ginebra o Zürich, la fortuna
Quiso que yo también fuera poeta,
Me impuse. como todos, la secreta
Obligación de definir la luna.
Con una suerte de estudiosa pena
Agotaba modestas variaciones,
Bajo el vivo temor de que Lugones
Ya hubiera usado el ámbar o la arena,
De lejano marfil, de humo, de fría
Nieve fueron las lunas que alumbraron
Versos que ciertamente no lograron
El arduo honor de la tipografía.
Pensaba que el poeta es aquel hombre
Que, como el rojo Adán del Paraíso,
Impone a cada cosa su preciso
Y verdadero y no sabido nombre,
Ariosto me enseñó que en la dudosa
Luna moran los sueños, lo inasible,
El tiempo que se pierde, lo posible
O lo imposible, que es la misma cosa.
De la Diana triforme Apolodoro
Me dejo divisar la sombra mágica;
Hugo me dio una hoz que era de oro,
Y un irlandés, su negra luna trágica.
Y, mientras yo sondeaba aquella mina
De las lunas de la mitología,
Ahí estaba, a la vuelta de la esquina,
La luna celestial de cada día
Sé que entre todas las palabras, una
Hay para recordarla o figurarla.
El secreto, a mi ver, está en usarla
Con humildad. Es la palabra luna.
Ya no me atrevo a macular su pura
Aparición con una imagen vana;
La veo indescifrable y cotidiana
Y más allá de mi literatura.
Sé que la luna o la palabra luna
Es una letra que fue creada para
La compleja escritura de esa rara
Cosa que somos, numerosa y una.
Es uno de los símbolos que al hombre
Da el hado o el azar para que un día
De exaltación gloriosa o de agonía
Pueda escribir su verdadero nombre
To the moon
I
Art thou pale for weariness
Of climbing heaven and gazing on the earth,
Wandering companionless
Among the stars that have a different birth, -
And ever changing, like a joyless eye
That finds no object worth its constancy?
II
Thou chosen sister of the Spirit,
That gazes on thee till in thee it pities…
A la luna (traducción de Juan Abeleira y Alejandro Valero)
I
¿Te empalidece acaso la fatiga
de contemplar el mundo y de escalar los cielos,
errando sin ninguna compañía
por entre las estrellas nacidas diferentes,
y en constante mudanza, igual que un ojo triste
que no encuentra objeto alguno digno de su constancia?
II
Tú, hermana preferida del Espíritu,
A la que observa hasta apiadarse de ella…
LA LUNA
Cuenta la historia que en aquel pasado
Tiempo en que sucedieron tantas cosas
Reales, imaginarias y dudosas,
Un hombre concibió el desmesurado
Proyecto de cifrar el universo
En un libro y con ímpetu infinito
Erigió el alto y arduo manuscrito
Y limó y declamó el último verso.
Gracias iba a rendir a la fortuna
Cuando al alzar los ojos vio un bruñido
Disco en el aire y comprendió, aturdido,
Que se había olvidado de la luna.
La historia que he narrado aunque fingida,
Bien puede figurar el maleficio
De cuantos ejercemos el oficio
De cambiar en palabras nuestra vida.
Siempre se pierde lo esencial. Es una
Ley de toda palabra sobre el numen.
No la sabrá eludir este resumen
De mi largo comercio con la luna.
No sé dónde la vi por vez primera,
Si en el cielo anterior de la doctrina
Del griego o en la tarde que declina
Sobre el patio del pozo y de la higuera.
Según se sabe, esta mudable vida
Puede, entre tantas cosas, ser muy bella
Y hubo así alguna tarde en que con ella
Te miramos, oh luna compartida.
Más que las lunas de las noches puedo
Recordar las del verso: la hechizada
Dragon moon que da horror a la halada
Y la luna sangrienta de Quevedo.
De otra luna de sangre y de escarlata
Habló Juan en su libro de feroces
Prodigios y de júbilos atroces;
Otras más claras lunas hay de plata.
Pitágoras con sangre (narra una
Tradición) escribía en un espejo
Y los hombres leían el reflejo
En aquel otro espejo que es la luna.
De hierro hay una selva donde mora
El alto lobo cuya extraña suerte
Es derribar la luna y darle muerte
Cuando enrojezca el mar la última aurora.
(Esto el Norte profético lo sabe
Y tan bien que ese día los abiertos
Mares del mundo infestará la nave
Que se hace con las uñas de los muertos.)
Cuando, en Ginebra o Zürich, la fortuna
Quiso que yo también fuera poeta,
Me impuse. como todos, la secreta
Obligación de definir la luna.
Con una suerte de estudiosa pena
Agotaba modestas variaciones,
Bajo el vivo temor de que Lugones
Ya hubiera usado el ámbar o la arena,
De lejano marfil, de humo, de fría
Nieve fueron las lunas que alumbraron
Versos que ciertamente no lograron
El arduo honor de la tipografía.
Pensaba que el poeta es aquel hombre
Que, como el rojo Adán del Paraíso,
Impone a cada cosa su preciso
Y verdadero y no sabido nombre,
Ariosto me enseñó que en la dudosa
Luna moran los sueños, lo inasible,
El tiempo que se pierde, lo posible
O lo imposible, que es la misma cosa.
De la Diana triforme Apolodoro
Me dejo divisar la sombra mágica;
Hugo me dio una hoz que era de oro,
Y un irlandés, su negra luna trágica.
Y, mientras yo sondeaba aquella mina
De las lunas de la mitología,
Ahí estaba, a la vuelta de la esquina,
La luna celestial de cada día
Sé que entre todas las palabras, una
Hay para recordarla o figurarla.
El secreto, a mi ver, está en usarla
Con humildad. Es la palabra luna.
Ya no me atrevo a macular su pura
Aparición con una imagen vana;
La veo indescifrable y cotidiana
Y más allá de mi literatura.
Sé que la luna o la palabra luna
Es una letra que fue creada para
La compleja escritura de esa rara
Cosa que somos, numerosa y una.
Es uno de los símbolos que al hombre
Da el hado o el azar para que un día
De exaltación gloriosa o de agonía
Pueda escribir su verdadero nombre
Jorge Luis Borges
To the moon
I
Art thou pale for weariness
Of climbing heaven and gazing on the earth,
Wandering companionless
Among the stars that have a different birth, -
And ever changing, like a joyless eye
That finds no object worth its constancy?
II
Thou chosen sister of the Spirit,
That gazes on thee till in thee it pities…
A la luna (traducción de Juan Abeleira y Alejandro Valero)
I
¿Te empalidece acaso la fatiga
de contemplar el mundo y de escalar los cielos,
errando sin ninguna compañía
por entre las estrellas nacidas diferentes,
y en constante mudanza, igual que un ojo triste
que no encuentra objeto alguno digno de su constancia?
II
Tú, hermana preferida del Espíritu,
A la que observa hasta apiadarse de ella…
Percy Bysshe Shelley
domingo, 6 de enero de 2008
06/01/08 ó Espejo Cósmico Blanco, 07/01/08 ó Tormenta Espectral Azul

p.d. Se sabe que en nuestro centro galáctico hay un gran agujero negro de unas 2,6 millones de masas solares. Su detección fue posible a partir de la observación de unas estrellas que giraban en torno a un punto oscuro a velocidades de más de 1500 km/s.
Fragmentos del Demian de Hesse: "No muere. Espera"




Cuando se tiene miedo a alguien es porque se le ha dado poder sobre uno.
Hoy sé ya muy bien que nada en el Mundo repugna tanto al hombre como seguir el camino que ha de conducirle hacia sí mismo.
...el jardín no tenía perfume, el bosque no me atraía, el Mundo se extendía alrededor de mí como un saldo de trastos viejos, insípido y desencantado; los libros eran papel; la música, ruido. No de otro modo pierde sus hojas el árbol otoñal en torno suyo. No lo siente, y la lluvia, la escarcha y el sol resbalan por su tronco, mientras su vida se retira a lo más íntimo y recóndito. No muere. Espera.
Indiferente al mundo exterior, me pasaba los días escuchando el rumor de las corrientes oscuras y prohibidas, que fluían en mí subterráneas.
Tendía hacia un punto ignorado, hacia Demian, hacia un destino lejano.
"El pájaro rompe el cascarón. El huevo es el Mundo. El que quiere nacer tiene que romper un mundo. El pájaro vuela hacia Dios. El Dios se llama Abraxas"
El amor no era un oscuro instinto animal, como en un principio lo había yo sentido; ni era tampoco una piadosa adoración espiritual, como la que yo había consagrado a la imagen de Beatrice. Eran ambas cosas, ambas y muchas más: era ángel y demonio, hombre y mujer en uno, hombre y animal, sumo bien y profundo mal. Lo deseaba y lo temía; pero estaba siempre presente, siempre por encima de mí
La imagen amada de mi sueño surgía con frecuencia ante mí con más claridad y precisión que si se tratase de un ser real; la veía mejor que veía mis propias manos, y hablaba con ella, lloraba ante ella y la maldecía. La llamaba madre y me arrodillaba a sus pies, la llamaba amor y presentía su beso maduro y saciante, la llamaba demonio y prostituta, vampiro y asesino.
...era rebelión y orgia, vida y espíritu.
Cuando odiamos a un hombre, odiamos en su imagen algo que llevamos en nosotros mismos. Lo que no está también en nosotros mismos nos deja indiferentes.
La única realidad es la que nosotros tenemos, y si los hombres viven tan irrealmente es porque aceptan como realidad las imágenes exteriores y ahogan en sí la voz de su mundo interior. También se puede ser feliz así; pero cuando se llega a saber lo otro se hace ya imposible seguir el camino de la mayoría. El camino de los más es fácil, Sinclair; tan fácil como penoso el nuestro. Caminemos.
Vivo en mis sueños y tú has sabido adivinarlo. Las demás gentes viven también en sueños, pero no en los suyos propios. Esta es la diferencia.
Somos hombres.
Lo que hoy existe no es comunidad: es, simplemente, rebaño. Los hombres se unen porque tienen miedo unos de otros, y cada uno se refugia entre los suyos. Se tiene miedo cuando no se está de acuerdo consigo mismo. Tienen miedo porque no se han atrevido jamás a conseguir sus propios impulsos interiores (...) Saben muy bien cuántos gramos de pólvora se necesitan para matar a un hombre; pero no saben cómo se reza a Dios.
Este Mundo, tal y como hoy es, quiere morir, quiere hundirse y se hundirá.
Nunca se llega a puerto. Pero cuando dos rutas amigas coinciden, todo el mundo nos parece, por una hora, el anhelado puerto.
Siempre es difícil nacer.
Nuestra labor era constituir en el Mundo una isla, quizá un ejemplo y, cuando menos, el anuncio de una distinta posibilidad.
Pero ni los caminos ni los rodeos importan si al fin ha de surgir a la luz la verdadera necesidad del alma, adormecida y engañada durante tanto tiempo. Y este día será el nuestro, será el día en que se nos necesitará.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

