viernes 20 de enero de 2012

Felicidad de la Ley Döring



Lejos de sentimientos hondos de irritación, la lectura de la Ley Döring genera grandes dosis de endorfina. Es como una isla de claridad en el oscuro mar del SOPA, el cierre de Megaupload, los apagones de Wikipedia y Cuevana, los reclamos de corporaciones como Google y muchísimos usuarios de redes sociales en los días de enero. El autor de su ley -Federico Döring- desde su twitter contempla: “A diferencia del ACTA Y SOPA, mi propuesta es menos agresiva y más realista”; es “mucho más amigable”. ¡Qué alivio, qué paz desde el inicio! Federico –para llamarle amigablemente- es el creador de una ley que busca proteger a los autores de obras violadas, por quienes siente una compasión que no todos. Escritores, artistas, músicos, cineastas, científicos, comunicadores y quienes sudan chorros para ver germinar su obra preciosa, ya pueden pasar a su oficina en el senado a agradecerle lo que ha hecho por ellos: ¡cuidar de su retribución sin que ellos lo pidieran! Ah, los grandes favores son gratuitos y el senado trabaja para ti, se sabe.
Lo que hace Federico es heroico: en un país donde “de un total de 30 millones de usuarios en la red, 26 millones descargan ilegalmente contenidos protegidos por los derechos de autor de manera frecuente” (Gaceta del Senado, n. 330), el senador está ahí para defender “la Cultura Mexicana” (no escatima en mayúsculas) y parar ese tráfico ignominioso –no circulación libre, ni por asomo- que la “amenaza seriamente”.

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